El alucinante mundo de Norman

El alucinante mundo de Norman: Carta de amor zombie

Norman tiene un don o un problema muy serio, según se mire: puede ver y hablar con los muertos. A partir de esta premisa El alucinante mundo de Norman hace un homenaje a la serie B del cine fantástico con el ánimo de enganchar a esos padres y adultos que desde muy jóvenes se pirraban por una «buena» película de género y, quién sabe, atrapar a unos cuantos niños y enseñarles las delicias del cine de terror. En este sentido, Chris Butler y Sam Fell imprimen a la cinta un tono muy melancólico, quizás excesivo, que puede jugar en contra del interés del siempre difícil público infante, muchas veces interesado en obras de apariencia más blanca (no hay más que echar un vistazo a los últimos éxitos animados en taquilla: Tadeo Jones, Madagascar 3 o Ice Age 4).

 

Este espíritu sombrío (dentro de lo que se puede considerar sombrío en un film de animación dirigido a toda la familia) se ve aderezado por algunas dosis de comicidad que explotan con mucho acierto los clichés del cine de zombies como sus lentos y pesados andares o su violento despertar de la tumba. En un momento de la industria cinematográfica en el que los muertos vivientes pueden retar a cualquier medallista olímpico y correr los 100 metros libres una mirada al pasado de estos terroríficos seres se ve casi como una novedad.

 

El alucinante mundo de Norman

 

Buenas intenciones. Como la del mensaje que intenta transmitir acerca de lo especial del individuo y el miedo (muchas veces absurdo e injustificado) a lo desconocido, a quien es diferente. Temas estos que personificados en Norman y el símil de su situación con la que se vivía en los tiempos de la caza de brujas. Porque ¡oh, casualidad! la historia arranca a pocos días del aniversario del juicio y ejecución de una bruja del pueblo. Y una maldición atenaza a nuestro protagonista.

 

Lástima que las buenas intenciones no tengan continuidad en el ritmo de la película, muy irregular. Mientras que el primer acto se toma su tiempo para presentar a los personajes y enfatizar en la vertiente cómica de las situaciones que se producen y en el tercer acto podemos disfrutar de las escenas más vistosas y originales; el nudo nos deja a los protagonistas corriendo de un lado para otro sin cesar, asumiendo y repitiendo tópicos. Cuando se tienta al espectador a mirar su reloj, es que algo no funciona como debería.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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