Straight Outta Compton

Straight Outta Compton: Florido y desmesurado legado


¿Cuánto tiempo ha de pasar para que un biopic esté justificado? ¿Debe tenerse en cuenta la historia o simplemente el posible tirón en taquilla? Los casos de películas biográficas son hoy más corrientes que nunca, para todos los gustos y de todos los colores. Y, más allá de su calidad cinematográfica, todos ellos encierran el mismo engranaje: valentía, descaro, ingenio y descenso a los infiernos.

 

Straight Outta Compton

 

F. Gary Gray, director con una carrera ligada a la música y algún que otro título destacable, ejecuta las órdenes de Straight Outta Compton, revisión fiel de la creación de una de las bandas de rap más influyentes de la historia. Pioneros en su género, rompiendo las reglas establecidas (como bien pide el género) Niggas With Attitudes, más conocidos por sus siglas N.W.A., representan un caramelo para el productor buen conocedor de los gustos del público norteamericano. Y, como podía anticiparse, ha sido una bomba en taquilla.

 

Anquilosado por las obligaciones contractuales de la película (los productores son los propios Ice Cube y Dr. Dre, a mayor gloria de sus egos, como bien se ocupan de puntualizar los créditos finales) el director de películas como The Italian Job (2003) consigue ofrecer una primera hora y media de metraje que vuela sola: la presentación de personajes resulta original, audaz y repasa unos momentos conocidos por varios esquivando caer en la repetición. El ascenso de la banda se vive desde la butaca con pasión, cada puñetazo a las autoridades y el éxito que le sobreviene emocionan y juegan con el espectador. El lenguaje de la película ayuda a que el ritmo vertiginoso no decaiga y en momentos como el plano secuencia en la bacanal del hotel no se pueda apartar la vista de las fechorías de los protagonistas.

 

Le lacra un tramo final en el que el juego de Hollywood y la idea sentimentaloide de los norteamericanos hacen aparición. En una película tan ruda, con muy pocos tapujos y que pretende enaltecer el camino que pavimentaron aquellos que lo allanaron, los minutos de regalo en los que las drogas son malas podrían haber sido tratados con más mala leche y menos endulzamiento.

 

El merecido aplauso una vez visto el film no es dirigido al maestro de orquesta, sino al director de casting. En la eterna lucha por contratar a un actor experimentado y maquillarle hasta hacerle desaparecer sus propias facciones o elegir a un sosias del personaje sobre el que se cuenta la historia siempre hay pros y contras. Javier Bardem ganó un goya por su interpretación de Ramón Sampedro bajo una capa de maquillaje que le transformaba por completo, pero según para quién, eso le restaba emotividad a la película. En el caso de Straight Outta Compton se ha tomado la decisión de optar por actores con poca experiencia pero con un más que razonable parecido físico. En el caso de O’shea Jackson Jr. es lógico, pues interpreta a su progenitor, y sin haber tenido ningún trabajo previo hace un papel muy digno. Al igual que los principales.

El biopic de la banda más importante de rap de la historia hace las delicias de sus seguidores y de sus responsables, funciona con vértigo como película de acción y tiene una gratificante carga de monumentos del género. Para quien haya vivido la época dorada del rap, sepa lo que significa this shit is dope y levante el dedo corazón al escuchar los primeros trallazos de Fuck da police.

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