cartel El libro de la vida

El libro de la vida: Ese ‘zas en toda la boca’

Bienvenidos a esta mágica historia, aparentemente solo para el público infantil, en la que entre muchas otras cosas, pequeños y mayores aprenderemos que México es el centro del universo. Curioso, ¿no es cierto? Justo, como El libro de la vida: una deliciosa película de animación que es un tesoro en sí misma. La premisa arranca un dos de noviembre, día de todos los muertos, o lo que es lo mismo, la festividad mexicana por antonomasia en la que se honra a los seres ya desaparecidos. Este dos de noviembre, un reducido grupo de niños es llevado de visita al museo donde, afortunadamente para ellos, una entusiasta y resuelta guía, les conduce a través de una entrada secreta, directamente a la sala dedicada a México (lindo). Allí, entre un sinnúmero de reliquias, descansa aquella que atrapará la atención de toda la muchachada; la protagonista de la velada, la alegría de la huerta: ¡El libro de la vida! Una obra que cuenta verdades como puños, o como nos dejan caer, un mamotreto que contiene historias reales y otras totalmente fantasiosas.

 

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Pero al pequeño espectador (y a sus acompañantes), la aventura que le tocará “vivir” es la que va a tener lugar en la ciudad de San Ángel, en el centro mismo de México, que como bien sabemos ya, es a su vez el centro del universo. Pero para estar del todo centrados, antes de conocer a los protagonistas de la historia, habremos de saber que bajo la ciudad de San Ángel está La tierra del Recordado, que por así decirlo, es el sitio donde básicamente se corren las juergas los muertos. Pero ojo, que debajo de esta, está La Tierra de los Olvidados, el lugar donde moran las almas de aquellos que ya no son recordados. Pues bien, La Muerte, reina y señora de La tierra del Recordado, es la personificación del bien y aquella que está del lado de la humanidad, mientras que el personaje de Xibalba, perennemente en La Tierra de los Olvidados, como cabe esperar es justo su némesis.

Y ahora ya sí, tras este breve e imaginativo recorrido estratificado, la historia comienza también el día de los muertos, mientras los vecinos de San Ángel celebran la festividad llevando ofrendas y comida a los altares de sus seres queridos. En esta festividad, el dichoso Xibalba reta a La Muerte, que otra cosa no, pero también le va la juerga un rato, poniendo en marcha la apuesta que nos llevará a través de una montaña rusa de acontecimientos; los que vivenciarán nuestros tres niños protagonistas: María, Manolo y Joaquín.

 

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Así de simple. ¡Y zas! Este es el auténtico pistoletazo de salida, porque lo de antes no era más que el comienzo. A partir de una premisa tan sencilla, pero que no impide que en general se construya una bonita y variada historia, empezaremos a disfrutar de las aventuras y desventuras del trío. A través de sus vidas, los mayores reiremos y también, si somos un tanto sensibles, lloraremos (porque drama hay), y por supuesto ahondaremos en la psique humana; en las virtudes y los defectos que se suelen desarrollar cuando llega el turno de ser papás. O sin ir tan lejos, observaremos las mismas manías, costumbres, ofuscaciones e incluso anhelos de nuestros propios progenitores, reflejados aquí en los de los tres muñequitos de madera. Pero también, junto a los espectadores más jóvenes, viviremos a tope esa parte infantil, faltaría más. Acompañando a las peculiarmente bellas, coloridas y siempre divertidas animaciones, seremos conscientes del esfuerzo que entraña pretender seguir los pasos de ciertos padres; pasos que en algún caso nada tienen que ver con los deseos del pequeño, claro está. La película además inculcará muchos valores que, a pesar de ser muy básicos, ojalá tuviéramos niños y no tan niños: el significado de la amistad, la necesidad de la generosidad, la importancia de luchar por lo que uno quiere, o lo imprescindible que puede llegar a ser el enfrentarse a nuestros miedos… Qué bonito todo, ¿verdad? Pues además habla de la pérdida y enseña a los pequeños el significado del amor incluso cuando el más allá te lo arrebata. ¡Toma ya!

 

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En líneas generales, El libro de la vida es un trabajo más que recomendable; una película que tendrás que ver, sobre todo si los pequeños tiranos insisten en arrastrarte, y si además de estar dispuesto a pasar un rato entretenido, eres un apasionado de la música (con un papel de lo más relevante en la trama), puesto que te ofrecerá momentos memorables gracias a ciertas adaptaciones de famosos “Greatest Hits” que no te esperarás ni de broma. Por supuesto, también un sentido del humor muy, muy loco, sembrado de chascarrillos y frases en español-mexicano que hacen de su visionado una experiencia mucho más divertida. Y si además tenemos en cuenta que estamos disfrutando de las voces de multitud de famosos… En su versión original, sirvan como ejemplo en algunos de los papeles principales, las actuaciones de Zoe Saldana (María), Diego Luna (Manolo), Channing Tatum (Joaquín), Ron Perlman (Xibalba)… y un larguísimo etcétera que incluye, ¡atención!, a Plácido Domingo en el papel secundario del esqueleto Jorge, o incluso al mismísimo Guillermo del Toro (productor de la cinta). ¿Se puede pedir más? En mi caso en particular, sí, puesto que he de admitir que desde que la he visto (en EEUU se estrenó en 2014, antes de la festividad de los muertos), siento un profundo respeto por su director y co-guionista, Jorge R. Gutiérrez, y todo el equipo implicado: su manera de tratar el mundo del toro, con tolerancia y visión de futuro, me ha parecido valiente y admirable, y más teniendo en cuenta que se trata de un producto, en su mayor parte, mexicano. ¡Ole, mijo, ole!

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