El servicial Finley

X Muestra Syfy. Día 1: Oz, el ‘Fucker’

Syfy ha vuelto a la ciudad. Un año más los aficionados al cine de ciencia ficción y terror pueden disfrutar del tremendo regalo que supone la gestión de este festival por parte del canal temático. Y este año la Muestra vuelve a batir récords, porque, a espera de que salgan las cifras oficiales, los bonos se agotaron al poco de ponerse a la venta y la mayor parte de los filmes en proyección ya han colgado el cartel de aforo completo en los Cines Callao de la capital.

 

El primer día, repitiendo el esquema del año pasado, ha venido marcado por el preestreno del nuevo intento de blockbuster de Disney, por un lado, y por la combinación de música en directo y un clásico del terror (Nosferatu en esta ocasión) por el otro. Veamos como ha ido cada uno de los eventos:

 

Comenzamos por Disney y su arriesgado acercamiento al mágico mundo que creó L. Frank Baum en los albores del siglo XX. Tras una cola más rápida que la del año pasado La proyección de Oz, Un Mundo de Fantasía vino precedida de un breve (¡menos mal!) discurso de los organizadores seguido por una insoportable introducción por parte de la «maestra» de ceremonias Macarena Gómez, que tuvo la suerte de encontrarse con un público entregado y salió del escenario habiendo hecho el ridículo, sí, pero sin recibir unos merecidos abucheos. Su tonillo a lo Payasos de la Tele aún resuena en mi cabeza.

 

La cinta de Sam Raimi, al contrario de lo que ocurrió el año pasado con John Carter, logró mantener la atención del público y provocó un buen puñado de aplausos y carcajadas. ¿Tan buena es? Ni de lejos, de hecho es probable que James Franco envejezca preguntándose por qué demonios accedió a esta locura y se avergüence al verse sobreactuando de tal manera que ni los personajes de CGI se creían que ese mago pudiera ser real. Sin embargo hay en Oz, The Great and Powerful un cierto regusto al descarado Raimi de Posesión Infernal y el El Ejército de las Tinieblas. Si no, es difícil de entender que el argumento principal de la película verse sobre un individuo sin escrúpulos que llega a un mundo imaginario poblado por seres de corta inteligencia y termine por cepillarse a tres hermanas brujas en rápida sucesión. Todo un fucker. La cinta es tan mala, tan B, que uno termina pensando «¿Y si el cabrón de Raimi nos la ha vuelto a jugar?» En cualquier caso, divirtió al público y muy probablemente logrará unos buenos resultados entre los más ‘peques’ de la casa.

 

Oz: Un Mundo de Fantasía
Tranquilo Finley, la peli «sólo» dura 130 minutos

 

En paralelo a la proyección de Oz, el público más pastagafa e intelectual pudimos disfrutar de una sesión de cine vetusto, como en los años 20: película muda con música en vivo. Repitiendo así la jugada del año pasado. La apuesta fue la expresionista Nosferatu (F.W. Murnau, 1922) acompañada de la banda Prin’ La Lá, músicos eclécticos y ajenos a la comercialidad donde los haya.

 

Disipada la emoción incial, la experiencia no podría catalogarse de irrepetible. Interesante sí, pero bastante mejorable. Está claro que Nosferatu no es el súmmum del entretenimiento, pero un clásico es un clásico y a ver quien osa meterse con él. Pero uno es muy puntilloso y no puede dejar de sacar un par de objeciones a la actuación del grupo inspirado (según dicen ellos mismos) por gente como Björk o Tim Burton.

 

La primera fue la poca conexión con el público asistente. Antes de iniciar la proyección pidieron a los asistentes que en un punto determinado de la película hicieran -a su señal- «ruidos extraños» para participar en el show. ¿Y alguien hizo ruidos extraños? En efecto. Hicieron falta tres amagos para que la platea cogiera ritmo y entrara al trapo. La segunda -mucho más grave- es la falta de conciencia por parte de Prin’ La Lá (o de sus fans, o de los organizadores, o… ¡a saber!) del escenario. Ante todo se trataba de visionar una película con música en directo, no de asistir a un recital con imágenes de fondo. De ahí que no se explique por qué de cuando en cuando se veía algún «flashazo«, o el insistente ruido del disparador de un fotógrafo «pro» o a un cámara que -además de pasar por delante de la pantalla- tuvo la avispada idea de conectar un monitor (¿para qué? si él estaba mirando por el visor) de tal forma que le resultaba inútil, pues no podía verlo mientras grababa, pero sí las primeras filas. En lugar de colocar la pantallita de éste mirando hacia él o hacia la pared o hacia delante… la colocó mirando a las butacas. Así se podía ver tanto la película como lo que él grababa. Bravo.

 

Distracciones estas que enturbiaron un poco esta interesante experiencia de la que, en honor a la verdad, mucha gente salió satisfecha.

 

X Muestra Syfy

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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