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Marada. La mujer lobo: Una guerrera de raza

Marada: La mujer loboCon la recopilación de las tres aventuras de la mítica creación de Chris Claremont y John Bolton, Marada, ECC Ediciones se ha ganado el corazón de muchos lectores. Un tomito en cartoné de 112 páginas que incluye, además de las citadas historias (La espada quebrada, Caza Real y La máscara del hechicero), una breve biografía de los autores, una introducción firmada por Jo Duffy (editora y guionista en colecciones como Catwoman, Star Wars o la primigenia Glory del sello Image), un texto de Claremont alabando el trabajo de Bolton, su compañero de fatigas en esta aventura, y un extensísimo artículo de Steve White (un veterano autor de ciencia ficción norteamericano) repasando las claves de la obra y las circunstancias de su publicación. El tomo ya habría sido redondo con la inclusión de ilustraciones y bocetos originales con valor propio, y no como complemento de los textos, pero es imposible tenerlo todo.

 

Marada se enmarca en la mejor tradición de los relatos de espada y brujería donde las creaciones de Robert E. Howard como Conan o (parcialmente) Red Sonja siguen siendo hoy día el modelo a seguir. La peculiaridad de Marada radica en que sus aventuras no tienen lugar en tierras extrañas o mundos imaginarios, sino que es una hija de Roma. Su trayectoria vital tiene lugar durante los primeros años del Imperio Romano (nieta de un César, no queda definido si se trata de Julio César o Augusto, aunque algunas pistas harían inclinar la balanza por el primero), lo que permite a la pareja creativa disponer de un rico contexto histórico que entrelazar con su propia mitología, de forma que coexisten demonios como los Mabdhara con las kandakes, las gobernantes del reino de Kush (en lo que hoy serían Sudán y Etipopía).

 

Uno de los aspectos más destacados de Marada: La mujer lobo es tratamiento que sigue su protagonista adscrita a los estándares de Claremont respecto a los personajes femeninos, fuertes y combativos. Un tratamiento que lleva un paso más allá con la importancia que otorga a las sociedades más o menos matriarcales que figuran en el universo de la obra, Ashandriar o Meroë (Kush). A nivel estético Marada es una mujer muy atractiva -qué duda cabe-, pero no deja de ser un rasgo autoindulgente que no corrompe el potencial del personaje. Marada es una heroína de un marcado carácter feminista, modelo de personajes posteriores como Xena o la temible Etain de Centurión (Neil Marshall, 2010), y que da buena cuenta de como una mujer puede blandir una espada sin complejo alguno. Marada lucha por su feminidad y contra sus propios miedos y complejos.

 

Marada

 

La obligada síntesis que tiene que llevar a cabo a causa de la limitación de páginas (no estamos ante una obra que estuviera pensada para ser serializada durante decenas de números) hace que el guionista no pueda concretar o desarrollar algunos aspectos tanto como seguramente querría (acudiendo a algún que otro arquetipo sin opción a matizarlo), pero no supone ningún demérito. Utilizando un tratamiento muy clásico dentro del género, Claremont hace del obstáculo una virtud y consigue conformar un mundo que no necesita de excesivos detalles para atrapar al lector. Habrá quien, sin embargo, pueda sentir cierta desazón ante la falta de un desenlace per se. La coyuntura del momento impidió que Bolton y Claremont pudieran continuar narrando la odisea de Marada, así que el lector ha de enfrentarse a un final que ha de proponer él mismo. La aventura episódica se cierra, no así el viaje propuesto al comienzo del volumen. Quizás algún día algún autor redescrubra el potencial de Marada y decida continuar con su historia.

 

¿Y qué decir sobre el trabajo de John Bolton? Al igual que Claremont, se encontraba en uno de los momentos más productivos de su carrera y en estas páginas demuestra de todo lo que es capaz. Una maravilla con la que deleitarse horas y horas si la editorial española no hubiera decidido reducir el formato de la obra (que en su versión original era mayor que el de un comic-book tradicional, tamaño en el que se presenta esta edición). Como decía al inicio, es imposible tenerlo todo.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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