David Lynch

Atrapa el pez dorado: Palabra lynchiana

“Una película debe valerse por sí misma. Es absurdo que un cineasta necesite explicar con palabras lo que significa una película”.

 

David Lynch es muy firme en sus preceptos. Y no hay más que leer con un poco de atención la frase que precede a estas líneas para darse cuenta de que tiene toda la razón. En la actualidad hemos llegado a un punto en el que el subrayado absurdo de muchas películas -haciendo de menos la inteligencia del espectador- y la sobresaturación de información sobre las mismas antes y después de su estreno, no han hecho sino pervertir el aspecto artístico del cine. Porque sí, es un negocio que da de comer a cientos de miles de familias, es una de las industrias más poderosas y rentables del mundo, pero también es una expresión artística que evoca a nuestro intelecto y nuestras emociones. Ahí es donde cobra todo el sentido tanto la frase que hemos señalado, como la obra de David Lynch en términos generales.

 

David Lynch

 

Pintor, músico, cineasta… Lynch es un artista polifacético que ahora nos presenta un libro, Atrapa el pez dorado, en el que a través de su experiencia con la meditación trascendental (una técnica de meditación surgida en India en los 50 y popularizada durante la década siguiente), nos ofrece retazos acerca de su proceso creativo y detalles acerca de sus películas.

 

Ojo con los prejuicios. Ciertamente muchos de sus capítulos están centrados en alabar las cualidades de la meditación trascendental, y que esta nunca ha estado exenta de polémica (hasta con acusaciones de ser una secta), pero si nos extraemos de estos factores externos, y relativizamos los intentos del autor por convencernos de su filosofía, quedándonos únicamente con el fondo de su mensaje -la búsqueda de la felicidad-, la cosa cambia. Y no faltan buenos consejos y reflexiones acerca de la vida del artista.

 

“La depresión, la rabia y la pena resultan bellas dentro de una historia, pero para el cineasta o el artista son veneno”.

 

Atrapa el pez dorado resulta interesante para poder acercarse al cineasta desde una perspectiva nueva, más accesible -si se quiere- que sus películas, aportando su visión personal de Hollywood. Porque entre medias de sus reflexiones va dejando caer pequeños extractos de su experiencia en la industria, a modo de autobiografía, con el valor documental que siempre tiene eso, máxime cuando se trata de una persona con cerca de 40 años de experiencia en la industria.

 

A lo largo del libro realiza anotaciones de algunas de sus obras más importantes: Terciopelo azul, Carretera perdida, Mulholland Drive o, como no, Twin Peaks. Nos revela algunos de sus secretos, guardándose otros para sí, como haría un buen mago.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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