Saros

Saros: Equilibrio entre paciencia y recompensa

Diseñado por el estudio finlandés Housemarque, autores del que fuera primer gran exclusivo de PlayStation 5, Returnal, Saros se presenta como un juego de acción en tercera persona en el que encarnamos a Arjun Devraj (interpretado por Rahul Kohli), un soldado Soltari atrapado en una misión crítica en el planeta Carcosa, un mundo azotado por un eclipse perpetuo que altera la percepción de la realidad, obligando a Devraj a enfrentarse a enemigos cuya dificultad se ve incrementada a la sombra de cada eclipse.

 

Con un componente más narrativo que su anterior juego, Saros tiene conrazón de bullet hell en el planteamiento de sus combates y una marcada estructura roguelite en la que cada muerte supone un reseteo; una vuelta a empezar pero, acumulando los recursos necesarios (la lucenita), antes de cada incursión podemos obtener mejoras permanentes que nos harán los siguientes intentos un poquito más fácil. Hay castigo (morir nos resta una fracción de la lucenita obtenida en esa run), pero también recompensa. La clave radica en saber ser pacientes.

 

Saros

 

Como tiende a ser habitual en el género. cada reinicio implica que los escenarios cambien, pero no de manera radical, pues siempre habrá elementos y pasajes concretos inalterables. Cuestión de economía de medios y de narrativa. Si somos duchos en el combate y su plataformeo, la sensación de variedad se mantiene más o menos inalterable a lo largo de toda la aventura, más aún atendiendo a los diferentes biomas o zonas, que saben establecer contrastes unas de otras. El problema surge si somos de esos jugadores que acusan la dificultad. A nada que nos atasquemos en una sección un par de horas, la sensación de repetición será notoria.

 

Y es que Saros no es un juego pensado para el gran público, sino que se trata de un juego de nicho con una importante puerta de entrada para el jugador casual. No existen niveles de dificultad al uso, sino un menú de modificadores que podemos enfocar a convertirnos prácticamente en dioses sobre la Tierra (haciendo uso también de las opciones de accesibilidad), o dirigir a convertir nuestro viaje en una pesadilla. O buscar un término medio. Sea como fuere, las opciones son muchísimas para personalizar nuestra aventura tanto si buscamos lo más parecido al «modo historia» de muchos juegos, como si queremos un reto no apto para cardiacos.

 

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¿El problema? Que dicho menú no está disponible desde el principio, sino que se desbloquea superado el segundo jefe (aunque si buscáis en Internet hay respuestas de lo más variadas). Es decir, para tener esa ayuda vais a tener que aprender a jugar, aunque sea a las malas. De ahí la importancia de ser pacientes y perseverar. Pero esto no siempre es divertido o asumible. El tiempo de ocio es limitado y las opciones son muchas. Por eso queremos insistir en la idea de que Saros no es un juego para todo el mundo. Requiere una dedicación y unas destrezas iniciales que pueden suponer una importante barrera.

 

Claro, que durante los primeros compases la historia se presente de manera críptica tampoco ayuda al respecto. Volvemos al concepto clave (uno de ellos): la paciencia.

 

Saros

 

Pero ahí está el segundo concepto que define a Saros: la recompensa. Superada la puerta de entrada, Carcosa se nos abre de par en par. El juego propone una acción frenética en la que, según desbloqueamos herramientas como el gancho, y damos con el arma que más comodidad nos produce (las armas tienen las suficientes diferencias entre sí para modificar sutilmente la jugabilidad y nuestra experiencia de juego), los combates se convierten prácticamente en un ballet. Siempre en continuo movimiento, aprendiendo los patrones enemigos y esquivando, bloqueando o activando el escudo según el tipo de proyectil. Poco respiro nos ofrece Saros, pero lo equilibra con una satisfacción enorme cada vez que conquistamos un poco más de terreno y avanzamos en su historia.

 

Una historia que, además, trae una sorpresita que los más comiqueros apreciaréis debidamente. Y es que Ram V (Venom, La Cosa del Pantano, Dawnrunner…) ha aportado su granito de arena en la creación de mundo. Un sello que añade una enorme confianza en una historia que transita entre la ciencia ficción y el terror. Bien es cierto que Arjun y compañía no son los personajes más carismáticos de la galaxia y que la aventura transita por tropos bastante comunes en la ciencia ficción oscura, pero tiene el suficiente gancho como para decir siempre «voy a intentarlo una vez más» cuando alguna sección se nos haga cuesta arriba.

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