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La chica danesa: Biografía preciosista

Tom Hooper hace de la historia de la primera persona en someterse a una operación de cambio de sexo un drama al uso. Semejante hito merecía más atención y trasfondo, que no ornamento. De eso ha tenido mucho, porque el director de Los Miserables ha agasajado demasiado su obra con la delicadeza. Sin necesidad de caer en el morbo gratuito, la biografía de Lili Elbe merecía más fuerza, más garra. Prometía mucho y no ha llevado a cabo tal encargo.

 

Einar Wegener era un joven pintor danés, con una estupenda relación con su esposa, Gerda, también artista. Un día, posando para su esposa por no contar ésta con la modelo, se puso unas medias y tacón. Algo cambió. Mejor dicho, algo vio la luz. Había nacido Lili. El proceso de cambio es muy rápido a diferencia de otros pasajes de la vida del personaje. Todo se cuenta con mesura, sin llamar la atención.

 

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Eddie Redmayne vuelve a inmiscuirse en una personalidad potente, con más trabajo intrínseco que el que requería Stephen Hawking. Aunque hace una interpretación notable, satura en ciertos gestos: esa sonrisa que emana timidez de Lili, ese pudor… Queda por encima los momentos de lucha cuando es Einar y explora los sentimientos encontrados en él mismo. Alicia Vikander le da réplica en la piel de Gerda y le supera con creces. Ella es una esposa coraje como la que dibujó Felicity Jones, la anterior compañera de Redmayne. Ambos son buenos intérpretes y en una película con más calado no hay duda que hubieran estado los dos a la altura de las circunstancias. Aquí hacen bien su trabajo. Los dos retratan a estos dos pintores y a su historia de amor. Porque esto es una historia de amor, de apoyo y de respeto.

 

En donde se va todo el fuelle de la película es en la dirección artística. Cuidado hasta el mínimo detalle con excesivo mimo (tanto que a vece empalaga), cada plano parece extraído de un cuadro. Copenhague y luego París lucen bonitos elevados a su máximo exponente sin aportar ninguna emoción al espectador.

 

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Tan evidente, tan perfecta, tan políticamente correcta que no emociona. La chica danesa es una historia demasiado perfeccionista que no tiene alma. Se la ha dejado en su ansia de mirar hacia los Oscar. Tanto que al final no compite en tantas opciones por las estatuillas, pero el que tiene posibilidades es el español Paco Delgado por la cuidada confección del vestuario.

 

Esta chica danesa, a diferencia de la verdadera Lily, está vacía por dentro. Se esfuerza en tener personalidad, algo que a la original le sobraría sin duda. La película entra fácilmente por los ojos, pero deja el mismo poso que observar un paisaje la ciudad de Copenhague, muy bella y muy fría. Hooper ha puesto más interés en el envoltorio que en el regalo.

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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