La hora del cambio

La hora del cambio: Italia profunda

Un pueblo al borde de la ruina y unas nuevas elecciones a alcalde es el pretexto de la nueva película del dúo cómico formado por Salvatore Ficarra y Valentino Picone. Una película un tanto arcaica en temática, pero que, por desgracia, sigue reflejando la realidad rural de los pueblos del Mediterráneo.

 

Ficarra y Picone

 

Curiosamente, quién escribe estas líneas acudía un día después del visionado de la película a una reunión de vecinos del “vergel” donde veranea y uno se da cuenta de que pocas cosas hay llevadas al extremo en la misma. Explícome, los directores llevan la historia a un terreno cinematográfico a través de unas interpretaciones propias de la comedia que están un punto por encima de la realidad (mucho grito, gestos recargados y situaciones límite) pero todo está en un pretexto plenamente real. Sí es cierto que ciertos problemas expuestos, bien por contexto cultural o por términos cinematográficos, si que se van un poco de las manos y pierden la credibilidad social y más realista de la película.

 

Quizás el mayor defecto a la hora de hacer comedia, es el chiste fácil en el que acaba derivando todo (aunque se agradece que este chiste no llegue a lo zafio, como sucedería en una película patria), es una lástima que una idea tan realista y que podría dar tanto juego se quede en lo superficial y al servicio del espectador casual en lugar de ser algo más meditado y con un fondo y haciendo humor de una mirada más cínica al mundo. Por otro lado, el despliegue coral de secundarios evita que haya alguno que se quede en el recuerdo y, normalmente, el algún secundario el que salva este tipo de comedietas.

 

En términos cinematográficos no hay absolutamente nada destacable, una realización plenamente televisiva con un montaje eficaz y dinámico que busca que nadie se duerma aunque sin ninguna pretensión artística. En definitiva, La hora del cambio es una película que podría haber sido mucho y, por efectismo, pereza y ponerse a servicio del espectador que va al cine un domingo por la tarde, se acaba convirtiendo en una cinta olvidable, cansina (pese a su mínima duración) y tonta, pero claro, los cuñados italianos también tienen derecho a ir al cine.

Acerca de Alex Manzano

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Cine, arte y tebeos. Amarás el musical sobre todas las cosas. John Cameron Mitchel es mi dios. Si quieres encontrarme, busca en mi habitación. Si no, en cualquier rincón de Madrid.

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