La Sombra de los Otros (Shelter)

La sombra de los otros: Thriller con apariencia de telefilme

Esta película llevaba guardada en el baúl de los futuros estrenos dos años, casi el límite, un poco más y acaba distribuyéndose directamente en dvd. Sin embargo, ni las salas ni los reproductores son el sitio idóneo para esta película casi terrorífica (no hay nada peor que ser casi algo). Su verdadero lugar es la televisión. La mala televisión. La sombra de los otros es una película que languidece desde la primera media hora, su argumento se enreda tanto y de manera tan torpe que es inevitable perder el interés por mucho que uno se esfuerce.

 

Julianne Moore en La Sombra de los Otros

 

Y yo me esforcé, incluso me llegué a sentir atrapado durante unos minutos en un comienzo que prometía ser una interesante revisión de El silencio de los corderos. La Clarice Starling de Ridley Scott es aquí una psiquiatra forense especializada en los desórdenes de personalidad múltiple. Julianne Moore, que siempre está perfecta, no salva esta pretenciosa bobada que apoya todo el suspense en la figura de Jonathan Rhys Meyers un actor demasiado guapo con cierta ambigüedad que no  termina de convencer. Da la sensación que el loco que interpreta está a medio hacer.

 

Este paciente psiquiátrico adquiere personalidades de víctimas de asesinato y ella a pesar de ser muy católica (es decir, que cree en un tipo que vive en el cielo y que con sus dos manos ha creado el universo) intenta por todos los medios demostrar que la conducta de este enfermo tiene explicación lógica o científica. Y esta investigación le va llevando por senderos tan absurdos como el satanismo, la magia negra, los espíritus… todo suena a mil veces visto pero el punto de mayor estupidez se lo lleva la escena en la que a ella, perdida entre tanta superstición y tétricas leyendas, le dicen: «tienes que hablar con la anciana». Ya no queda ningún rastro de esa lucha intelectual entre una psiquiatra y su enfermo, claro.

 

Jeffrey DeMunn en La Sombra de los Otros

 

La que suelta esta frase de la anciana es la magnífica Frances Conroy, turbia, excéntrica y con cierto patetismo interpreta al personaje más hipnótico del filme. Una pequeña joya dentro de tanto carácter absurdo. Porque Jeffrey DeMunn,  otro secundario de lujo, también aparece en la cinta, sin embargo, su personaje es tan bobo como la película.

 

Måns Mårlind y Björn Stein, la pareja que dibujó una tercera entrega de Underworld bastante correcta ha firmado aquí un estropicio considerable. El montaje pausado y laberíntico la hacen aburrida y apenas hay encuadres que susciten terror. Un par de botes en la butaca están asegurados, no obstante hay que atribuir el mérito a los efectos de sonido.

 

Las investigaciones que lleva a cabo el personaje de Moore son propias de serie de televisión trasnochada, la mitología de la que se hace cargo el guión maltrecho de Michael Cooney parece sacada de un capítulo de Cuarto Milenio. Pero más allá de los fans acérrimos de Iker Jiménez, esta película gustará poco o nada.

 

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