No confíes en nadie

No confíes en nadie: ¿Es mucho peor?

Siempre es un placer tener la oportunidad de disfrutar de la señorita Kidman encarnada en una mujer frágil, sufridora, víctima temblorosa de lo que sea o de quien sea, ¿verdad que sí? No es sadismo, es que realmente le pega. Y si además hubiera aparecido de pelirroja, para qué queremos más. Pero no se le puede pedir un mega combo a la vida, está claro, así que nos toca disfrutarla (o sufrirla) de blondie. Y en No confíes en nadie, nuestra rubia espigada, resulta que despierta en una cama que, por su perenne expresión de perplejidad y duda, no le es familiar, rodeada, por si fuera poco, por el brazo de un señor que no sabe si conoce o no, pero que tarda lo justo en quitarse de encima. Todo esto transcurre en el más profundo silencio, por supuesto. Al igual que su incursión en el cuarto de baño, donde la rubia se nos encierra y junto al espectador, descubre perpleja un nutrido collage fotográfico protagonizado por ella misma y el bello durmiente, que, por cierto, no es otro que Colin Firth. Efectivamente, allí hay capturas de todo tipo, pero principalmente de un sinnúmero de eventos aparentemente felices a lo largo de los años, incluido el que siempre nos parecerá el evento protagonista: el día de su boda. Así, en menos de diez minutos, además de haber contemplado el minúsculo trasero de la Kidman (aunque dados los cambios de plano y esos sospechosos y diferentes largos en su corte de su pelo, o pelucón, me da que ni siquiera eso vemos), sabemos, ya a ciencia cierta, que Christine (Nicole Kidman) sufre de amnesia.

 

Nicole Kidman

 

Pero, al contrario que en Memento, donde su protagonista sufría de una amnesia retrógrada, es decir, no recordaba qué había sucedido o qué clase de trauma le había llevado a padecer dicha enfermedad, o en 50 primeras citas, en la que Drew Barrymore padecía un amnesia muchísimo peor, la anterógrada, lo que le impedía recordar su vida tras el trauma o generar nuevos recuerdos, en el caso del personaje de Nicole, tampoco es lo mismo: ella sufre de amnesia total. Así es, amiguitos, doble salto mortal. El personaje de Christine no recuerda ni su pasado, ni quién es, ni almacena los recuerdos de cada día; cuando duerme, éstos terminan esfumándose, lo que le hace vivir en un cero absoluto. ¿Se puede uno encontrar en una situación más angustiosa?

 

Tal vez por esto, desde el principio, acompañamos a una Christine confundida, angustiada y asustada, muy asustada. A pesar de averiguar que está casada con Ben (Colin Firth), el típico marido encantador que tiene la inmensa paciencia de, día tras día, despejar sus dudas con cariño y dedicación, y también de observar que dejando a un lado su “pequeño inconveniente mental”, su vida transcurre en riguroso orden, Christine insiste en sentirse insegura y temerosa… Y claro, como no podía ser de otro modo, este temor se retroalimenta cada mañana cuando, ya sola en el caserón familiar, recibe la misteriosa llamada de un tal Dr. Nasch, interpretado por el impecable Mark Strong. El doctor de marras, también como cada mañana, se presenta telefónicamente y le explica que están trabajando en su caso, y para poder avanzar en él, es necesario que rescate, día a día, una cámara de fotos que tiene convenientemente escondida, comprobando así el vídeo-diario donde ella misma se cuenta lo que va averiguando.

 

Nicole Kidman

 

Pues bien, con toda esta premisa, tenemos una hora y media justita de un thriller basado en la primera novela de S. J. Watson, con guión y dirección de Rowan Joffe, que si bien no es la bomba, a mí personalmente me ha entretenido. Cierto es que no había puesto las expectativas muy altas, a pesar de saber que está producido por Ridley Scott y que, en teoría, esto debería significar algo, pero como mero entretenimiento, tiene un aprobado más que respetable. En cuanto a la trama, si le damos alguna vuelta de tuerca, por supuesto tiene algún pequeño agujero, pero nada digno de echarnos las manos a la cabeza o que impida que las piezas terminen por encajar, cosa que, reconozco, no esperaba ni de lejos. En cuanto a la foto, dependiendo de los personajes, con muy pocos elementos pero muy bien combinados, puede llegar a ser engañosa y hacernos caer, deliberadamente, en el falso error de que tal vez podrían existir ciertas relaciones que, o verdaderamente no existen, o no son lo que parecen. Pero claro, es que tampoco faltan los típicos giros que ponen a casi todos los personajes de un lado y del otro, volviendo al espectador medio “meliloto”, ¿pero, y no es eso lo que se espera precisamente de este género? Para concluir, en cuanto a las actuaciones, solo decir que son más que decentes. No hay nada más que destacar. Todo bien: ni corto, ni sobresaliente. Tal como es, en definitiva, No confíes en nadie.

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