Casablanca

Casablanca: Una muestra de la imperecedera humanidad del hombre

¿Por qué Casablanca se ha convertido en un clásico que no debería faltar en cualquier filmoteca que se precie? Mejor aún, ¿por qué uno no debería perdérsela? Sí, algunos dirán que fue muy premiada, que está en una reconocida lista, que tal experto en cine la ha recomendado y sabe de qué habla… Pero otra opción es el analizar un film por aquello que provocó en su día, por lo que continúa transmitiendo. Al fin y al cabo, el propósito de una película es entretener, emocionar y, de querer ir un poco más allá, de hacernos reflexionar.

 

Sabemos que el género romántico está en pleno declive con tanto argumento repetitivo: a chico le gusta chica, a chica le gusta chico, pero no pueden estar juntos por X razones o el chico es imbécil y la pierde y viceversa (hasta en las películas que no pertenecen específicamente a este género, ocurre algo similar. Añadan si quieren superhéroes de por medio). Al final se dan cuenta de cuánto se quieren, vuelven y felices para siempre, FIN. Este es el esquema hollywoodiense más explotado hoy en día y empieza a aburrir tanto a expertos como a los no tan expertos en el mundo cinematográfico.

 

Casablanca

 

Ahora retrocedamos a principios de los años 40, el género romántico no se diferenciaba mucho del de ahora, más que nada porque las películas romanticonas actuales se basan en el mismo esquema de aquellos años, pero quizás con tintes actuales y palabras que por aquel entonces no se llevaban como «rollo», «amigo con derecho a roce», etc. En América, igual que en Europa, están en plena guerra, tocaba un poco de sentimentalismo, patriotismo y sobre todo, se necesitaba distracción y mucho entretenimiento. Y aquí es cuando a Michael Curtiz se le ocurrió hacer una película rompedora, innovadora en aquel momento.

 

La idea le vino de la mano de Todos Vienen al Café de Rick, una obra teatral de Murray Burnett y Joan Alison que nunca se llegó a estrenar. Y, aunque en un principio, la idea no convenció demasiado a los hermanos Warner, el proyecto salió adelante con Humphrey Bogart e Ingrid Bergman como cabezas de cartel por temas de marketing y gracias a una canción.

 

Y ahora bien, ¿qué es lo que hizo Curtiz para innovar en este género? Quizás, lo primero que habría que destacar es que el director decidió que las estrellas no supieran que les deparaba a sus personajes. Así, Bergman, le añadió un matiz emocional y de realismo a su papel que no habría sido posible de otra forma. Gracias a este detalle, da la sensación de que la actriz conecta más con el espectador que el propio Bogart, que sí sabía hacia donde iba su personaje, dado que su contrato de gran estrella le daba el derecho de aprobar el guión.

 

Obviamente esta no es la única razón, el guión de por sí ya justificaba la visualización de este film. Primero, por su dinamismo, no hay filosofía barata entre líneas ni grandes parrafadas, es un constante ir y venir de aciertos: ironías que critican la situación histórica en la que se basa la película (II Guerra Mundial),  diálogos bastante graciosos, alguna que otra excentricidad y unos toques de amor aquí y allá. Todo ello conjugado en armonía dio como resultado lo que buscaba el espectador de aquel momento: emocionarse y divertirse. Como sabemos, cuando una película cumple su propósito, ya se puede considerar un éxito y si además se consigue que alguna frase del film se recuerde como «Tócala, Sam«, ya no solo se convierte en un éxito, sino que puede pasar a ser un clásico. Claro que este es solo otro de los tantos factores.

 

Casablanca

 

¿Pero por qué puede ser  importante? A lo largo del día una persona ve y oye una infinidad de cosas, por lo que tenderá a quedarse con lo que más le interese. Si, además, contamos con una época conflictiva como la II Guerra Mundial, primará lo imprescindible. Cuando un film consigue que alguien recuerde una frase o escena y se la cuente a alguien, es que éste no ha pasado desapercibido. Ahora, si esto pasa con mucha gente, es que algo ha ido muy bien.

 

Volvamos a la pregunta de por qué este film es rompedor. Ya hemos dado dos razones: el sistema revolucionario del director y los diálogos. Pasemos a mencionar un factor de aquélla época, la segregación racial. Todo por separado, restaurantes solo para blancos, autobuses divididos en zonas (una para negros y otra para blancos), baños por separado, etc. A los guionistas del film, los hermanos Epstein, se les ocurrió añadir la amistad entre un negro y un blanco, algo inusual y que en la película parece una crítica al sistema y un intento de eliminar prejuicios. De ahí que el papel de Sam fuera a parar a Dooley Wilson, un batería que no sabía tocar el piano, pero que en aquella época era celebérrimo. Su papel en la obra no es de escasa relevancia ni mucho menos, es el único en el que confía Rick y su aparición en determinadas escenas añade otro valor más: el de la amistad incondicional.

 

No serán los únicos valores que veamos; el altruismo, la empatía, la importancia de aferrarnos a nuestros principios… Casablanca pretende mostrar que da igual la situación en la que nos encontremos, debe prevalecer nuestra humanidad, la búsqueda del bien. No importa que el mundo se vea sumido en un caos, eso no justifica que debamos olvidar quiénes somos. Y esto se muestra a través de la dura decisión de Rick en un clima de egoísmo y frivolidad.

 

Obviamente, Casablanca presenta también un trasfondo político como telón de fondo del romanticismo entre Rick e Ilsa: los alemanes eran los enemigos, los italianos les doraban la píldora, los franceses resultaban medianamente confiables y los americanos eran los héroes. Estas ideas las vamos encontrando en las conversaciones con los generales que van al Café de Rick y en algunas escenas como, por ejemplo, la gente del café cantando la Marsellesa como símbolo de rebeldía.

 

¿Y qué sería del cine sin la música? El tema principal As Time Goes By, es otra de las razones por las que se recuerda este film. Si bien es cierto que para hablar de algunas bandas sonoras es interesante incluir tecnicismos, con esta canción sería tedioso. La canción cuadra en el film porque básicamente la película se basa en ella. A los hermanos Epstein les interesó la canción, no el proyecto de Curtiz. Aquí podemos destacar la importancia que puede llegar a tener la música en el cine: el como una simple canción puede ser la piedra angular de un film. Y si con esto no basta, pónganle la canción a un grupo de personas y veremos si a nadie le suena de nada. Ocurre lo mismo que con los diálogos, el hecho de que todavía haya gente que reconozca esta canción y la tararee es razón suficiente para darle un cierto reconocimiento.

 

El 21 de agosto de 1942 se llamó a Bogart para grabar la última línea del guión: «Louis, creo que esto puede ser el principio de una gran amistad«, otra de las frases recordadas de la película. Con esta frase terminaba Casablanca, un film que después se quiso imitar en la producción de dos series, la primera durante los años 50 y la segunda durante los años 80, pero que no tuvieron éxito. Y no solo series, sino también películas como Havana, Tener y no Tener, además de parodias de la misma como Una noche en Casablanca de los hermanos Marx.

 

Casablanca

 

En definitiva, el guión (elaborado, variado y con esos toques irónicos/críticos perfectamente emplazados), la innovación que supuso en aquélla época (tanto por parte del director a la hora de hacer el film, como de las ideas totalmente rompedoras que mostraba), el trasfondo histórico enmarcado en una historia de amor, la brillantez de las interpretaciones… Todo esto hace de Casablanca un clásico muy recomendable.

 

Casablanca fue un ejemplo de la necesidad que tenía la gente de aquella época de soñar un rato en la butaca y disfrutar de una bonita historia de amor. Lo consiguió con creces y por eso es un gran clásico. El paso del tiempo no la dejó caer en el olvido, sino que la guardó como otro triunfo artístico. Ahora se puede disfrutar de ella casi de la misma manera que entonces, porque a todos nos gustaría vivir ese amor incondicional que muestra el film, por más herméticos que queramos ser y por más difícil que sea expresarse en un mundo marcado por el consumismo y la superficialidad. Queramos o no, a todos nos gusta soñar.

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