Cómo acabar con tu jefe

Cómo acabar con tu jefe: Una comedia catártica

Cómo acabar con tu jefe es una disparata historia sobre tres amigos que hartos de sus tiránicos jefes deciden tomarse la justicia por su mano y planean sus respectivos asesinatos. Así, a medio camino entre el intercambio de crímenes de Extraños en un tren (Alfred Hitchcock, 1951) y la premisa de Cómo eliminar a su jefe (Colin Higgins, 1980), Seth Gordon afianza la última corriente de la comedia americana: negra, alocada y con chistes facilones y sexuales cuyo exponente más reciente es Resacón en Las Vegas.

 

Tal y como sucediera en la cinta de Todd Philips (y su secuela) el alcohol actúa como impulsor de los acontecimientos venideros (aquí toman la decisión de eliminar a sus jefes en un bar de copas), gran parte de las bromas tienen relación con el sexo y el «viaje» que hacen los protagonistas es una sucesión de sketches con mayor o menor acierto (por suerte hay más aciertos que errores).

 

Horrible Bosses

 

Los sketches son muy importantes en el film. Básicamente porque el guión los va encadenando unos a otros y la historia avanza entre ellos; y es que los hay que no aportan nada a la trama en sí, su única función es la de arrancarnos alguna carcajada. A su favor juega sus escasos 98 minutos, porque cuando uno empieza a preguntarse hacia donde quiere ir la película y qué está contando, esta ya ha llegado a su final. De durar un poco más o al menos no tener pillado tan bien el timing cómico uno se daría cuenta con mucha facilidad de que los personajes no evolucionan lo más mínimo, empiezan y acaban de la misma forma. Pero esto es algo que –sinceramente– da un poco igual, lo que interesa de ellos es saber que lo pasan mal en sus trabajos y son un completo desastre llevando a cabo su venganza.

 

Sorprende –para bien– que a pesar de que el trío protagonista está más que curtido en la comedia: Jason Bateman, Jason Sudekyis y Charlie Day, son los terribles jefes los que más risas despiertan. Y sorprenden para bien porque suponen una revelación para el espectador y una suerte de reivindicación de sus capacidades actorales. De esta forma, ver a Jennifer Aniston desmelenarse y convertirse en una ninfómana y pervertida dentista o a Colin Farrell en un drogradicto e imbécil encargado no tiene precio. La sensación que dejan es la misma que Tom Cruise con su pequeño e impactante papel en Tropic Thunder: ¿de dónde has salido? ¿por qué no habías sacado antes esta faceta tuya? El único reparo es que aparecen muy poco en pantalla.

 

Cómo acabar con tu jefe se puede vanagloriar de dar lo que promete. A pesar de ser un tanto irregular (le cuesta arrancar y llegados al desenlace se desinfla un poco), tiene réditos para todos: ofrece una propuesta desenfadada y catártica para todos aquellos que tengan problemas con sus jefes y, para los más cinéfilos, regala unos malvados secundarios de los que sus intérpretes se sentirán muy orgullosos.

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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