En la Vía Láctea

En la vía láctea: Los excesos

Tras muchos años de silencio, el realizador serbio Emir Kusturica estrena su nueva película, En la Vía Láctea, una extraña (y excesiva) parábola sobre el amor y la guerra. La cinta cuenta la historia de un lechero (interpretado por el propio director), que cada día cruza un campo de batalla para recoger su mercancía y llevarla a su pueblo; la llegada de una refugiada (Monnica Bellucci) a la granja hará que afloren sentimientos amorosos y que este camino tenga una connotación distinta.

 

Mónica Belluci

 

Quién escribe estas líneas es admirador de los excesos en el cine (Xavier Dolan, Baz Luhrman, Paul Verhoeven…) y Kusturica entra en ese lote, el problema es cuando estos excesos son demasiado excesivos, valga la redundancia, y su producto, su película pierde el norte. Los primeros cuarenta y cinco minutos son brillantes: la puesta en escena, presentación de ambientes y personajes… y cuando hay un giro argumental, que da paso a una segunda parte totalmente descerebrada, que no tiene ni pies ni cabeza y donde prima la excentricidad y un surrealismo que está demasiado fuera de la realidad.

 

La dirección de actores, la escritura de personajes, el uso de los espacios y ese punto por encima de la realidad hacen que la película recuerde al cine de Jean Pìerre Jeunet (especialmente, por cercanía temática, a Largo domingo de noviazgo); sin embargo durante la primera parte, Kusturica quiere plasmar tal cual la realidad bélica y por ello la luz es muy natural y todavía quiere conservar un punto de realismo que ayude a contextualizar el terror de la guerra.

 

Quizás lo más bonito de la película sea la relación entre Kusturica Y Bellucci, como el personaje del lechero protege a su amada y la guía por un duro paralelismo, puede dar lugar a un paralelismo interesante entre director y musa porque el amor que refleja esta relación es similar al cariño que pone el director a cada plano de Bellucci y, lo más valioso de todo esto, es como el director consigue que nunca parezca débil, simplemente una protección romántica más propia de un cuento de hadas que de una película de amor.

 

Pese a la cansina segunda parte, la película de Kusturica está llena de virtudes y los pequeños detalles o la simple relación de los protagonistas hacen que sea una obra curiosa pero anecdótica en la filmografía del director, lo que hará que pronto caiga en el olvido.

Acerca de Alex Manzano

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Cine, arte y tebeos. Amarás el musical sobre todas las cosas. John Cameron Mitchel es mi dios. Si quieres encontrarme, busca en mi habitación. Si no, en cualquier rincón de Madrid.

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