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Doña Clara: El triunfo de Sonia Braga

Algunos intérpretes tienen encuentran sus papeles apoteósicos demasiado tarde. Desgraciadamente las actrices tienen menos oportunidades que sus compañeros. Ya se sabe por qué: se escriben menos personajes femeninos potentes, casi siempre relegados a ser madres, hijas, novias, etc. Por suerte, esto va cambiando. Y se usa el gerundio, porque la acción sigue en lenta evolución. Para muestra, el último trabajo de Kleber Mendonça Filho, Doña Clara. Con él, el brasileño otorga a su compatriota Sonia Braga, encerrada en la televisión, el lugar que merecía: una película que la encumbra como una verdadera diva y una actual heroína.

 

doña clara

 

La protagonista que da título a la historia es una ex crítica musical jubilada. Vive retirada en Recife, en una bonito apartamento del edificio Aquarius, una casa edificada en los años 40. Una promotora se ha hecho con las demás viviendas, pero ella se niega a aceptar la suculenta oferta monetaria que le ofrecen por la suya. Ahí comenzará la áspera lucha entre la mujer y la hostigadora empresa. El director enlaza su nueva película con su ópera prima, Sonidos de barrio. Ambos relatos exprimen y critican –y con la música de Queen– la situación de la nueva clase media brasileña. El miedo y tensión que se veía en la cinta de 2012 pasa ahora a mostrar los restos que quedan de aquellos vecindarios. Clara, como la urbanización a pie de mar donde vive, supera baches con una fuerza apabullante, por muy corrupto que sea el sistema que la rodea.

 

Mendonça inicia su relato de forma astuta: regalándonos imágenes de la protagonista en su juventud, tres décadas atrás, con amigos, mientras suena Another One Bites the Dust a la orilla del mar. Casi podemos oler la sal. A continuación nos muestra una reunión familiar en honor a una tía septuagenaria de la protagonista, rodeada de todo el clan en el apartamento de dicha urbanización. Con este prólogo rebosante de carga emocional, el brasileño lanza una evidente carta de presentación: a lo largo de todo su metraje, su Aquarius, el título original, dirige al pasado una mirada cargada de añoranza.

 

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Aunando drama y comedia, el director coloca la fuerza de su relato en su protagonista. Ahora la jubilada es ella y tiene muy presente esa constante mirada al pasado, con los momentos personales dignos de recordar y habiendo superado grandes batallas: la del cáncer, la pérdida de su pareja, la marcha de los hijos al hacerse mayores… Los años no la achican; siente demasiado amor por la vida. Sabe que su sitio está en esa casa, y desde allí hará frente a los que la quieren echar.

 

El argumento no se reduce a esto, sin embargo, posee más aristas: sus dos horas y veinte minutos examinan cómo el espacio físico representa nuestra identidad. Esa Clara rodeada de sus discos y sus libros no sólo es la esencia de un edificio y sus fantasmas, es la del país carioca entero: el alma, la alegría, o la belleza que parece faltarle a una nación carcomida por la corrupción. Ella está anclada en un poético pasado en el que nadie repara: tales fruslerías poco valen ante la imperiosidad del ladrillo. Mendonça hace uso de su protagonista para hacer en realidad un llamamiento a su país.

 

El realizador narra su bella protesta con una estética llena de sentimiento, pero que no abotarga al espectador. Al contrario, le seduce. Pocos personajes embelesan tanto como el de Doña Clara. Como Gloria o como Carmina, este personaje es de esas mujeres a las que les ha tocado mostrar su valía pasados los cincuenta. La Palma a mejor actriz del pasado Cannes se la llevó Jaclyn Jose por Ma’ Rosa. Un reconocimiento injusto, porque, con perdón de la cinta filipina, Braga, al igual que su historia, merecía todos los galardones del mundo. Esa fue la primera de las injusticias que ha sufrido la película (que parece ir en paralelo con su personaje): fue rechazada como candidata para competir en los Oscar a mejor película de habla no inglesa por Brasil. Esas trabas no diluirán su potencial; ningún obstáculo podrá con Doña Clara.

Acerca de María Aller

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Madrileña. Comunicadora. Periodista. Sagitaria. Bonne Vivante. Cine. Y festivales, series, libros, cocina, deporte... recomiéndame!

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