O futebol

O futebol: El tiempo perdido y muerto

El fútbol pocas veces ha sido el protagonista indiscutible en una sala de cine. La forma en que se ha tratado ha sido, generalmente, para enmascarar una historia de superación o para ensalzar los gustos futbolísticos del director olvidando que, aunque del deporte y del cine puede surgir una mezcla que realmente no dé nauseas, el espacio limitado por el campo de juego tan solo permite que lo importante y lo que de verdad tiene interés sea lo que pasa fuera de él.

 

O futebol

 

En un largometraje que tiene por contexto el país que venera al fútbol como si de un dios se tratase, O futebol utiliza de excusa este deporte solo con la única intención de saldar cuentas con el pasado, y no tanto con hacer ver que perseguir a un balón constantemente convierte a esta actividad en el mejor ejercicio del mundo. Sergio Oksman no deja escapar la oportunidad de obviar el interés futbolístico en favor de la sencilla relación olvidada de un hijo que hace dos décadas que no ve a un padre que parece estancado en la comodidad que su descendiente quiso evitar. Los dos, a través de infinitos paseos en coche por una ciudad que parece no acordarse de que celebra un Mundial de fútbol, dedican sus esfuerzos a recuperar el tiempo perdido de la única forma que son capaces. Las conversaciones que ambos mantienen apenas salen de la estricta temática futbolística y ninguno parece querer dar el brazo a torcer. O futebol es, sobre todo, una película de silencios, de trabajo para el espectador y de una sencillez que en demasiadas ocasiones puede provocar un sonoro bostezo en el público.

 

La pauta que sigue este mes de visita es la que el calendario del Mundial ha establecido, pasando a través de los partidos sin que estos realmente tengan que ver con lo que se proyecta ante nuestros ojos. El título es prácticamente el único modo de encontrar fútbol en esta cinta; no hay partidos que destaquen por encima de los (pocos) problemas que parecen tener padre e hijo y, aunque ellos solo parezcan sentir interés por un acontecimiento que tiene pegados a la pantalla del televisor a millones de aficionados, son las cosas que no dicen las que verdaderamente importan. Y, realmente, apenas hablan, no parecen tener algo significativo que decir, lo que convierte a O futebol en una película en que la que los tiempos muertos son más relevantes que cualquier intento de estrechar lazos y, en ciertas ocasiones, el tedio puede que visite a quienes intentan comprender qué tiene que ver una cosa con la otra. Sin embargo, sí hay cierto encanto en utilizar la sencillez como un patrón a seguir y no como un elemento más que distraiga del evidente objetivo de Oksman.

 

Las nucas de los protagonistas sentados en el coche conduciendo por las calles abandonadas y marchitas de São Paulo son gran parte de lo que el espectador verá proyectado en la gran pantalla. Y eso no hace de O futebol una película que fomente la desesperanza y el aburrimiento. Pero son la falta de sorpresa, de intensidad narrativa e incluso de empatía las que pueden hacer sentir al espectador que realmente ha perdido un valioso tiempo de su vida que podría haber dedicado a disfrutar de un verdadero partido de fútbol. Quién sabe. Al final, las relaciones entre padre e hijo son más complicadas que determinar qué ha sido fuera de juego y por qué levantarse la camiseta es sinónimo de victoria.

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