El Padrino

El Padrino: La esencia de la Cosa Nostra

El Padrino es una película que nos presenta un retrato preciso y profundo de una época y una mentalidad, nos muestra todo el atractivo que rodea al mundo de los gángsters, habla de un mundo hermético, donde gente sin escrúpulos, regida por un código de honor y conducta, justifican los peores crímenes sólo por dinero. Es un mundo donde todo es cuestionable y en el que un día puedes ser el amo de la ciudad y al siguiente descansar en el fondo del río con unos zapatos de cemento. Pero además, es una crítica a la sociedad y el sueño americano, que se refleja en el doble juego de la política y moral y la facilidad con la que una puede ceder ante la otra dependiendo del interés del momento, así como evidencia el enorme mercado de favores que queda oculto tras el escaparate de la ley, el orden y la hipocresía del hombre que con una gran sonrisa pretende ocultar su falta de rectitud.

 

El Padrino

Este fue el caldo de cultivo que sirvió a Francis Ford Coppola para que en 1972, siguiendo la novela de Mario Puzo, crease una de las mejores películas de la historia del cine que, por su calidad de estilo, dejando atrás las americanizadas películas de gángsters en las que lo importante eran los tíos duros y las balas, cuidando mucho los detalles de la temática y fijándose más en otros aspectos como el politiqueo y los intercambios de favores, logró relanzar un género de capa caída hasta la fecha como era el cine de gángsters, llegando a constituirse como una obra maestra de principio a fin, premiada con tres Oscars entre los que brilla el dedicado a mejor película. Y si era muy importante saber contar la historia, también era esencial quien la contase, teniendo un brillante reparto compuesto por todo un abanico de actores que supo aportar un trabajo excepcional al film y dejando escenas míticas para el cine.

 

Y es que si bien este género ya contaba con grandes títulos nacidos durante su momento de máximo esplendor como Hampa dorada de Mervyn LeRoy, El enemigo público de William A. Wellman, o Scarface de Howard Hawks, es cierto que se había ido degradando y consumiendo debido a la enorme americanización del género y a la falta de visión que se fue apoderando del estilo de enfocar este tipo de películas, hasta el punto de que no les quedase nada más que ofrecer al público.

 

El Padrino es una de esas películas de argumento sencillo y que no cuenta con los grandes efectos visuales a los que tan acostumbrados nos tienen las películas del siglo XXI, pero que sin embargo son capaces de perdurar a lo largo del tiempo compensando con una extraordinaria calidad y cuidado de los detalles, dando como resultado grandes historias contadas con criterio y seriedad. En concreto esos momentos de auténtico cine se consiguen cuando sin necesidad de grandes explosiones o momentos de acción Marlon Brando es capaz de silenciar a toda la sala con una solo mirada, o cuando no se precisa de una película plagada de violencia y sangrientos asesinatos para que el espectador se encuentre en total tensión durante toda la película y sin saber que sucederá.

 

Marlon Brando en El PadrinoEs una película que nos ofrece una visión  incluso atractiva acerca del mundo de la mafia, a lo que contribuye enormemente la brillante interpretación de sus actores, como es el caso de Marlon Brando, quien a pesar de los múltiples impedimentos que la productora puso para su contratación, consiguió superarse una vez más con una actuación estelar, mostrando su enorme versatilidad interpretativa y dejándonos uno de los personajes más memorables del cine, que no dejó de derrochar una clase deslumbrante que logra llenar la pantalla con sus múltiples improvisaciones y que le valió un Oscar. ¿Quién no ha disfrutado de la mítica frase de este grande del cine cuando rascándose la barbilla pregunta…”¿Que he hecho yo para que me trates con tan poco respeto?”? Y es que el actor hizo tan buen papel, que varios momentos de la película que no se encontraban en el guión, surgieron de la invención de Marlon durante la grabación,  sorprendiendo a cada momento al resto del reparto, así como a Coppola y dando tan buen resultado que se añadieron tal y como se habían grabado.

 

Por otra parte, aunque El Padrino nos dejó claro que Marlon Brando fue un referente incuestionable, no fue el único gran actor que dejaría esta película, ya que también podemos disfrutar de un jovencísimo Al Pacino, el cual aún no contaba con el respeto y reconocimiento del mundo del cine, pero supo dar lo mejor de sí mismo y consiguió sentar al espectador en la butaca y helarle con la evolución perfecta de un personaje que pasa de ser un joven inocente y avergonzado de los negocios de la Familia, a uno de los jefes de la Cosa Nostra más fríos y despiadados.

 

Al Pacino en El Padrino

Por si fuera poco, esta gran obra, cargada de momentos de tensión e intriga, cuenta con uno de los elementos más esenciales para calificar una película de obra maestra y éste es su banda sonora (compuesta por Nino Rota), la cual acompaña a la perfección cada momento de la cinta y que contribuye con una música perfectamente reconocible a lo largo de los años, a aderezar el ritmo de la película, dejando en el espectador esa sensación romántica que hasta cierto punto desprende el mundo de la mafia.

 

En definitiva El Padrino es una película para los que les guste el buen cine de gángsters, en el que los principios de honor y respeto en el mundo del crimen organizado pesen más que el sexo y la violencia. Es una película donde se ve a dos grandísimos actores como Marlon Brando y Al Pacino conectando a la perfección con el público y luego helándoles con la frialdad que pueden llegar a mostrar. Pero en definitiva es una película con as que uno puede llegar a captar la verdadera esencia del cine.

 

 

 

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