Fábulas #7

Fábulas #8: Refugio

Venimos de pasar unas estupendas navidades con los amigos de Villa Fábula y, muy poquito a poco, recuperamos la actividad y la atención vuelve a centrarse en la guerra que mantienen las hordas de Gepetto y nuestros protagonistas. Pero lo hace, insistimos, con calma, abordando la historia de un personaje que en los últimos tiempos había quedado un tanto marginado.

 

Así es como Papamoscas se erige como gran protagonista del arco que se desarrolla en las páginas de este octavo tomo de la edición de lujo de Fábulas que viene editando ECC. Si bien en primera instancia este puede aparentar ser un relato menor, lo cierto es que nos da algunas claves de cómo puede avanzar la trama principal en los próximos capítulos. Además de hacer justicia a un personaje que hasta ahora siempre parecía estar en un segundo plano sin gran cosa que aportar.

 

Como buena novela río que se precie, Fábulas no habla únicamente de dos-tres personajes protagonistas, de los líderes de los distintos bandos y sus conflictos. Sabe que tiene que dedicar tiempo a todos sus personajes pues, como ya hemos visto con anterioridad, los que hoy están en primera línea mañana pueden no estarlo (caso de Lobo Feroz y Blancanieves). Y viceversa, aquellos que siempre pasaban desapercibidos, en el momento menos esperado pueden alzarse como personajes determinantes para el devenir de los acontecimientos. Esto es justo lo que le sucede a Papamoscas en estas páginas.

 

El guionista aprovecha la peculiar empresa en la que embarca al personaje para añadir más riqueza a su universo, aludiendo a mitos medievales, principalmente a las leyendas artúricas. Subrayando de la misma forma la preeminencia de las tradiciones europeas como fuente principal de su relato. Está la curiosidad de saber cuándo -y si- se atreverá a meterle mano a cuentos del lejano oriente o de las regiones de América Latina. Eso no quita, sin embargo, que no disfrutemos -y mucho- del amplio repertorio de personajes e historias que tenemos ahora mismo entre manos.

 

En cuanto al relato que nos ocupa en sí, este tiene un carácter autónomo. Afecta de forma tangencial a la trama principal, pero funciona de forma completamente independiente. El que Bill Willingham le dedique gran parte de su esfuerzo a desarrollar este argumento ayuda a rebajar un poco la velocidad que estaban tomando los acontecimientos hasta ahora. Pero, al igual que en el tomo anterior, no deja parada la actividad principal de Villa Fábula, y sus habitantes, testigos de excepción de la aventura de Papamoscas, siguen planificando los pasos a dar en su enfrentamiento contra el Adversario, así como con su día a día, que podemos ver en pequeños retazos.
La magia de Fábulas, como en las grandes historias, está en sus pequeños detalles.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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