Un Monstruo Viene a Verme

Un Monstruo Viene a Verme: Lágrimas sanadoras

Un Monstruo Viene a VermeY entonces el monstruo habló

 

Estoy llorando en el autobús que me lleva a casa. Soy un hombre adulto que llora como un niño de trece años por la madre de Conor, por la ahora inmortal Siobhan Dowd y por todas y cada una de las pérdidas que me han forjado en la persona que soy hoy en día.

 

Sabía a lo que me enfrentaba cuando acometí la lectura de Un monstruo Viene a Verme. La premisa era sencilla y la conocíamos todos: una madre se está muriendo y su hijo tiene que afrontarlo. Lo que no esperaba era estar pegado al asiento del bus deseando que el viaje no terminara nunca, soltando la respiración cada vez que me daba cuenta de que la había contenido y sintiendo en mis manos las mismas heridas que sufría el protagonista de esta historia. No imaginaba que una historia tan sencilla podría atraparme con tal fuerza y tan rápido. Pensaba que yo ya era mayor y que sabría cómo leer este libro desde el púlpito, por encima de toda sensación y subjetividad.

 

Pero es imposible. El monstruo que Patrick Ness dio a luz en base a una idea de la difunta Siobhan Dowd te ata con sus manos como ramas y sus piernas tan oscuras y peligrosas como las raíces del tejo del que nacen. Uno no tiene más remedio que seguir leyendo, sintiéndose identificado en muchos pasajes del relato y horrorizado en otros tantos. Mientras, el monstruo se ha apoderado de tu corazón y juega con él como sólo podría hacerlo alguien más antiguo que el mundo y más grande que la tierra que lo contiene.

 

Eso era lo que se sentía dentro de la pesadilla

 

Un Monstruo Viene a Verme es un relato de sanación que nace de la más profunda de las penas. Es una historia de las que te hacen llorar lágrimas de esas que se llevan todo lo malo y sólo dejan una sensación de agridulce paz y, quizá, un poquito de auto-conocimiento. Dowd plantó una semilla que Ness riega con mesura y hace crecer con ingenio para dar lugar a una historia cercana a cualquier lector y a la vez desbordante de misticismo. Un cruce genial entre cruda realidad y fantasía aún más cruda que hunde las manos en nuestras almas y extrae de ellas nuestros peores recuerdos para enfrentarnos a ellos una vez más. Se lee rápido, sí, pero exige una revisión cada cierto tiempo, como para asegurarnos de que en verdad hemos crecido y vencido a nuestros monstruos. Los de verdad. Los que vienen a devorarnos y no a prestarnos su ayuda.

 

Un Monstruo Viene a Verme

Un Monstruo Viene a Verme

 

Me recuerda, en cierto modo (y aprovechando que aquí solemos hablar de novelas gráficas), a uno de mis cómics preferidos: Peret que Buscaba a la Muerte (Zar, 2012). En él un niño abandonaba la niñez y daba sus primeros pasos más allá de lo que siempre había conocido en busca de la Muerte, que se había llevado a su padre, Antón. Esta obra nos presenta a un niño también, que abandona la comodidad de la niñez para adentrarse en el contradictorio mundo adulto de la mano de un suceso que llega para endurecerlo y ayudarle a afrontar lo que viene… o para marcarle de por vida y lanzarlo a la cuneta como se desecha a un juguete roto. Todos hemos vivido momento críticos similares y el autor nos invita a evaluarnos y descubrir en cuál de las dos situaciones estamos.

 

Tu vida no la escribes con palabras

 

Y es que me encanta, me pirra y me chifla, el otro mensaje que contiene esta novela. Ése que dice que los humanos, y su vida en general, son un puñado de contradicciones con patas que sufren sabiendo que la dualidad entre la verdad dura y la mentira confortable no sólo existe, sino que es necesaria para sobrevivir a la broma eterna que es la existencia. Que sin el autoengaño y sin la certeza, por debajo de él, de la auténtica realidad de las cosas nos disolveríamos en el aire consumidos por nuestro propio terror a vivir y a lo que ello conlleva. Vivimos atrapados en un laberinto de verdades como losas y tejemos escalas de ilusiones y verdades veladas para poder escalarlas de vez en cuando y contemplar el laberinto desde la perspectiva que dan las alturas.

 

Un Monstruo Viene a Verme

Un Monstruo Viene a Verme

 

Ilustra el libro Jim Kay con una maestría que sólo puede contemplarse, ya que resulta harto difícil medirla con palabras. Sus dibujos se cuidan mucho de no mostrarnos las facciones de un Conor que podría ser cualquiera de nosotros y de un monstruo que habita en lo más hondo de nuestros corazones. Se trata de dibujos a tinta y en blanco y negro que casi nos pillan por sorpresa y que enlazan con una naturalidad casi mágica con lo que se está contando en cada momento en el libro.

 

Ahora lo único que tienes que hacer es decir la verdad

 

Esta nueva edición que nos trae Reservoir Books no es un simple lavado de cara en el que se cambia la portada para adecuarla al póster de la película y así vender más libros. Se trata de un enorme libro (en serio, pesa) que presenta la historia y una enorme cantidad de extras que merecen ser disfrutados una vez nos hemos secado las lágrimas y hemos digerido todo lo que Dowd, Ness y Kay han ido vertiendo sobre las primeras doscientas veintisiete páginas del volumen. Reflexiones del autor, del artista, de la editora… Entrevistas a J.A. Bayona y al reparto de la película que da vida a este libro, que se estrena el 7 de octubre y que no me pienso perder, bocetos, diseños y los trucos de malabarista que hay detrás de las cámaras completan un apartado que lleva al libro a ocupar mucho más de las trescientas páginas.

 

Un Monstruo Viene a Verme

Un Monstruo Viene a Verme

 

No seré yo quién os diga si debéis leer primero la novela y después ir al cine o si es al revés como disfrutaréis más de ambos productos (entre otras cosas porque cuando estas líneas están siendo escritas el filme de Bayona aún no ha llegado a nuestras salas) Pero sí que defenderé que leer este libro (y disfrutarlo en papel, a la antigua usanza) es una actividad que no os dejará indiferentes y que, si sois capaces de abandonaros al cruel salvajismo del monstruo, os transformará. Quiero creer que en mí lo ha conseguido, aunque dada mi condición de humano, puede que me esté engañando.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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