Hasta el último hombre

Hasta el último hombre: ‘Contenido’ Mel Gibson

Mel Gibson se pone tras las cámaras, una vez más, para ofrecernos la película Hasta el último hombre, un drama bélico (ambientado en la 2ª Guerra Mundial) que cuenta la historia de Desmond un joven americano que entra en el ejército como médico, haciendo una objeción de conciencia que le impide tocar un arma por sus creencias religiosas (cristiano muy convencido).

 

Andrew Garfield

 

El relato de Gibson tiene dos partes muy diferenciadas: abre la película una historia romántica que narrará el encuentro y enamoramiento del protagonista con una enfermera hasta el alistamiento del protagonista en el ejército americano. Este primer acto mezcla la magia del amor, en el mismo tono que películas como El diario de Noa, con la dureza de los campos de entrenamiento que Kubrick mostró en La chaqueta metálica. Aunque a priori parezca mezclar algo imposible, el resultado es muy interesante y es una buena manera de destripar psicológicamente a un personaje que se ve abocado a una segunda parte completamente visceral.

 

En el momento que un hombre es acribillado a balazos y salpica sangre de manera desorbitada, sabemos que estamos ante una película de Mel Gibson; y así arranca un violento e hiperrealista segundo acto, toda la felicidad y parsimonia que ofrecía la primera parte es ensombrecida por la necesaria frialdad de Mel Gibson para mostrar la crudeza de la guerra con una fotografía meticulosa y obsesiva, unos calculadísimos efectos de sonido y elaborados trucos de maquillaje. El terror invade al espectador durante la larga media hora que dura la primera batalla, aunque la segunda (filmada de una manera completamente distinta) se sufra más.

 

La cámara adora a Andrew Garfield quien entiende y sufre su personaje en una entregadísima y versátil interpretación, si tenemos en cuenta la estructura antes comentada. El despliegue de secundarios es grandioso, destacando al desaparecido Sam Worthington, los excelentes Hugo Weaving y Vince Vaughn, pero especialmente disfruto viendo a Rachel Griffiths (A dos metros bajo tierra) interpretar a la sufrida madre del protagonista.

 

A modo de conclusión, pese a su cuestionada ideología y gracias a su estructura, Mel Gibson consigue una película antibelicista cuya ‘moraleja’ fluye poco a poco y no aparece impuesta desde el principio, lo que es de agradecer tratándose de una visión americana de un conflicto cuya intervención es aún cuestionable.

Acerca de Alex Manzano

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Cine, arte y tebeos. Amarás el musical sobre todas las cosas. John Cameron Mitchel es mi dios. Si quieres encontrarme, busca en mi habitación. Si no, en cualquier rincón de Madrid.

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