Chorus

Chorus: El gran duelo de la vida

¿Dónde se busca consuelo cuando se ha perdido lo que más se quiere? ¿En una playa paradisiaca? ¿Dentro de una iglesia?

 

Chorus se centra en las consecuencias de una desaparición. Durante una década, Irène y Christophe (Fanny Mallette y Sébastien Ricard) han sido padres de un niño invisible: cuando tenía ocho años, su hijo Hugo desapareció. Tras hallarse los restos del cuerpo del pequeño, ambos se encuentran tras años sin verse en una Montreal totalmente congelada, al igual que su relación. El argumento se adentra en los estragos que provoca la pérdida en las personas; y ésta tiene el dolor añadido de descubrir lo que le pasó a Hugo.

 

Fanny Mallette

Fanny Mallette en ‘Chorus’

 

François Delisle muestra sin artificios en qué consiste un duelo, investigando dentro de la propia tristeza. Su narrativa avanza con un adecuado ritmo; tras arrancar con una confesión en un interrogatorio –que intuye un horrible crimen– presenta a las dos almas en pena: Un padre que esquiva los palos cobijándose en una segunda juventud en el cálido México, y una madre que se refugia en actividades colectivas dentro de una iglesia en su frío país. Él sale y ella entra. Pero Irène no encuentra la misericordia necesaria y Christophe se limita a contemplar el mar, mirando la vida pasar.

 

Delisle se centra en la lucha interior de ambos, desde su personalidad y su interacción con el resto del mundo. Estudia los efectos en unos progenitores que siguen sangrando por unas heridas que no cicatrizan y en el choque que provoca la noticia por la que se reencuentran nuevamente. Sin ser detallista, dibuja muy bien el entorno de la ex pareja: Sus familias quedan en segundo plano porque la que formaban ellos se destruyó al desaparecer Hugo. Viven prisioneros de los recuerdos que les atormentan. Lo que haya sucedido en el mundo no posee relevancia alguna; eso es un sonido de fondo, ellos sólo tienen presente la imagen del niño que un día fue su hijo y la idea de volverle a ver se desvaneció hace tiempo, aunque ellos no lo asumen.

 

Fanny Mallette y Sébastien Ricard en Chorus

Fanny Mallette y Sébastien Ricard en ‘Chorus’

 

Dentro de esta introspección, Delisle muestra al ser humano como un ente solitario. No importan los familiares, amigos o allegados, estamos solos ante las contrariedades de la vida. Él ha partido, pero está ausente sean cuales sean las coordenadas donde se halle. Ella canta en un coro con un sentimiento tan profundo como requieren tales partituras, pero necesita aire, y entre esos imponentes muros no lo percibe. Los personajes se enriquecen con el ejercicio de contención que los actores Fanny Mallette y Sébastien Ricard aportan al matrimonio. La voz en off de ambos protagonistas incentiva esta idea de soledad. Sus pensamientos están presentes y casi se palpan. Porque claro que hay amor, nadie dice que se haya extinguido la llama. Sin embargo, al igual que el de su hijo, el paradero de sus sentimientos estaba difuso. Tras la ausencia de lo más importante de sus vidas, ¿Merecía su amor conyugal más amparo por parte de ellos? Los dos han vivido sin luz durante años. Pero cuando ven a Antonin, un amigo de Hugo, se les enciende un minúsculo destello para hallar algo de felicidad. Quizá la consigan, más tarde que temprano.

 

En el aspecto técnico la mirada es igual de impávida. Apenas hay movimientos de cámara, casi todo el metraje se compone de planos fijos. Al relato tan directo le va bien la fotografía en blanco y negro porque recoge a la perfección el compungido estado de ánimo de ambos progenitores. Tampoco añade florituras extra como música, el cineasta no ve necesario tanto alarde.

 

Sébastien Ricard y Fanny Mallette

Sébastien Ricard y Fanny Mallette en ‘Chorus’

 

También en La desaparición de Eleanor Rigby se exponía la misma angustiada tesitura de un matrimonio que tras la pérdida de un hijo acaba separándose. Jessica Chastain y James McAvoy mostraban sus respectivas maneras de sobrellevar la pena tras la ruptura. A diferencia de aquella crónica, esta mirada es mucho más glacial. Lo relevante de esta película es la forma en la que Delisle ha exprimido lo relevante, ha ido al meollo y lo ha sabido enseñar con acierto. Se ha valido del desgarrador hecho y de la propia dureza intrínseca y ha sido tajante, sin ir a por la lágrima fácil ni recurriendo a los flashbacks, donde se enseñarían mejores y felices tiempos pasados… No es obligatorio poner artificiosidad para emocionar al público. Se queda con lo básico, que en sí mismo es todo lo emotivo que merece. Y que haya templanza en la forma no significa que no haya pasión en la historia: la hay y mucha, y cuando aparece pasa como un torbellino.

 

Con escenas rebosantes de dolor y tristeza, Chorus habla de la recomposición de las personas, de la vida tras el duelo, si la primera puede rebasar al segundo. Una cinta conmovedora sin aditivos que dentro de tanta frialdad aguarda un descomunal afecto. Ned Benson nos hizo llorar, pero el realizador canadiense nos abruma de verdad.

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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