Pax Romana / Jonathan Hickman

Pax Romana: Deshaciendo el mundo

 

Pax Romana / Jonathan HickmanGenialidad. No se me ocurre otro adjetivo para describir Pax Romana. Generalmente no suelo hacer mucho caso a las alabanzas que reciben los tomos en sus prólogos, escritos siempre con el ánimo de mostrar las virtudes del autor y su relato, obviando cualquier posible defecto. Una intención comercial que nunca he entendido, pues si ya nos hemos gastado el dinero en el cómic ¿para qué necesitamos que nos vendan la moto cuando ya lo tenemos?

 

Y digo generalmente porque en este caso –y después de haber devorado la miniserie– no podría estar en mayor sintonía con Blair Butler y su discurso introductorio. También digo: Pax Romana no es un tebeo para todos los públicos. La originalidad de su planteamiento y –sobre todo– de su concepción estética puede echar atrás a más de uno.

 

Jonathan Hickman (responsable en la actualidad de la serie de Los 4 Fantásticos y dentro de poco primer espada de Los Vengadores) nos plantea un relato en el que la ciencia –la ciencia ficción– y la religión van de la mano.

 

La sinopsis que podemos leer en la contraportada no puede ser más intrigante: “En el año 2045, el Islam ha invadido Europa y Occidente abandona progresivamente el monoteísmo.

En unos laboratorios secretos del Vaticano, los científicos descubren que el viaje en el tiempo es posible.

El Papa ordena entonces la creación de un grupo de combate liderado por un selecto grupo de cardenales para que viajen hasta el año 312 d.C., durante el mandato del primer emperador cristiano, Constantino, con la misión de cambiar el pasado para salvar el futuro.

Pero las cosas no salen como se planearon“.

 

Con esta premisa cualquier cosa es posible. Y esto es tan atractivo como peligroso, porque la línea que separa una buena idea de una mala es muy fina. Hickman apuesta y gana al dejar de lado el aspecto más fantástico de la historia salvo cuando quiere dar un golpe de efecto, y se centra en la vertiente más política y reflexiva de la misma. Pax Romana es un cómic para disfrutar, sí, pero también lo es para pensar. El autor pone sobre la mesa el gran tema sobre el que nos encanta discutir –y no me refiero al fútbol–: la política. Desde el carácter político de la religión a los tipos de estado existentes. Y siempre a través una perspectiva crítica y pragmática.

 

El volumen está compuesto por cuatro capítulos que abordan la misión del grupo que viaja al pasado, desde los preparativos previos a la consecución y consecuencias de dicha misión. Pero la historia que se nos presenta trasciende la campaña militar, la cual no deja de ser el mcguffin –si es que se puede emplear el término en el mundo del cómic–, pues lo que nos interesa –y atrapa– es lo que la envuelve.

 

Pax Romana hay que leerla sin ideas prefijadas, pues a cada página va creando nuevas expectativas y en cada capítulo ofrece nuevas sorpresas que derriba y modifica esas expectativas por otras. Resulta apasionante. Lástima que el final sea tan abrupto. No porque la acción se resuelva en unas pocas páginas, sino por lo dicho antes, porque la historia trasciende la campaña militar. Las consecuencias de ese viaje en el tiempo que efectúan los protagonistas ofrecen tal cantidad de argumentos que cualquier cosa sabe a poco. Aunque resumirlo todo en una línea cronológica, objetivamente sí es poco.

 

Pax Romana / Jonathan Hickman

 

A nivel formal Pax Romana es una rara avis. Las viñetas tienen tres tonalidades (además del blanco y negro, claro): verdes, azules y naranjas. Con eso se basta el autor para colorear unas viñetas en las que predominan los primeros planos y planos medios cortos de sus personajes. Pocas veces encontramos más de dos en el mismo recuadro o imágenes de algo más que figuras humanas. Los paisajes tenemos que inventarlos casi por completo.

 

El dibujo funciona como una herramienta complementaria, el texto es quien lleva todo el peso narrativo. Incluso hay páginas enteras (alguna doble también) que son pura palabra, en las que apenas hay una viñeta de referencia para localizar a los personajes.

 

Siendo una obra difícil de catalogar, Pax Romana es una lectura –y compra, ¡qué demonios!– obligatoria, tanto para lectores de cómics como para los que no. Esa vergüenza que se siente a veces cuando vamos leyendo un tebeo en el metro o el autobús por el qué dirán, desaparece por completo con esta pequeña joya. Si hay una novela gráfica de la que presumir es esta.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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