«En los confines de la tierra extinta de los hombres, la oscuridad ha asolado todo signo de vida. Las almas perdidas de los sanguinarios guerreros buscan descanso en el inframundo, donde moran los demonios del abismo, las criaturas más oscuras, y los hechiceros sin alma. La oscuridad se cierne sobre toda la tierra y apenas se atisba la luz. No hay consuelo para la vida, pero en las altas montañas de Selender ha surgido un halo de esperanza.
Un alma viva ha recibido su encargo. Porta la última llama, alumbra las tierras de la noche y devuelve a las temibles criaturas al reino de las tinieblas»
Así presenta Meridiem Games (quien publica el juego en formato físico) esta aventura de fantasía oscura titulada The Bearer and the Last Flame creada por el solodev Dark Reaper Studio. Se trata de un soulslike de corte clásico que toma como principal referencia Demon’s Souls. Es decir, si no estáis curtidos en el género esta no es la mejor puerta de entrada al mismo. Es, al contrario, una carta de amor a la historia del mismo.
Es, en este sentido, una propuesta más lineal, que huye conscientemente de las tendencias actuales del género, más apegadas a los mundos más o menos abiertos, y que gusta del contacto físico de los duelos blandiendo potentes espadas. Así, avanzaremos a lo largo de varias zonas (cinco en total) conectadas a través de un hub central que se esfuerzan en ser intrincadas y con atajos y rutas secundarias para ilustrar que no siempre más grande significa mejor. La exploración resulta divertida y frustrante (como todo souls que se precie), con el reto añadido de la falta de mapa, lo que favorece que nos perdamos y nos topemos con enemigos indeseados en los momentos que más necesitamos una hoguera en la que descansar.
Esta exploración viene acompañada de una apuesta narrativa más precisa que el souls tipo, amigo de las ambigüedades y de no contar nada. El problema es que si no tenéis ojos de lince pronto perderéis el interés en su narrativa, pues la fuente elegida es excesivamente pequeña, dificultando muchísimo la lectura. Y no hay ninguna opción de accesibilidad que permita aumentar el tamaño de la letra. Es una pena, porque The Bearer and the Last Flame toma como referencia el siempre interesante imaginario artúrico que, en un escenario trágico como este (de ruinas por castillos, magos oscuros y enemigos no-muertos) lo tiene todo para engatusar al más exigente.
Si en la creación del mundo The Bearer and the Last Flame tiene agradecidos destellos, en su combate y su traicionera cámara denota su naturaleza indie. Hay una importante falta de pulido que se traduce en imprecisiones en las acciones y un errático tiempo de reacción. Una cuestión que se traduce en injustas e innecesarias muertes. La mecánica del combate es, acorde al juego, bastante clásica, basada en golpes rápidos o cargados y esquivas o bloqueos siempre con un ojo puesto en la barra de resistencia. En nuestra experiencia, la apuesta fue siempre que era posible acertar con espadazos normales y rodar para esquivar los golpes enemigos.
Por otra parte, hay detalles que, más allá de lo ajustadísimo del presupuesto (insistitmos en que estamos ante una propuesta indie), podrían haberse cuidado un poquito más, como por ejemplo la variedad de voces en el doblaje. Si hay tres dobladores para ocho personajes (nos estamos inventando el número, es solo para ilustrar), lo suyo es que los dobladores modulen el tono, la entonación… a fin de que cada voz suene diferente. La queja radica en que aquí no se ha hecho eso y cuando una misma voz actúa para varios personajes se nota mucho. The Bearer and the Last Flame descuida detalles de este tipo que no pueden (o deben) justificarse con la falta de presupuesto. Quizás el más sangrante sea el mencionado anteriormente, el del ínfimo tamaño de los texto que impide una correcta lectura de los mismos y la consiguiente inmersión en la historia.
Con sus evidentes debilidades, The Bearer and the Last Flame es una propuesta que denota el cariño de su creador por un tipo de juego que el género ha dejado atrás. Quizás más simple y crudo. No es la mejor ventana para jugadores noveles, pero quienes gusten del soulslike clásico sabrá minimizar sus defectos y alabar sus intenciones.
Analizada la versión de PlayStation 5.

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