Monika #1: Baile de Máscaras

Monika #1. Baile de Máscaras: Arte, lujuria y vapores

Monika #1: Baile de MáscarasEsa mujer me enseñó el dolor de la pérdida

 

Diábolo Ediciones se caracteriza, entre otras cosas, por lo variado de su catálogo. Si el otro día os hablaba de la psicodélica vuelta a la infancia de los italianos Davide Calí y Squaz hoy damos un giro de ciento ochenta grados para conocer a Monika, una artista en busca de su hermana desaparecida que por el camino se verá envuelta en una conspiración cada vez más difícil de explicar. Este thriller oscuro y seductor nos es presentado de la mano de uno de los mayores exponentes actuales del cómic patrio: Guillem March.

 

De primeras cuesta un tanto sumergirse en el agobiante y confuso mundo que han creado March y Thilde Barboni. Las escenas se suceden un tanto inconexas en Baile de Máscaras y sólo la imaginación y la voluntad del lector logran rellenar los huecos que la novelista belga deja en pos de avanzar más rápido en la obra. Y es que si Monika tiene un talón de Aquiles es éste: los saltos argumentales. Habría costado sólo un poco más ofrecer una obra de mayor duración y más estructurada y quizás el argumento no habría quedado tan envuelto en vapores y sujeto a la interpretación de cada uno. Que, cuidado, esa puede ser la intención de la guionista, pero no termina de funcionar el recurso.

 

Tenía miedo de que no vinieses

 

En general, Monika parece querer dejarnos con la sensación con que nos dejó El Club de la Lucha. Pero lo que a David Fincher le funcionó a las mil maravillas en la gran pantalla aquí no termina de convencer. Eso no quiere decir que la historia sea mala o superficial, todo lo contrario, pero le sobra artificio al cómic de Barboni para desatar todo el potencial que su thriller erótico nos pretende vender.

 

Monika #1: Baile de Máscaras

Monika #1: Baile de Máscaras

 

El que está sencillamente sensacional desde la primera viñeta es Guillem March. El mallorquín, libre de las ataduras de las grandes editoriales estadounidenses (viene de firmar, por ejemplo, una estupenda etapa al frente de Catwoman) se marca con este cómic un trabajo sobresaliente que le sirve para demostrar la enorme calidad que atesora y que el cómic comercial no es capaz de explotar en su plenitud. La compra de Monika puede compensar incluso si nos limitamos a centrarnos en su aspecto pictórico. Ilustraciones como la que da color a este artículo o las múltiples que incluye Diábolo en el apartado de extras pueden convencer al coleccionista de cómics más reticente.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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