Alien / HR Giger

Cuatro cartas de amor para un monstruo

La llegada de Prometheus supone el regreso de Ridley Scott a la saga Alien. Lo que conlleva a un aluvión de sentimientos encontrados. Para muchos es una saga sagrada y sobra decir que la primera entrega es todo un clásico de visionado obligatorio. La pregunta clave es: ¿De verdad queremos ver al creador tropezar en su creación? Por otra parte, el sentimiento que más prima en el aficionado (en el que yo me incluyo) es la curiosidad. Amo a la saga Alien y sus secuelas. Alien es una de las razones por las que me gusta el cine. Daba miedo, sus personajes eran cojonudos, la estética única y lo más importante, las personas que decían que no les gustaban las películas de monstruos daba la casualidad de qué les gustaba ésta. Y mucho. Cuando era pequeño mi padre nunca se atrevió a prohibirme ver Alien. Sabía que no estaba viendo ninguna porquería.

 

Alien

 

A día de hoy, todavía desconocemos que forma tendrá Prometheus, ¿es de verdad una precuela de Alien? ¿un spin off? Adopte la forma que adopte, creo que estamos obligados a echar una mirada atrás y revisar el legado dejado por un hasta entonces joven visionario llamado Ridley Scott, por la digna recogida del testigo en manos de un también jovencísimo James Cameron en su secuela, por la apocalíptica aportación de David Fincher en esa incomprendida pero nada desdeñable tercera parte y por la particular y cínica visión dejada por el francés Jean-Pierre Jeunet en su Alien Resurrection.

 

Todas estas películas son únicas. Todas ellas comparten el ADN del Alien y respetan la aportación dejada por el anterior director para luego darle un giro nuevo y un punto de vista personal. Es la conjunción del cine más comercial con las obsesiones de autores interesantes y evocadores. Alien es, al fin y al cabo, una saga única.

 

UN MONSTRUO ÚNICO

 

Cuando se oye hablar de películas de monstruos, es muy posible que a uno le venga a la mente la imagen de la extraña criatura de cabeza ovalada y cuerpo biomecánico, diseñada por un tal H.R. Giger en Alien, el octavo pasajero. Forma parte de la imaginación colectiva. Una criatura inolvidable; un monstruo que tiene el don de crear repulsión y fascinación a la vez.

 

Durante la escritura del guión y luego en la preproducción de Alien, el octavo pasajero, los responsables del filme se encontraron con el primer gran obstáculo el cual no estaba del todo aclarado en el guión. Un obstáculo que de no ser superado echaría al traste toda la película (y con toda la razón). El eje central de la película era el Alien que da título la película, pero ¿cuál sería el aspecto de la criatura?

 

Nadie conocía la respuesta.

 

Se hicieron algunos bocetos y acercamientos preliminares pero ninguno convencía a ese joven exigente y perfeccionista que era Ridley Scott. Todos ellos remitían precisamente a lo que él quería evitar: una película de monstruos de serie B. Y todos esos primeros bocetos iban en esa dirección.

 

Por ardides del destino, Ridley Scott se encontró con un libro de ilustraciones. Un libro de un artista gráfico y escultor bastante inquietante llamado H.R. Giger. Dentro de este libro estaba una ilustración llamada Necronomicon V. Ahí, ajena completamente a la película Alien, estaba el dibujo que contenía a esa extraña figura humanoide que años más tarde el mundo identificaría como la genuina criatura “alien”. Así, curiosamente, el alien existía muchísimo antes que la película.

 

Alien / HR Giger

 

Ridley Scott impactado por la ilustración y por todas las posibilidades que le inspiraba supo entonces que ya tenía a su monstruo y no dudó en ponerse en contacto con Giger para contratarle para el diseño alienígena de la película, creando todo lo concerniente al monstruo y a su entorno (la nave extraterrestre, el Space Jockey, Facehuggers, Chestbursters, etc.).

 

Bien es cierto que el diseño dejado por Giger es asombroso: esa cabeza ovalada, de obvias connotaciones fálicas (muy recurrentes en todo el universo pictórico de Giger, así como las connotaciones vaginales, úteros, etc…), su forma horriblemente humanoide que supone uno de sus rasgos más terroríficos ya que el monstruo se asemeja a nosotros; así como su aspecto exterior cuya textura nos recuerda a cables y tuberías industriales. Algo a lo que Giger le daría el nombre de figura biomecánica. Pero no olvidemos que es todo esto, junto a la coherencia biológica del monstruo -enarbolada por los guionistas Dan O’Bannon y Ronald Shusett-, lo que de verdad dio credibilidad y trascendencia a la criatura y que ha hecho de Alien una película importante. Dentro y fuera del género.

 

BIOLOGÍA ALIENÍGENA

 

Dan O’Bannon y Ronald Shusett se tomaron en serio a su criatura y lo hicieron a conciencia, con todas las consecuencias. Creyeron en ella, la trataron con extremo cariño, tal y como haría un padre con su pequeño, y la dotaron de una fisiología concreta y de un proceso biológico coherente, basado en la biología de insectos reales (avispas como la Glyptapanteles o la Nasonia) que usan a otros insectos como huéspedes para depositar los huevos de sus larvas. Es a partir de este proceso biológico con el cual se cimienta la estructura del guión. El primer, segundo y tercer acto están intrínsecamente unidos a los diferentes procesos biológicos del bicho convirtiendo el guión de Alien en un guión ejemplar desde el punto de vista estructural, creando para el público un vaivén de emociones y planteándole todo tipo de interrogantes y expectativas.

 

Si nos remontáramos a la fecha de su estreno, a la primera proyección del filme, asistiríamos a un completo desconcierto por parte del público. No tenían ni idea de lo que se les venía encima.

 

Alien / Ian Holm / FacehuggerRepasemos: primero la visita de un grupo de “camioneros espaciales” a un planeta desconocido con una nave extraterrestre más desconocida aún, luego un piloto alienígena muerto (no se trata de una criatura alien sino del Space Jockey. Ninguna de las entregas ha profundizado en esta criatura. Sí lo hará, no obstante, la película Prometheus), luego una cámara llena de huevos dentro de esa nave, pasamos entonces a un huevo que se abre y de él sale una criatura en forma de araña que se agarra a la cara de uno de los tripulantes, un personaje llamado Kane interpretado por John Hurt. A estas alturas, el público cree que se le ha desvelado a la criatura. No es así. Poco después asistimos a como los compañeros intentan quitarle a Kane la extraña criatura en forma de araña. El oficial médico, Ash (interpretado por un soberbio Ian Holm) le hace una pequeña incisión en una de sus patas y descubre que su sangre es ácido. Conclusión: no pueden quitar el extraño organismo sin matar al tripulante o sin dañar la nave. En este momento, en palabras de Robert Mckee (gurú del guión en Estados Unidos), el público se da cuenta de una cosa, de una gran verdad: los siete tripulantes de la nave están de mierda hasta el cuello.

 

La situación parece calmarse: la criatura con forma de araña ya no está en la cara de Kane. De hecho está muerta. Ante el desconcierto de los personajes (y del público), la tripulación decide abandonar el planeta. El público no sabe muy bien que pensar ahora. La amenaza ha desaparecido pero aún así una tensión latente invade al público. Han pasado cuarenta minutos de película y aún queda la mitad del metraje.

 

Entonces, el personaje de John Hurt despierta y aparentemente se encuentra bien. Incluso tiene apetito. Con la nave en marcha, en dirección a La Tierra, deciden darse un banquete de última hora antes de introducirse en las capsulas de hipersueño (que son las que hacen posible los viajes al espacio).

 

Y llegamos a la secuencia estrella de la película. En la comida, John Hurt comienza a tener pavorosas convulsiones. De repente, su pecho estalla. Inolvidable la reacción de Veronica Cartwright llena de sangre. Del pecho abierto de Kane asoma una pequeña y extraña criatura que no duda en mirar a todos los tripulantes como si estuviera haciendo las debidas presentaciones. Por fin, ya tenemos al octavo pasajero en la pantalla. Antes de que nadie pueda moverse, la criatura huye.

 

En la siguiente secuencia somos testigos de la culminación del proceso biológico del bicho. Tras la muerte de Kane, la tripulación decide rastrear la nave en busca de la pequeña criatura. Uno de ellos se separa (como mandan los cánones de toda película de terror) y se encuentra cara a cara con el alien. Sólo que ya no es el ser pequeño que habían visto. Es una criatura de dos metros de altura y de aspecto horrible.

 

Y así, las cartas ya están sobre la mesa y la espera del público ha merecido la pena. La introducción de un monstruo ficticio pero que atiende a toda una lógica biológica y fisiológica. Un monstruo en el que sus creadores pusieron a su servicio todo su talento y cariño y que como resultado respira verdad por cada uno de sus poros biomecánicos.

 

APORTACIONES DE SCOTT

 

Con Alien, Ridley Scott cambió por entonces la concepción que se tenía de las películas sobre el espacio y de la ciencia ficción en general. Huyó de toda sofisticación futurista, de escenarios asépticos y blancos. Se alejó de la herencia dejada por Kubrick en 2001: Una odisea en el espacio, o las naves llenas de juguetitos tipo Star Trek y La Guerra de las Galaxias. Rechazó sugerir un progreso alentador en la humanidad.

 

Alien

 

El futuro de Ridley Scott no es sofisticado. Es deprimente, sucio y lo peor de todo, demasiado familiar. Hay tecnología pero la que hay está llena de oxido, de tuberías y vapores.

 

En propias palabras de Ridley Scott, su visión de Alien era más cercana a La matanza de Texas que a 2001: Una odisea en el espacio. Pretendía hacer una Matanza de Texas en el espacio. Para ello buscó una estética pretendidamente “feísta” y lo consiguió. Los escenarios de la nave son estrechos, llenos de tuberías, cables. Hay goteras. Casi parecen los pasillos de una alcantarilla. No hay espacio para el glamour. La banda sonora se hace eco de esto mismo: es minimalista, fría, atmosférica, nada de sinfonías operísticas como en 2001: Una odisea en el espacio. Tampoco es la música de película de terror al uso. La banda sonora huye de lo obvio y no hace uso de torpes golpes de efectos para potenciar el terror. De hecho, Ridley Scott utiliza temas sutiles para contraponer la brutalidad que nos muestran las imágenes. Lo que crea un curioso efecto psicológico de desamparo en el público ya que notan que no hay nada que respalde sus emociones. Están solos.

 

LOS PERSONAJES DE RIDLEY SCOTT

 

La presentación de los personajes en la secuencia del desayuno es una declaración de intenciones: ninguno de ellos lleva una indumentaria futurística como hubiera sido lo lógico en un film de estas características. En su lugar, simples monos de trabajo, gorras o camisas informales. Mientras desayunan y toman café, el tema de conversación son los honorarios y las horas de trabajo. Son camioneros espaciales, así de simple.

 

El casting es uno de los grandes aciertos de Scott. Se rodeó de buenos actores y de ninguna estrella. Era obvio que tenían que ser actores que dejaran muy claro quiénes eran en un espacio muy corto de tiempo y conseguir que el público se identificara con ellos. Sobra decir que entre los actores estaba una jovencísima Sigourney Weaver interpretando al que posteriormente sería el hilo conductor de la saga: la teniente Ellen Ripley. En esta primera entrega, su personaje no adquiere relevancia hasta bien avanzado el metraje. En los primeros borradores del guión toda la tripulación era masculina. El personaje de Ripley era varón (sería interpretado por Tom Skerrit, que finalmente interpretaría al Capitán Dallas). Al final, Ridley Scott propuso introducir a dos mujeres: a Lambert (Veronica Cartwright) y que el personaje de Ripley fuera femenino.

 

Alien / Ridley Scott & Sigourney Weaver

 

El juego que nos propone Scott a lo largo de la película (y que luego creó escuela en filmes posteriores: Depredador, La cosa) es la ausencia de un protagonista claro. El público se va identificando con algunos de los personajes a lo largo de la película pero da la mala suerte de que éstos van muriendo, creando un gran desaliento en la audiencia. No hay forma de saber quién será el siguiente. En la primera parte del metraje el protagonismo reside en Kane hasta que le ataca el alien con forma de araña. Luego el protagonismo pasa al Capitán Dallas pero muere de forma inesperada. Parker parece ser el siguiente en la lista. Finalmente, y sin que nadie lo hubiera sospechado, la única superviviente y heroína es Ripley.

 

A estas alturas puede que no sorprenda pero en 1979 era impensable que en una película de género el protagonismo estuviera en manos de una mujer. Las películas de acción y de terror estaban llenas de “machos alphas”, “Charles Bronsons” y “Stevens Mcqueens”. Películas hechas por hombres y para hombres. Por primera vez, la mujer no se limitaba a ser una simple acompañante del héroe y a curarle las heridas cuando todo hubiera terminado. Tanto Lambert como Ripley iban en contra de esa idea. Sin discusión posible, Ripley era la verdadera heroína de la película y ese rol marcaría un antes y un después en lo concerniente a los personajes femeninos en el cine.

 

JAMES CAMERON Y CÓMO HACER UNA SEGUNDA PARTE

 

En 1986 se estrenó Aliens, el regreso, dirigida esta vez por otro joven talentoso llamado James Cameron que anteriormente había dirigido la asombrosa Terminator (y la no tan asombrosa Piraña 2). Lo cierto es que Cameron lo tenía verdaderamente difícil. Alien, de Ridley Scott se había convertido en un clásico. Un film intocable. No sólo se trataba de no dañar el recuerdo dejado por la primera, sino de aportar elementos nuevos y hacerse dueño un material del que él, a priori, era del todo ajeno.

 

En la actualidad podemos decir que consiguió sorprender tanto a críticos como aficionados, a la propia industria e incluso a los habituales detractores de las segundas partes.

 

Si anteriormente decíamos que el guión de Dan O’Bannon y Ronald Shusett era un ejemplo a destacar de cómo debía estructurarse un guión, el guión escrito por Cameron para Aliens, el regreso es un ejemplo de cómo debe hacerse una secuela. Utiliza los elementos presentes en la primera entrega y respeta religiosamente la mitología ya creada, sin por ello renunciar a una entidad propia. Además, esta secuela define de una forma más precisa al personaje de Ellen Rilpey y la eleva a cotas mayores. Como curiosidad hay que mencionar que Sigourney Weaver estuvo nominada al Oscar por su actuación en esta película.

 

AliensEn el apartado estético y a la dirección artística ocurre lo mismo. Hay un sumo respeto por lo ya creado antes. Pese a la ausencia de Giger, su trabajo sigue muy presente en cada fotograma de Aliens, el regreso.

 

Cameron no se limita a hacer una simple extensión del original o hacer una especie de remake anabolizado. De hecho consiguió algo verdaderamente difícil, convertir una segunda parte en algo propio, salido de sus entrañas. Es un filme perfectamente coherente dentro de su filmografía y de las películas que haría en adelante (Terminator 2, Abyss, Titanic, Avatar). Por expresarlo de una manera simplista, el Alien de Scott y el Aliens de Cameron comparten el mismo ADN pero no bailan la misma música. Sí Ridley Scott hacía un agobiante ejercicio de terror y de suspense en el espacio, James Cameron hace un hiperbólico ejercicio de acción y adrenalina. Cameron abandona la idea de los camioneros por la de los marines espaciales y esta vez no hay una sola criatura, sino miles de ellas. En palabras de Cameron su idea era llevar Vietnam al espacio. El espectáculo estaba más que servido.

 

MÁS APORTACIONES DE CAMERON

 

Con el perdón de la Reina Alien (presentada de forma brillante por primera vez en esta película) el mayor acierto de Cameron fue darle una mayor trascendencia al personaje de Ellen Ripley convirtiéndola en un icono inseparable de la saga. Después de esta secuela, era inconcebible pensar en Alien sin pensar en Sigourney Weaver.

 

Una cualidad de Cameron y que define su cine, es su mano para los personajes femeninos. Toda su filmografía está repleta de mujeres fuertes y luchadoras, y lo más importante, creíbles. En sus películas nunca vemos a niñas bonitas jugando a los vaqueros, error muy habitual de muchos otros directores al convertir personajes femeninos en improbables heroínas que sólo sirven para el propósito de aliviar unas cuantas fantasías sexuales. Ejemplos hay a miles: véase la saga Resident Evil, Tomb Raider, Underworld... Mujeres que disparan, saltan y sobreviven a infiernos termonucleares pero que de forma absurda su belleza y “postureo” sigue intacto por las exigencias sexistas de sus creadores.

 

Aliens / Jenette Goldstein

 

James Cameron, por el contrario, apuesta por la honestidad y la coherencia de sus personajes. La lista habla por si misma: Sarah Connor en Terminador (sobran palabras), Helen Tasker en Mentiras Arriesgadas (interpretada por una gran Jaime Lee Curtis) o Rose Dewitt Bukater (encarnada por Kate Winslet) en Titanic. Un ejemplo paradigmático es el de la memorable Vasquez, interpretado por Jenette Goldstein, en Aliens, el regreso. La actriz era pelirroja, ojos claros y pelo largo. A priori no había nada que la acercara a la mujer morena, musculada, de ojos negros y acento mexicano que vemos en la película. Pero aún así, Cameron haciendo caso a su instinto, apostó por ella. El resultado habla por sí mismo.

 

Los otros personajes del film de los que no podemos olvidarnos son las criaturas Aliens. Como ya hemos mencionado, esta vez no hay una, sino muchas. Cameron retoma el camino dejado por Dan O’Bannon y Ronald Shusett y lo amplifica hasta su progresión más lógica.

 

La conclusión de Cameron es que las criaturas son similares a los insectos y forman colonias allá donde van: son laboriosas, construyen extrañas estructuras en lo que podría llamarse su nido, tienen líneas de ataques y de defensa y están lideradas por una reina ponedora de huevos. A la que conocemos en el emocionante y épico tercer acto del film en un gran duelo de leonas entre ella y Ripley.

 

Cameron, como vemos, nunca pierde ocasión en hacer su particular oda a la mujer.

 

Y A LA TERCERA NO VA A LA VENCIDA

 

Tras esta épica y emocionante segunda parte, llegó Alien 3 cuyo tono oscuro, deprimente y apocalíptico rompió con todo lo sembrado por Cameron. El público no se esperaba una respuesta como ésta y la película no funcionó en taquilla tanto como hubiera gustado.

 

La segunda parte era tan grandilocuente e hiperbólica que el público esperaba ver algo parecido en la tercera, que el espectáculo continuara por esos derroteros. Sin embargo, David Fincher optó por todo lo contrario y despojó a la tercera parte de todo halo épico. La dotó de melancolía, oscuridad. El público lo percibió como si de repente, en la mejor parte de la fiesta, se apagaban las luces.

 

EL TOQUE APOCALÍPTICO DE DAVID FINCHER

 

David FincherDavid Fincher fue el director escogido para la nueva secuela. Hubo varios candidatos antes que él e incluso otro director llamado Vincent Ward estuvo en la fase de preproducción e iba ser él quien la dirigiría. El guión con el que contaba era una versión diferente al que llegaría a las pantallas. Sin embargo, cuando Fincher subió a bordo se encontró con que el trabajo de Ward era bastante afín a sus ideas (obsesiones apocalípticas por doquier, fatalismo existencial, interrogantes religiosos); por ello se inspiró bastante en lo que él ya había sembrado. El guión de Ward estaba ambientado en un lejano planeta habitado sólo por monjes y con construcciones de maderas por todas partes. Al estrellarse la nave de Ripley, de la que sería la única superviviente, ella alteraría el orden de esa comunidad de monjes, obviamente por su condición de mujer. Por si fuera poco, la nave traería consigo un alien desencadenado un conflicto de fe entre los monjes. ¿Qué era el alien? ¿Una encarnación del mal? ¿Un engendro de la mujer? ¿Un ídolo sagrado?

 

Para el aficionado, recomiendo fervientemente echar un vistazo a los extras de la versión especial en DVD de Alien 3, donde el propio Ward acompañado de ilustraciones originales que hizo de su guión, explica paso a paso como hubiera sido su versión de Alien 3. Cuanto menos, hubiera sido una película interesante.

 

La productora desechó la idea de los monjes y el extraño planeta de madera y Ward fue desestimado para dirigirla.

 

Alien 3 / Design Lebbeus Woods

 

En el guión definitivo de Alien 3 (y dirigido por Fincher) se abandonó la idea de las estructuras de madera por la de una prisión interplanetaria, y los monjes fueron cambiados por presos. Presos que seguían ciegamente un fundamentalismo religioso poco halagüeño. Al igual que en el guión de Ward, la nave de Ripley se estrellaba en el planeta siendo ella la única superviviente, y trayendo consigo a otra de las odiosas criaturas. Luego, simple repetición de los esquemas establecidos.

 

La productora fichó a David Fincher para Alien 3, que iba a suponer la primera película de su carrera. Aún así, con apenas treinta años de edad, tenía una larga trayectoria de videoclips y spots publicitarios a sus espaldas. Muchos de ellos bajo un siniestro y polémico sello propio que posteriormente quedaría reflejado para el gran público en sus películas, definiéndole como unos de los autores más interesantes de los últimos años.

 

Al igual que ocurrió con Scott y Cameron que lucharon por imponer su criterio a la franquicia y hacer de Alien una película coherente en su filmografía, Fincher hizo otro tanto de lo mismo. Pero fue el que peor salió parado de los tres.

 

Las circunstancias de esta película fueron más extrañas y caóticas que en las anteriores (cuyos rodajes tampoco fueron un día de playa). Normalmente, en las superproducciones, la preparación de las películas va de adelante hacia atrás en el tiempo. Me explico: lo primero son los acuerdos con la distribuidora y los exhibidores. Y con ellos se establece la fecha del estreno. Esto ocurre muchísimo antes de que se esté preparando la película. Incluso antes de que haya un guión. La película está vendida antes que se haya realizado. Este sistema es una herencia directa de ese tándem (odiado y querido) formado por Spielberg y Lucas cuando allá a finales de los setenta inventaron el término blockbuster con películas como Tiburón o La guerra de las galaxias. Es un sistema que conlleva a grandes presiones para toda la gente involucrada en la película. Una vez que se ha firmado los acuerdos con la distribuidora y se ha señalado la fecha exacta del estreno (y repito, la gran mayoría de las veces no hay guión escrito aún), no hay vuelta atrás. Empieza una carrera contrarreloj para llevar a buen puerto la película y una guerra para salvaguardar los distintos intereses: los del director (artísticos) y los de los productores (económicos), que intentan a toda costa proteger su inversión. Los productores sólo conocen una forma para hacer esto, y es adelantándose a las expectativas del público. En su afán por convertirse en adivinos ocurre lo que tanto odian los críticos: las llamadas concesiones a la galería. Y hay que decirlo, muchas veces esas concesiones a la galería (ajenas a una lógica dentro de la historia), son las que convierten una buena película en algo mediocre (o peor).

 

Alien 3 es un ejemplo perfecto del sistema de adelante hacia atrás en el tiempo. Tras el éxito de Alien, el regreso, la productora dio luz verde para la preparación de una tercera parte y se apresuró para llegar a acuerdos con las distribuidoras. Se estableció que se estrenaría el 22 de mayo de 1992. Entonces empezaron los problemas. El primer guión no gustó a la productora. El segundo tampoco. Llegó el guión de Ward y tampoco gustó. Y aquí llega lo increíble, cuando Fincher sube a bordo y empieza a rodar, aún no hay guión definitivo.

 

Alien 3 / Sigourney Weaver

 

Fincher tuvo que vérselas en un territorio comanche en que cada día se efectuaban cambios de guión, se proponían nuevas direcciones de una productora desbordada y desorientada. Lo único que era definitivo eran los decorados que se habían construido antes de tener listo el guión. Fincher, además de vérselas con este panorama surrealista, lo hizo también con sus propias pretensiones de conseguir una película personal (la cual se alteró de forma salvaje en la sala de montaje a favor de la productora). Frustrado, estuvo cerca de abandonarla. No sólo la película sino el mundo del cine.

 

David Fincher reniega de Alien 3. Muy pocas veces ha hablado bien de ella (si es que lo ha hecho alguna vez) y es el único director que se ha negado a hacer su audiocomentario en las ediciones especiales en DVD. Las entrevistas que hay de él sobre la película pertenecen a la época en que se estrenó, en plena vorágine promocional. No hay ninguna actual.

 

A día de hoy, a toro pasado, se puede decir, a pesar de las irregularidades, que Alien 3 es una perfecta carta de presentación de lo que Fincher haría después. En el peor de los casos podríamos definirla como una película de encargo extrañamente personal. En Alien 3 están presentes sus obsesiones fatalistas y sus críticas hacia el ser humano, su siniestro estilo estético, su aire subversivo, que luego desarrollaría con mayor profundidad en películas como Seven, El club de la lucha, The game o La habitación del pánico. Alien 3 es una película genuinamente fincheriana pero irregular dentro de la franquicia. No hay que olvidar tampoco el apartado técnico y los efectos especiales. Fincher siempre ha sido un pionero en ese menester, alejándose (eso sí) de los usos onanistas que posteriormente harían directores como Michael Bay, Emmerich y compañía. Su relación con la tecnología siempre ha sido para apoyar a la historia y dotarla de una identidad especial.

 

Alien 3En Alien 3, sus influencias del mundo del videoclip y de los spots no tardaron en aparecer y el equipo de efectos especiales empezó a explorar las posibilidades que ofrecía la tecnología de la época. Algo que se convertiría en una tradición en las películas sus películas. Por ejemplo, Fincher fue de los primeros directores en abandonar por completo el celuloide y pasar al digital con resultados asombrosos (Zodiac, La red social, El curioso caso de Benjamin Button). En el caso concreto de Alien 3, fue de los primeros en usar CGI para crear una criatura (el pionero seria Cameron con su Abyss y Terminator 2). Aunque hay que decir que el tiempo ha hecho mella en su resultado. La única película de la época que permanece intacta al boom infográfico de a principios de los noventa es Jurassic Park de Steven Spielberg.

 

El resultado de Alien 3 es evidente. La película se ve perjudicada por las luchas entre su director y la productora. Tanto las ideas de Fincher por darle un aire nuevo a la saga como las de la productora por mantener lo que previamente había funcionado e impedir que el camino se desviara demasiado, hacen que Alien 3 quede a medio camino. Si el Alien de Ridley Scott puede quedar enmarcado perfectamente dentro del género de terror y el Aliens de Cameron en el de acción, no se puede decir lo mismo de Alien 3. Ahí está su mayor debilidad. En cierto modo es un film inclasificable, que nada en varias aguas. En ocasiones se asemeja a la primera en su intento de dar terror y en ocasiones tiene una vertiente más dramática. Es el esfuerzo de Fincher de dar trascendencia a la saga. Pero las numerosas modificaciones que tuvo el guión y la mutilación durante el montaje de lo que había grabado Fincher no llegan a culminar este propósito.

 

En la primera parte de la película se siente la presencia del monstruo como un elemento anecdótico dentro de ese interesante mundo de presos. Sin embargo, por las imposiciones de la productora a ese mundo no se le deja respirar lo suficiente y cuando llegamos a la segunda parte del metraje, cuando el alien toma protagonismo y empieza a matar (el cual, por su tardía aparición, no adquiere la relevancia deseada), al público no le importa demasiado los personajes como para identificarse con ellos. Algo que no ocurría en las dos anteriores entregas. Por suerte, llegamos a un final que equilibra la balanza y que supone uno de los mejores momentos de la película y un digno y lógico cierre de la saga.

 

Alien 3 / Sigourney Weaver

 

En cuanto al personaje de Ripley, ya desde los títulos de crédito del inicio, se nos dan pistas de cuál será su destino. La fatalidad se cierne sobre ella en esta cinta, en la que tendrá que aceptar su destino de trágica heroína. Una decisión lógica por parte de los guionistas a tenor con todo lo vivido por la protagonista. En Alien 3, Ripley tiene un alien dentro y en la memorable secuencia final decide sacrificarse tirándose al magma delante de los codiciosos hombres de La Compañía, omnipresentes durante la saga y que vienen a simbolizar el mal.

 

Fincher, rompiendo esquemas preestablecidos como siempre, decidió que Sigourney Weaver se rapara al cero la cabeza. La leyenda cuenta que Fincher se lo dijo a la actriz la primera vez que se conocieron cuando ella le preguntó qué opinaba de su personaje en esta tercera parte, a lo que le simplemente respondió:

 

¿Qué te parecería si te rapamos al cero la cabeza?

 

ALIEN 4 Y COMO RESUCITAR A LA HEROÍNA

 

Tras la decepción causada por la tercera parte, la productora se encaminó a la preparación de una cuarta parte. Se discutió mucho si Sigourney Weaver estaría presente en la nueva entrega y de estarlo, como lo haría si su personaje estaba muerto.

 

Cuando finalmente se confirmó que Sigourney Weaver sí estaría en Alien 4, la persona encomendada para la dificultosa tarea de escribir y traer de vuelta al personaje de Ellen Ripley fue a un por aquel entonces desconocido Joss Whedon (ahora en el culmen de su carrera tras haber dirigido la desmesurada pero entretenida Los vengadores). La tarea no era sencilla y estaba llena de trampas y presiones inherentes. Pronto, según sus propias palabras, se vio asaltado por sugerencias de cómo debía hacer volver a Ripley. La sugerencia que más se reiteraba, era también la más demencial: pasar por alto los sucesos de la tercera parte y atribuírselos a un desagradable mal sueño. Que Ripley se despertara de la cápsula de hipersueño de la Sulaco (la nave de Aliens, el regreso) y se diera cuenta de que su incursión al planeta de presos y su acto de sacrificio final habían sido obra de una pesadilla espacial.

 

Alien Resurrection

 

Whedon descartó la premisa por lo delirante que resultaba y siguió devanándose la cabeza hasta llegar la conclusión más lógica y creíble. Ellen Ripley no podía estar presente como tal en Alien 4. Su personaje estaba muerto. Pero si podía estarlo en forma de clon. La Compañía, en su intento por capturar a la criatura Alien clonaría a Ripley a través de las muestras de sangre recogidas en el lugar de su muerte en Alien 3, para así poder extirparle al engendro que tiene en su interior.

 

UN FRANCÉS EN HOLLYWOOD

 

Encantada con la resurrección de Ripley, la productora se encaminó a por la búsqueda de un nuevo director. Cabe destacar que uno de los candidatos fue Alex de la Iglesia pero que rechazó la propuesta. Finalmente, el testigo recayó en el francés Jean-Pierre Jeunet cuyas películas anteriores codirigidas con Marc Caro (Delicattesen y La ciudad de los niños perdidos) resultaban apabullantes desde el punto de vista visual.

 

Aunque muchos aficionados consideran a Alien: Resurrección la peor entrega de la saga, superando la decepción producida por la tercera parte, estamos ante una interesante película que hace grandes esfuerzos por mantener viva la franquicia con grandes dosis de imaginación.

 

Sin duda es la entrega más ligera y divertida de la saga. Quizás el adjetivo “divertida” esté fuera de lugar en una saga que se ha caracterizado por todo lo contrario, pero al igual que ocurrió con los directores anteriores, que reflejaban en cada una de sus películas sus obsesiones, Jean-Pierre Jeunet no pudo ocultar su personalidad. La película está llena de momentos de humor negro, personajes estrambóticos pero entrañables (como olvidar a Ron Perlman o Dominique Pinon) y momentos gloriosos y surrealistas.

 

Alien Resurrection

 

La película tiene un aroma autorreferencial y paródico de la que carecían las anteriores y que a veces se pedía a gritos. Tanto Scott como Cameron creían en sus monstruos y por eso pusieron particular esmero en la creación de los mismos. Fincher no creía tanto en el monstruo como en los personajes y en el mundo en el que estaban inmersos, por eso focalizó su atención en ese aspecto. Jeunet no cree ni en lo uno ni en lo otro. Adopta una visión cínica, quizás debido a su herencia europea. Las grandes películas de acción y de terror nos demuestran que los directores americanos creen en sus superhéroes, en sus monstruos y por eso crean esa magia que nos deja estupefactos. Los europeos tenemos una visión más realista y cínica de las cosas y por ello suelen surgir películas más grises, más cercanas a un mundo poco complaciente. Por así decirlo, Jeunet sabía que no le merecía la pena creerse a los monstruos. Iba en contra de lo que pensaba y por eso adopta una visión distante y caricaturesca, pero, al fin y al cabo, legítima.

 

Por otra parte, Jeunet focaliza gran parte de su atención en la puesta en escena y en todo lo concerniente a lo visual. Cabe destacar la increíble fotografía de Darius Khondji, donde no hay un plano que desmerezca y el uso de esos movimientos de cámara arriesgados al más puro estilo comic que nos recuerdan al mejor Sam Raimi.

 

Es inevitable ver esta película con cariño al sentir los duros esfuerzos de este talentoso francés de llevar una saga con unas reglas y una mitología bastante arraigadas a su particular mundo. Escenas como la de la cocina inundada o la de Ripley descubriendo a los clones desechados parecen sacadas directamente de su propia cabeza. El plantel de secundarios es toda una declaración de intenciones. Si bien podemos estar en el mundo Alien (así lógicamente lo exige la productora), con los actores escogidos, de rostro tan característico, estamos también en el mundo Jeunet.

 

Alien Resurrection / Sigourney Weaver and Winona Ryder

 

Dominic Pinon, actor fetiche de Jeunet, nos regala un personaje inolvidable, un improbable superviviente atrapado en una silla de ruedas y con muy mala leche. Ron Perlman, que había trabajado con Jeunet en La ciudad de los niños perdidos, tampoco se queda atrás en el papel de un bruto pirata espacial. Sin olvidarnos de Brad Douriff (voz de Chucky en la saga de Muñeco Diabólico) encarnando a un mad doctor de manual y que nos regala una de las escenas más divertidas de la película: el buen doctor, protegido por una fuerte barrera de cristal, burlándose de los aliens, lanzándoles besos e impartiendo una improvisada lección de conductismo pavloviano.

 

Por desgracia, al igual que Fincher, la experiencia de Jean-Pierre Jeunet no fue del todo satisfactoria. Hasta la fecha no ha vuelto a trabajar el Hollywood pese a que le ofrecieran dirigir la quinta parte de Harry Potter. Según sus propias palabras, en la fase de rodaje de Alien pudo grabar más o menos lo que él quería (aunque se quedó con las ganas de rodar cosas graciosas como un mosquito que picaba a Ripley, cuya sangre en esta entrega era ácido, y el insecto se disolvía en el aire). Pero cuando llegó la fase de montaje, empezaron los problemas para Jeunet. Se inició el ya conocido debate entre la visión del director y la visión de la productora. Como normalmente ocurre en estos casos la balanza se inclinó por la productora con la lógica resignación de Jean-Pierre Jeunet.

 

CUATRO DIRECTORES, CUATRO VISIONES

 

La saga Alien es el ejemplo perfecto de que la personalidad del director no se puede esconder detrás de una obra por muy comercial y conocida que sea. Aunque la productora marque una línea seguir, aunque mutile secuencias claves, aunque el guión sea un encargo y no exista posibilidad de modificación (véase Alien 3 y 4), lo último que queda y es inalterable es la visión y el alma del director. Para bien o para mal, aunque el propio autor lo pretenda o se avergüence de lo que está haciendo no puede escapar de eso. Esa es la magia del cine. No se puede mentir aunque lo pretendas. El público sabe cosas del creador que ni el mismo creador sabe que existe. Todas las decisiones que se toman al hacer una película: tipo de iluminación, tipo de encuadres, la puesta en escena, estilo de música, el casting (sobre todo los secundarios que son los que ha podido elegir el director) son los que delatan la personalidad del director y su buen o mal criterio. Las cuatro películas son totalmente diferentes y se hacen eco de esto mismo. La forma de abordar los personajes, de rodar las mismas situaciones que se repiten a lo largo de la saga (y ninguna de estas situaciones está realizada de la misma forma), el aspecto visual son diferentes y únicos en cada entrega. Y lo más sorprendente, todos están bajo una solida e interesante base.

 

Alien / Space Jockey

 

Ahora Ridley Scott vuelve al planeta que inició la saga. Eso nos llena de emoción y terror a partes iguales.

 

Lo único que podemos hacer, mientras esperamos con impaciencia, es volver a revisar esta saga y redescubrir aquellas cosas que nos pasaron inadvertidas de estos cuatros directores.

 

Cuatro directores a los que, ciertamente, podríamos llamar magos.

 

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