Marvels

Marvels: Ha nacido un mito

MarvelsYo era inmortal. Todos lo éramos entonces

 

Buffff… Lo estoy pasando mal. Porque escriba lo que escriba, se va a quedar corto en comparación con lo que significa el completísimo tomo que ha puesto Panini a la venta en marzo. Sólo puedo imaginar lo que significó Marvels en los 90, cuando fue publicado por vez primera. Lo imagino como una bomba nuclear, dejada caer sobre una de las mayores editoriales de cómics estadounidense y con el efecto de barrer todo lo que se había construido en los últimos años para asentar las bases de algo completamente distinto. Marvels era una especie de back to the basics, un Legacy o un Renacimiento diríamos hoy, pero hecho con tanto conocimiento y tanto cariño que traspasaría las fronteras del puro giro de timón editorial para adentrarse en los terrenos del mito, del tebeo al que muchos otros irían en busca de referencia en años posteriores.

 

Una jodida pasada.

 

Kurt Busiek ya llevaba algún tiempo en la industria cuando le presentaron a Alex Ross. Su primera colaboración no llegaría a nuestras estanterías, pero cuando al guionista se le ocurrió la idea de este cómic no había nadie más capaz de llevarlo a cabo. Para Ross esta (casi) primera obra supuso su primer Premio Eisner y su lanzamiento a un estrellato del que no ha bajado jamás desde entonces. Marvels nos descubrió a un artista de técnica impecable que raras veces vemos en el mundo del cómic y, por tanto, abrió este universo a la llegada de muchos otros estilos pictóricos. Marvels es, pues, una puerta que muchos cruzarían entonces ya la que muchos han vuelto a posteriori que marcó un auténtico cambio de paradigma.

 

Nadie sabía realmente lo que ocurría… pero sabíamos lo que significaba

 

Pero, ¿qué hace de Marvels una obra tan espectacular? Básicamente, el uso de un punto de vista distinto a todos los que habíamos visto hasta el momento. Marvels hace un amplio barrido de la historia de la Casa de las Ideas desde sus inicios (cuando aún ni tan siquiera lucía ese nombre) y hasta que la pompa de jabón de nuestra fe en los superhéroes estalló a mediados de los setenta y, sobre todo, los ochenta, cuando colecciones como El Regreso del Caballero Oscuro nos plantearon visiones mucho más siniestras y dramáticas de los personajes de toda la vida. Este recorrido Busiek lo focaliza en un único personaje creado especialmente para tal ocasión. Se trataría de un reportero gráfico (un fotógrafo freelance) llamado Phil Sheldon y Marvels se centra, sobre todo, en la evolución en la manera de percibir a los héroes y a sus conciudadanos de Nueva York de este personaje.

 

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Su paso del terror al asombro y de éste a la admiración coincide con el paulatino hastío de la sociedad ante quienes hace tiempo que dejaron de ser novedad, pero que siguen jugándose la piel por ellos cada día. Esta evolución en la sociedad va minando poco a poco la concepción de Sheldon sobre la misma, pero no deja de ser un fiel retrato del paso de la humanidad a través del siglo XX y camino del XXI. La manera en que Busiek hace coincidir grandes hitos del mundo de los héroes marvelitas con la evolución de la sociedad estadounidense de aquella época es sencillamente genial. Tal y como dicen otras mil reseñas sobre este libro, todo esto confluye en una manera única de bajar a los héroes a la tierra, de hacerlos humanos y, a la vez, dejar que conserven ese halo de divinidad que poseen y que siempre ha hecho que los simples mortales queramos ser como ellos.

 

No estaban aquí para ganarse la aprobación de los mezquinos y los ruines

 

Y luego está Ross. Lo que hace este artista en este tomo es alucinante. Coge escenas clásicas de la historia del cómic y las redibuja, o las reimagina desde un nuevo punto de vista, desde el suelo. Pasar las páginas de este álbum es algo hipnótico, casi religioso. Ayer hice la prueba. Me llevé el cómic de Panini a una reunión con amigos y, cada vez que uno le echaba las zarpas, desaparecía de la conversación, absorbido por unas páginas que te devuelven la mirada con tal intensidad que no parece que “sólo sea un dibujo”. Años después, el dibujante exportaría esta idea a la Distinguida Competencia con ayuda de Mark Waid y así nacería Kingdom Come, otro de los hitos del cómic del siglo pasado.

 

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Panini ha hecho un trabajo soberbio al reeditar este clásico moderno. El tomo resultante tiene casi tantas páginas de extras como páginas de historia y ninguna de las dos sobra. La edición, que cuesta unos dolorosos 35 euros (no todo iba a ser maravilloso), es probablemente la más completa que se haya hecho hasta la fecha y es un auténtico tesoro para el coleccionista aficionado a los cómics de la Casa de las Ideas. Estáis tardando en ir a vuestra librería más cercana.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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