Empress

Empress: Cariño, he secuestrado a los niños

EmpressLas malas noticias vuelan

 

Cierro este álbum mosqueado al darme cuenta de que he leído uno de los peores trabajos de Mark Millar y dudo horrores sobre cómo poner por escrito qué convierte a esta obra en el fiasco que a mí se me antoja y qué podemos salvar de ella. Resulta muy complicado criticar la labor de una autor que tantas veces me ha maravillado, pero -sinceramente- jamás le había visto dar tantos palos de ciego. Es como si hubiera escrito Empress con prisa y no se hubiera detenido a revisar lo que había redactado.

 

Empress nos cuenta la historia de la mujer de un emperador galáctico que, cansada de la brutalidad de su marido, huye de su lado con su guardaespaldas y sus tres hijos. El dirigente, como no podía ser de otra forma, pondrá la galaxia patas arriba con tal de capturarla y acabar con la afrenta a su honor que suponen sus escapistas familiares. Veo en la historia un cierto paralelismo a tantas otras de mujeres que huyen de brutales maridos en nuestro y en otros países, pero vuelvo a lo mismo de siempre: estas historias tienen verdadero peso cuando tienen un sentido en la historia que se está contando y se entremezclan con ella de forma orgánica. En Empress no tenemos apenas nociones que nos lleven  a pensar que la brutalidad de su gobierno Morax la traslade a la intimidad de sus aposentos. Más bien al contrario, cuando llega el momento de subir a la nave que les alejará del palacio real, la hija mayor de nuestra protagonista se niega a abandonar a un padre al que quiere y venera.

 

No vamos a ir a ninguna parte, zorra

 

Esta es la primera de muchas incoherencias en el guión de Millar. Pero lo peor que llevo es que no termino de saber si detesto o simplemente me causa pereza el personaje principal de esta space opera. Emporia parece tener muy claro lo que quiere para sus hijos (bien por eso), pero no sabe hacer absolutamente nada más. Para ello depende de la fidelidad extrema de su guardaespaldas personal y de su habilidad para hacer casi cualquier cosa que se plantee (le falta una escena cocinando para todo el grupo, porque todo lo demás lo domina el condenado). Esta absoluta dependencia debilita aún más al personaje de Emporia y para cuando Millar quiere rectificarlo, casi al final del cómic, el giro se me antoja artificial, absurdo y que, de nuevo, incurre en la incoherencia de no haber visto al personaje luciendo esa clase de habilidades a lo largo del resto de la historia.

 

Empress

Empress

 

Como únicos puntos positivos para esta historia que aún está por concluir encuentro el siempre correcto dibujo de Stuart Immonen y el rico universo que crea el guionista para sus personajes. Pero ahí acaban las alabanzas, luego te encuentras con escenas en las que el propio personaje ha de explicar qué está haciendo y por qué, dada la falta de lógica, y pierdes las esperanzas. A Empress le falta cabeza, con un poco más de pensamiento detrás de la idea podría haber quedado una historia decente, en lugar del batiburrillo de incoherencias que Millar presenta con la esperanza de rascar algún derecho cinematográfico en una época en la que lo espacial vuelve a estar de moda.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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