Mosaico: Integral

Mosaico. Integral: Juntando las piezas

MosaicoEl que vale para esto. El que nació para esto

 

Panini trae por fin a España la edición integral de Mosaico, un cómic al que le tenía echado el ojo desde que a Rayo Negro le dio por hacer explotar bombas al final de Infinito. Desde Estados Unidos se nos prometía la historia de un hombre para el que adquirir los poderes de un inhumano suponía perderlo todo en la vida. Morris Sackett se nos presentaba como un jugador de baloncesto en la cima de su carrera en la NBA para el que los poderes no suponían ninguna ayuda, sino más bien una maldición. Convencido por una historia que parecía querer darle un vuelco a los clásicos relatos iniciáticos del camino del héroe, esperé con impaciencia el estreno de la serie en nuestro país.

 

Sin embargo, las ventas de las colecciones inhumanas no han sido las previstas a ambos lados del charco y, aunque finalmente hemos tenido acceso a la colección de Mosaico, ésta ha tenido que llegar mucho después de que se apaguen las llamas de la guerra entre mutantes e inhumanos, el momento de mayor presencia pública del personaje que nos ocupa hoy. Los lectores, por tanto, le hemos visto antes en acción en las páginas del crossover que en las de su propia colección y no hemos tenido hasta ahora ninguna referencia a partir de la cual dotar de un carácter y una personalidad a Morris. La publicación del integral de su primera (y de momento única) temporada viene a subsanar esta falta y lo que nos encontramos en sus páginas nos ayudará a decidir no sólo qué clase de héroe es Mosaico, sino si sus poderes y su personalidad tienen cabida en el siempre conflictivo universo Marvel.

 

Soy alguna clase de entidad energética proyectada

 

La primera bofetada viene al conocer al protagonista. Asumámoslo: Morris Sackett es un auténtico cretino. Uno se tira la mitad del tomo deseando que le asen cosas malas (es decir, peores de lo que es perder tu cuerpo, tu identidad y tu fortuna…). La segunda viene dada por el aspecto y los poderes (sin analizar en profundidad) del sujeto: Mosaico parece poco más que una copia con esteroides del Deadman de DC. Es, en un resumen muy sucinto, una entidad etérea que precisa de la posesión de otros cuerpos para poder interactuar con el mundo tangible. Hay poca novedad en ello y esta segunda muralla puede hacer que muchos lectores caigan antes de haber tan siquiera comenzado a rascar la superficie de lo que el autor, Geoffrey Thorne, nos quiere ofrecer.

 

Mosaico: Integral

Mosaico: Integral

 

Pero quienes lo dejen aquí estarán cometiendo un grave error. Sackett es insoportable, sí, pero también es un tipo al que han estado manipulando desde el momento en que encestó su primera canasta y que está más que dispuesto a aprender. Luego está, además, su poder, que rápidamente se aleja de lo que nos ofrecía el anteriormente citado personaje de la Distinguida Competencia. Cada vez que Mosaico posee a un hombre, mujer (o perro…) es la última. No puede repetir. Pero la cosa no acaba ahí, como le ocurriera al mutante Prodigio, Morris accede al torrente de conocimientos y recuerdos de cada una de sus ‘víctimas’ y los hace suyos, conservando al menos parte de ellos cuando abandona su cuerpo. Esto convierte a Mosaico en un personaje muy plástico que se encuentra en una constante evolución y que, poco a poco, irá descubriendo que, efectivamente, un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

 

¿Volverá a gozar Mosaico de serie propia en un futuro próximo? Personalmente lo dudo mucho; Morris ya ha disfrutado de demasiados minutos él solo en la cancha y ahora le debería tocar compartir su vida con alguno de los muchos equipos superheroicos del universo Marvel. Por edad e historia el que más le pega (aparte de los Campeones) sería el futuro Secret Warriors de Matthew Rosenberg y Javier Garrón, pero dada la actual corriente de regreso a los básicos ya veremos en qué queda la historia de esta estrella de la NBA venida a menos… o a mucho más.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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