Bella y perdida

Bella y perdida: Excesos de poesía

Pietro Marcello se embarca en una aventura que une la realidad más evidente y elemental con claros vestigios de fantasía: un hombre emprende un viaje que lo lleva desde el Monte Vesubio a la actual Campania para honrar los últimos deseos del pastor Tommaso. Su misión será la de salvar a un joven búfalo que se encuentra en el antiguo palacio real de Carditello en Caserta. La presente obra es el personal homenaje que rinde al pastor, fallecido en 2013.

 

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¿Cuál es el resultado cuando se funde esos dos géneros? Poesía. Y como en literatura, el estilo siempre posee manga ancha para acaparar cualquier detalle nuevo. Por eso, en su sexta película, Marcello hace uso de un discurso que bebe mucho del documental (en el que se ha curtido como cineasta). A esto se le añade el toque surrealista: otra de las paradojas que desprende la cinta con tanto lirismo.

 

Con el diálogo pone el toque elegíaco sobre todo lo mundano que contiene el mundo rural por el que deambula el proyecto. Las intenciones con las que parte son buenas: digna pieza de Locarno, aúna realismo y fantasía y recuerda a su paisano Pasolini. Además, Bella y perdida tiene varios símiles en su estilo con esa obra lusa dividida en tres partes que compuso Miguel Gomes, vista en la Quincena de Realizadores de Cannes de 2015, Las mil y una noches. Al igual que la mirada que pone el portugués en su discurso, el italiano se nutre de su cultura para hablar de su país: con el estilo a lo más Comedia dell’ Arte, se apropia del polichinela (el rol de rufián), que guiará a ese búfalo en el viaje. Poniendo voz en off al propio animal, las divagaciones de éste emanan crítica y dudas sobre la vida.

 

Las intenciones son buenas, pero el canal por el que discurre el manifiesto hacia los espectadores se pierde en un sendero primitivo y bastante desordenado. Con un estilo tan abierto y bucólico se pueden encontrar varios significados: Pérdida, autenticidad, podredumbre del mundo actual,… quién sabe. Lo que sí es seguro es que pierde contundencia.

 

Bella y perdida no es para todos lo paladares. Y desde luego su originalidad no le salva. De nuevo, otra paradoja: queriendo rendir semejante ofrenda a Cestrone, un personaje que se hizo cargo de vigilar el palacio Carditello por puro acto de altruismo, el cineasta le homenajea con una obra narcisista, que no mira para fuera y se pierde dentro de su propia ensoñación.

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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