Carroñero

Carroñero: The (Non) Redemption Song

CarroñeroSólo un trago… Para calmar los nervios

 

Mi primer acercamiento a Carroñero no pudo ser peor. Tras leer los cuidados trabajos artísticos de Marvel y DC, el trazo de Vicente Montalbá se me antojaba simple, sencillote… Y, encima, a las pocas páginas de la historia su protagonista se colaba en la ciudad fortificada de Tarsis y mi mente no podía evitar pensar en la mítica Tarsis la Bella de la colección de novelas fantásticas Crónicas de la Drangonlance (Margaret Weis y Tracy Hickman, 1984) y claro, mi alma de fan enfervorecido no podía ni tan siquiera contemplar la posibilidad de que Tarsis fuera el nombre de una ciudad ya citado por primera vez en la Biblia y que actualmente se llamara así un pueblo del Líbano.

 

Aún así decidí seguir leyendo, “¿qué remedio?, habrá que darle una oportunidad“. Lo siguiente que recuerdo es llevar la mitad del cómic leído casi sin respirar y tener que bajarme corriendo del autobús con miedo a llegar tarde al trabajo. ¿Cómo podía haber ocurrido tal cosa?

 

Carroñero es una novela gráfica que engaña a primera vista. Lo que uno ve en primer lugar es a un tipo gordo, borracho y acabado tratando de robar en un templo un puñado de monedas con el que pagar otra noche más (quizás la última) de desenfreno y pensamientos oscuros ahogados en otra copa o en los pechos de alguna mujer necesitada de unas monedas. Sin embargo, uno rápidamente descubre lo errado de esta primera apreciación al toparse con la historia de un hombre acabado, sí, pero aún capaz de presentar mucha batalla a los enemigos que se presenten en su camino y al lector desprevenido que cometa la imprudencia de subestimarle.

 

No podemos matar a un ‘héroe’

 

Santi Selvi lo describe a la perfección en la introducción que escribe para este nuevo cómic de La Cúpula. Khanis Fhou es un auténtico hijo de puta que hubo un tiempo en que lo tuvo todo (dinero, posición, amor y poder), pero que lo perdió y que ahora se dedica a recorrer un mundo en guerra tratando de embotar su mente con la bebida que pagan sus robos a aquellos que no se pueden defender de él. En mitad de la celebración de uno de ellos especialmente fructífero será cuando, precisamente, se vea atrapado en el frente de una serie de batallas que no ha elegido, pero en las que se verá obligado a combatir por su vida, primero, y puede que por algo más después.

 

Carroñero

Carroñero

 

Se convierte así Carroñero en la historia acerca de la redención imposible de aquel que no quiere ser salvado. Enfrentado a viejos y nuevos demonios, Khanis no tiene más remedio que examinar su alma y esto puede ser demasiado incluso para un hombre tan acostumbrado a la degradación del mundo en el que habita.

 

La vida. Eso fue lo que me pasó

 

Y es que el mundo, que construye con todo lujo de detalles un Ricardo Vilbor al que conviene no perder el rastro, es un lugar cruel e inhóspito en el que dos grandes potencias se enfrentan en pos del fanatismo religioso, una, y de la sustentación de un sistema económico imposible, la otra. Un modelo que no puede sino recordarnos rápidamente al actual enfrentamiento entre los mundos occidental e islámico, cada uno defendiendo las bondades de un sistema igualmente insostenible. Vilbor apenas se molesta en disfrazar este tinte social al cambiar la época y los nombres de las ciudades y las personas, los referentes son demasiado obvios y fáciles. Una única cosa nos queda clara, la situación que vivimos no es única ni mucho menos irrepetible y, precisamente por ello, es tan fácilmente extrapolable a los fantásticos mundos de la viñeta.

 

Carroñero

 

Si Vilbor nos la cuela por la escuadra con una historia que va in crescendo desde la primera página y hasta su apabullante final, Montalbá no se queda corto. Lo compara Selvi con Robert Crumb y yo le saco un parecido inmediato con uno de los herederos españoles del genio americano del cómic underground: Pedro Vera. Los dibujos de Montalbá no buscan agradarnos a la vista, sino contar la historia como merece ser contada, con movimientos torpes, brazos cortados y muecas de desprecio, terror y odio profundos. Sabes que estás perdido y que este cómic te ha derrotado por completo cuando te das cuenta de que no cambiarías nada de su historia y mucho menos que nada de la manera en que ésta está plasmada en las viñetas por el artista valenciano.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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