La venganza de Jane

La venganza de Jane: Un western funcional

La fiebre del western acabó hace ya más de cincuenta años, pese a eso, siempre suelen dejarse caer por la cartelera un par de títulos de género al año. En esta ocasión arrancamos con Los odiosos ocho de Quentin Tarantino, y ahora nos llega La venganza de Jane. La película narra la historia de una mujer casada con uno de los forajidos más buscados, que tras llegar un día completamente acribillado a balazos, decide vengarle con ayuda del que fue su expareja.

 

Joel Edgerton y Natalie Portman

 

Como se puede apreciar, el argumento es algo típico del género, una venganza y se ha visto en tantísimas ocasiones, que es difícil de llevar sin caer en tópicos o resultar repetitivo y ese es el primer problema de la cinta; se tiene la sensación constante de que ya se ha visto todo y no es más que un refrito, prácticamente toda la película se desarrolla en una cabaña aislada en medio del desierto, dónde sus protagonistas esperan con tensión la llegada del clan de forajidos. Esta situación, que puede resultar trepidante si está bien tratada, se ve constantemente interrumpida por innecesarios y tediosos flashbacks que relatan el pasado de nuestra protagonista Jane (interpretada por Natalie Portman), digo innecesarios porque considero que se puede reflejar el estado mental de un personaje sin necesidad de romper el ritmo de la obra.

 

Respecto a la construcción del personaje principal, la película se llama Jane got a gun, un título que otorga a la protagonista fuerza, valor e incluso inmortalidad, hace imaginarse a un personaje bruto, zafio y violento, y aquí está la que yo considero, la mayor decepción de la película. Pese a lo vivido, Jane nunca llega a romper como debería, es demasiado tierna y paciente y me llega a recordar a Doris Day en Calamity Jane (1953) cuando lo que necesitaba era la rudeza de Robin Weigert en Deadwood (HBO, 2004-2006).

 

Natalie Portman

 

Pese a lo comentado, la película tiene sus logros, el principal, su fotografía que evoca a los grandes westerns con esa luz artificial, esos colores terrosos y esa imagen (que solo otorga grabar en 35 mm o un filtro) granulada y difuminada de una belleza excepcional. Aparte, el montaje de la parte final es excepcional; una secuencia de acción intensa y perturbadora que lleva a preguntarme ¿por qué no se ha empezado por aquí?, ya que así todo hubiese funcionado de otro modo y se podría haber encaminado la historia hacia otro terreno que enganchase más e hiciese todo menos lento y, de alguna manera, más interesante y completo.

 

En líneas generales, es una película que funciona moderadamente bien y que no va más allá del entretenimiento ¿Pagar una entrada de cine para verla? Allá vosotros; lo que resulta triste es ver a un género que nos ha dado obras tan grandes como Centauros del desierto (1956), estancarse, vivir del tópico y caer en el olvido. ¿Resucitará en algún momento? Permitidme dudarlo, pero siempre nos quedará John Ford.

Acerca de Alex Manzano

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Cine, arte y tebeos. Amarás el musical sobre todas las cosas. John Cameron Mitchel es mi dios. Si quieres encontrarme, busca en mi habitación. Si no, en cualquier rincón de Madrid.

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