Desmadre de Padre

Desmadre de padre: El peor Sandler

 

Hubo un tiempo en el que la marca Sandler (historias típicas teñidas de un humor gamberro, incorrecto, con moralina y, en algunos casos, demasiado azúcar) era un valor seguro. No era puro cine pero desde luego cumplía, llevando a espectadores masivamente (en su mayoría en E.E.U.U., pero con cifras nada despreciables en el resto del globo) a las salas de cine para ver las nuevas perrerías que se le ocurrían.

 

Ahora, sigue teniendo su fiel legión de fans, pero cada nuevo estreno supone una desilusión más grande y aunque sus filmes vayan cargados de chistes corrosivos por doquier (de los cuales funcionan tres, como máximo), se ha dejado en casa el buen gusto a la hora de elegir la historia (si es que alguna vez lo tuvo). Si antes ofrecía una buena comedia después de una tontería ahora parece no haber sido capaz de recordar cómo hacer algo decente. Tan solo hay que echar un vistazo a lo más reciente de su filmografía: Sígueme el rollo (Dennis Dugan, 2011), Jack y su gemela (Dennis Dugan, 2011) y este desmadre.

 

 

Adam Sandler en Desmadre de Padre

 

 

Donnie Berger (Sandler) es un cuarentón en quiebra con un hijo al que no ve desde hace años, que no quiere saber nada de él y que posee una fortuna. Lógicamente, Donnie hará lo necesario por volver a conectar con su hijo y de esa manera salir del apuro económico.

 

Este es, a grandes rasgos, el argumento con el que vuelve a las pantallas españolas. No es que con obras como 50 primeras citas (Peter Segal, 2004) se reinventase el celuloide pero la comunión entre lo que pretendía contar y cómo lo contaba era capaz de congeniar con un público más allá del encefalograma plano al que se dirige esta estupidez.

 

Aunque la premisa no tenga mucho en común, durante el visionado se presenta complicado no mirar a la cinta como la versión del propietario de Happy Madison de la exitosa Los padres de ella (Jay Roach, 2000). Los malentendidos, enredos y situaciones desbocadas recuerdan mucho al entuerto en el que se ve metido el otro gran cómico estadounidense de la última década, Ben Stiller.

 

 

Adam Sandler, Andy Samberg, Leighton Meester y Tony Orlando en Desmadre de Padre

 

 

Sin embargo, mientras en aquella existía elegancia y determinación a la hora de elegir el objetivo de los chistes, en ésta que ahora nos ocupa, la finura brilla por su ausencia. Chistes sobre masturbaciones, prostitutas, borracheras y semiretrasados es lo que ofrece.

 

En algún momento las carreras de Stiller y Sandler fueron comparables. Ambos cómicos recaudaban millones, eran famosos e intentaban aunar el éxito comercial con el artístico con papeles más complejos. Pero aunque los descalabros se hayan sucedido en las dos trayectorias, el actor de Algo pasa con Mary (Peter y Bobby Farrelly, 1998) le ha ido ganando la partida proyecto tras proyecto.

 

Si algo hay que concederle a la película es la labor de casting. El reparto no es para sentar precedente pero el parecido físico entre el actor de Brooklyn y Andy Samberg (quien en televisión despunta con su humor corrosivo pero aquí le falta poco para hacernos creer que está interpretando a un disminuido) es más que significativo; el paso del tiempo en la profesora McGarricle parece real como la vida misma con la interpretación de Eva Amurri Martino como la maestra joven y un cameo que no desvelaré pero realmente podría ser la propia Martino treinta años más tarde (aunque los genes estén involucrados). Dos cameos más proporcionan los momentos más divertidos de la película, si bien no salvan el material por ser escasos.

 

Vistas sus últimas ideas es difícil esperanzarse con que aparezca de nuevo el Happy Gilmore (Dennis Dugan, 1996) que los seguidores de Sandler desean ver, pero, quien sabe, quizá aparezca de nuevo Paul Thomas Anderson para salvarle.

 

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