El Viejo Logan #77

El Viejo Logan #77: Siempre nos quedará el Nido

El Viejo Logan #77Una cosa es segura, si no salgo de aquí nada de eso importará un pimiento

 

Ya lo he dicho en La Extraordinaria Patrulla-X #18-19, pero lo repito por aquí para los que no se enteraran. Jeff Lemire hace las maletas a finales del verano y se marcha de la Casa de las Ideas rumbo al incierto, pero creativamente excitante mundo de las editoriales independientes. Esto tendrá el impacto negativo de la ausencia de uno de los autores que más han hecho por remodelar y recuperar personajes para las dos grandes editoriales norteamericanas y el punto aún peor de dejar de disfrutar del maravilloso tándem que forma con Andrea Sorrentino en cada cómic que han sacado juntos. Se perderá, por tanto, a partir de octubre parte del tono crepuscular de Lemire y Sorrentino para sustituirlo por el arte de Mike Deodato Jr. y las ideas de Ed Brisson, pero quizás para entonces, con todo el lío de Marvel Generations por ahí en medio, haga falta airear más de una serie, vaya usted a saber.

 

Por el momento, tratemos de disfrutar de la que yo ya considero como una de las mejores etapas del mutante de las garras de adamántium. El Viejo Logan es un personaje fuera de su tiempo (como lo fuera durante un período más o menos largo el Capitán América) al que pesan unos recuerdos que, al contrario de lo que ocurría con su homólogo tradicional, no han ocurrido y podrían no llegar a tener lugar nunca. Se trata de un personaje muy interesante con el que jugar tanto en su colección como en el equipo de mutantes en el que ha ido a caer. Más aún, mientras en la Distinguida Competencia la gente se da de bruces con las paredes de la realidad al tratar de rejuvenecer a todas sus estrellas y librarles de cosas como el matrimonio (menos mal que Renacimiento ha venido a corregir muchas de esas mamarrachadas…) Marvel nos presenta directamente a un personaje con la palabra “viejo” en el título de su propia cabecera. Detrás de la decisión de dar al Viejo Logan una serie mensual hay mucha valentía y un poco de la voluntad de abrazarse a la realidad del día a día desde la ficción que siempre ha hecho Marvel para sí su sello de identidad.

 

Pues más vale que espabiles, nene

 

El cómic que nos ocupa hoy aglutina los números americanos de Old Man Logan #16-18 para poder ofrecernos en una sola grapa una historia completa que podría parecer de transición, pero que en el año en que se ha estrenado Alien: Covenant tiene mucho sentido y que el propio Lemire utiliza para dotar al mutante de un nuevo objetivo ahora que la serie parecía haberse quedado sin uno claro. El estilo argumentativo, que va saltando constantemente y sin previo aviso de los Baldíos de la historia de Mark Millar a una -en apariencia- abandonada estación espacial, confunde mucho de entrada y con toda probabilidad esta es la intención del autor, que busca dejarnos en el cuerpo una sensación similar a la que va experimentando el propio Logan a medida que va explorando ambos cambiantes escenarios. A este juego contribuye también Sorrentino, con un soberbio uso del color y unos juego de viñetas que me vuelven loco.

 

El Viejo Logan #77

Va a pasar mucho tiempo hasta que alguien vuelva a hacer algo como esto por Lobezno

 

Al final las cosas se irán aclarando y, para cuando todo se solucione, la historia nos parecerá bastante más sencilla de lo que habríamos imaginado en un principio, pero el juego argumental está ahí, en ir poco a poco desenmarañando el hilo que Lemire ha dejado suelto en la primera página de este álbum. No tengo muy claro si conseguirá el autor desarrollar la trama por donde se ha propuesto de aquí al otoño, pero el asunto la verdad es que promete y podría dar lugar a una historia hasta ahora pocas veces contada en el cómic occidental, pero con sobradas pruebas de su salud en el manga de nuestros vecinos los japoneses. Y es que Lemire se va, pero Logan y su salvaje atractivo se quedan para hacer de puente entre el Legado y las nuevas Generaciones Marvel.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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