En este segundo volumen de Explosión juvenil (editado en España por Panini Manga), Ken Sogen certifica que la provocación sostenida en su obra no es un fin en sí misma, sino el medio que utiliza para radiografiar a una juventud rota, carente de referentes y consciente de la ausencia de futuro. Sin embargo, este retrato de la juventud actual no es lo más trágico. Lo trágico es comprobar cómo los hijos de la crisis de 2008 seguimos estando representados en sus páginas. Nada a cambiado en casi 20 años, la juventud sigue asfixiada por un sistema perverso que la empuja a los márgenes. Si algo ha cambiado es solo que el drama se ha acentuado hasta enquistarse… quizás ya de manera estructural.
«Dame un momento, Tabe»
Por ello la provocación transita entre lo siniestro y lo amargo, al igual que la caracterización de su protagonista, Maruo; quien a pesar de sus antecedentes consigue estimular cierta lástima ante el oscuro mundo en el que se está sumergiendo alegremente ignorante de la verdad de quiénes le rodean, ni de las implicaciones de sus propias acciones.
Desde la exageración propia del seinen, la obra de Sogen dialoga con los primeros filmes de Larry Clark y su mirada sobre una adolescencia necesitada de cualquier estímulo para escapar de su realidad. Los hay, como el citado Maruo, que en el fondo solo necesita un poco de afecto y quienes, como Kasumi, justifican sus malas decisiones desde un victimismo mal gestionado. Ambos, Kasumi y Maruo, se parecen más de lo que les gustaría reconocer. Quizás de ahí las continuas fricciones que relata Sogen. Y son también los juguetes rotos más evidentes.
Por parte, Takuto y Tabe toman posiciones más incómodas, pero también más sutiles. El primero aparenta el porte de protagonista perfecto de cualquier manga de instituto: atractivo, seguro de sí mismo, protector con sus amigos, carismático… pero al mismo tiempo no rehuye su siniestra contradicción. Mientras, Tabe, desde una indisimulada opacidad, apela al hedonismo más físico e instintivo, buscando la incomodidad del lector y los recelos de los otros personajes. Si lo que vemos es lo que hay -como ya presupone uno de los personajes- o si hay más en Tabe que hormonas hambrientas de estímulos primarios es algo que descubriremos con el tiempo.
Pero por lo que tenemos hasta ahora, Explosión juvenil ni es lo que aparenta, ni da puntada sin hilo.

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