Rogue One

Rogue One. Una historia de Star Wars: Abriendo fronteras

Desde que la casa del ratón Mickey es poseedora de los derechos de la familia Skywalker y compañía, siempre ha tenido claro que debía reactivar la maquinaria galáctica para aprovechar las infinitas posibilidades que le ofrecía la franquicia y calar en las nuevas generaciones como lo hizo la trilogía original. De ahí un reseteo del canon para limpiar el universo expandido, la producción de una nueva trilogía que conservara las señas identitarias de sus orígenes, y la preparación de varios spin-offs que complementasen la experiencia cinematográfica. Rogue One: Una historia de Star Wars, es el primero de ellos.

 

Felicity Jones y Alan Tudyk

 

Gareth Edwards (con la colaboración de Tony Gilroy), ha construido un relato ambientado en tiempos de la primera trilogía, con una trama que enlaza directamente con el prólogo del Episodio IV, Una nueva esperanza. Con esto en mente, hay una premeditada búsqueda de una ambientación que evoque a aquellas primeras películas. Desde el tratamiento de la imagen, con fotogramas que pasarían a la perfección por metraje del film original, a la puesta en escena y el trabajo de los departamentos de efectos visuales y especiales. Es evidente que los avances técnicos (y las limitaciones de la época) hacen que Rogue One sea hija del siglo XXI, pero es encomiable el esfuerzo por darle ese aspecto retro para que no desentone respecto a sus fuentes directas y potenciar el componente emocional y nostálgico del espectador.

 

Y hasta ahí, porque una de las claves de Rogue One es la de distanciarse en tono y estructura de la trama “oficial”, la que sigue las andanzas de la familia Skywalker. Así, queda descartado el esquema seriado. Esta es una propuesta autónoma, que referencia hechos y personajes de la saga, que conecta con ella de forma bastante orgánica (aunque no falta algún que otro momento destinado al fan service de forma descarada), pero que funciona de forma independiente y busca diferentes terrenos a explorar.

 

Diego Luna

 

“La mano de Disney” se nota en las pildoritas de humor que ofrecen algunos personajes (en especial el androide K-2, a quien presta voz un genial Alan Tudyk), pero en general el tono en el que se mueve la película es mucho más adulto y sombrío, apostando por aparcar el componente aventurero en favor de otro más bélico y cercano al thriller de espionaje. Y es que la temática de Rogue One tiene más en común con la Valkiria de turno, films sobre pequeños comandos cuyo sacrificio busca cambiar el curso de una guerra contra un poderoso ejército enemigo, que con la space opera tradicional.

 

Heroínas del nuevo milenio

Rey (Daisy Ridley) enmendó una injusticia y Jyn (Felicity Jones) confirma la buena dirección. Lejos quedan esas Leias o Amidalas, secundarias necesitadas de ser rescatadas y cuyo arco evolutivo venía determinado por el interés amoroso. Rey o Jyn tienen roles verdaderamente protagónicos, capaces de asumir los galones de la heroína sin ningún tipo de complejos, y tienen unas vidas que rechazan el componente romántico como eje que las defina como personajes. Ya solo falta que la calidad venga acompañada de cantidad. Star Wars está sabiendo adaptarse a los tiempos y el género ha dejado de ser un condicionante para convertirse en un mero complemento de sus personajes.

 

Felicity Jones

 

Aunque Rogue One tenga cierta inclinación a mostrarse como una historia coral, con gente como Diego Luna o Riz Ahmed correteando por ahí, cuando el foco ha de centrarse en un punto, este siempre es en el que está Felicity Jones, cuyo personaje deja entrever un background que antes o después será explotado en el renovado universo expandido. Y si Alan Tudyk aporta frescura con un personaje que cala con facilidad en el espectador, no se puede decir lo mismo de Forest Whitaker, cuya actuación (muchos nos preguntamos qué ha sido de aquel Oscar de 2007 por El último rey de Escocia) extravagante ensombrece a quien se presupone todo un icono de la Alianza.

 

Mal también la música de un Michael Giacchino que quiere y no puede. Usando las composiciones de John Williams como base se queda a medio camino entre la versión y el aporte de novedad. Tiene un interesante tema central que no es arropado por el resto de la banda sonora, demasiado encorsetado a sus referentes. El compositor intenta hacer un homenaje que distrae y suena a refrito más que apoyar a la historia.

 

Rogue One: Una historia de Star Wars

 

Rogue One: Una historia de Star Wars es una propuesta muy funcional, a pesar de que es fácil intuir los parches de las reescrituras y nuevas escenas (ya fuera para arreglar algún desaguisado o para hacerla más “comercial”), y cumple con los seguidores de la saga espacial. Nuevos y carismáticos personajes para agrandar su imaginario y un buen banco de pruebas de las posibilidades que ofrece esta galaxia tan, tan lejana.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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