Oblivion

Oblivion: Solemne ciencia ficción

Son pocas las ocasiones en que el anterior film de un cineasta es una referencia tan clara para testar lo que nos puede deparar su siguiente trabajo como en esta. Con todas sus diferencias, TRON: Legacy es perfecta para hacer una primera valoración de Oblivion y así decidir darle una oportunidad o no. Quien disfrutara con la primera hará lo propio con la segunda, y viceversa, si no gustó la secuela de TRON, la epopeya futurista de Tom Cruise difícilmente lo hará, pues ambas comparten errores y virtudes: un apabullante apartado visual, una acertada banda sonora de bases electrónicas (estupendo el trabajo de M83) que casa estupendamente con la atmósfera de la cinta, un tono excesivamente solemne para el público generalista que busque una trama con más acción y un montaje que necesita pulirse para evitar altibajos en el ritmo de la narración.

 

Por otra parte, resulta muy llamativo la forma en que ambas propuestas pueden complementarse y formar las dos caras de una misma moneda. Si TRON: Legacy se definía por transcurrir en un universo más oscuro y «limitado» en espacio (entendiendo que la acción se acotaba al vasto mundo digital); Oblivion juega con unas tonalidades mucho más luminosas y toma La Tierra como un escenario global mirando de reojo otros puntos de nuestro sistema solar. En un momento en el que la norma parece ser crear decorados de la nada con cromas y horas de postproducción, el trabajo cuasiartesanal de Oblivion que toma espacios naturales para construir a partir de ellos su mundo, es uno de sus mayores atractivos y uno de los elementos determinantes que logran introducirnos en su historia.

 

Oblivion

 

Rian Johnson, Duncan Jones, Mike Cahill, Neill Blomkamp… en los últimos años ha surgido una hornada de cineastas con una visión muy particular de la ciencia ficción deudora de las grandes obras de los 70 y las corrientes europeas, que aborda el género desde una perspectiva más intimista cuando no lo subvierte; centrada bien en temáticas sobre la condición humana, bien en problemáticas sociales; y con un exquisito gusto estético. En mayor o menor medida Joseph Kosinski comparte estas características, como ya demostró en TRON: Legacy y como reafirma con Oblivion.

 

Esta es una ciencia ficción menos evasiva y más comprometida, que se apoya en el género para analizar y discurrir sobre el ser humano como ser social. Deja a un lado los grandes artificios del cine de entretenimiento pero sin renunciar (en muchos casos) a la espectacularidad de las imágenes, pues la forma es tan importante como el fondo. Una de las máximas que persigue es la verosimilitud, por muy fantástica que sea la premisa, esta tiene que resultar creíble, y para ello algunos elementos y/o personajes se anclan a la realidad. Quizás, de los nombres citados el de Kosinski sea el que haya contado con más apoyos por parte de la industria (Disney produjo TRON y la presencia de Tom Cruise ha hecho posible Oblivion tal como es), lo que le ha dado a sus proyectos una apariencia de comercialidad más grande, pero el discurso que persigue sigue siendo fiel a sus inquietudes autorales. Más si cabe Oblivion, que coproduce además de basarse en un cómic ideado por él mismo en un ejercicio similar al de Aronofsky con La fuente de la vida o el de Duncan Jones con su megaproyecto Mute. Un tebeo que sirviese para plasmar su visión del film y así intentar convencer a los productores.

 

Oblivion tiene un empaque capaz de convencer a todo el mundo para ir al cine a devorar palomitas. Tom Cruise corriendo como el héroe de acción que es, gente guapa para acompañarle (Olga Kurylenko, Nikolaj Coster-Waldau y Andrea Riseborough), Morgan Freeman y Melissa Leo dándole caché al casting y un mundo idóneo para abrir caminos en el campo de los efectos digitales e ideal para dejar a la platea boquiabierta. Pero debajo de esta lujosa superficie Oblivion pretende indagar acerca de lo que nos hace ser humanos, los sacrificios de los que somos capaces (profundizando en los siempre explotados conceptos de responsabilidad y heroísmo) y busca recordarnos el placer que suponen las pequeñas cosas en un mundo cada vez más deshumanizado.

 

Oblivion

 

El aspecto que más pesa para que no podamos hablar de Oblivion en términos de película redonda está en la debilidad del guión a la hora de ofrecer la resolución de la trama. Teniendo en cuenta todo el desarrollo previo la solución puede parecer algo tonta, más cuando nos evoca a títulos recientes que han abordado el mismo tema de una forma mucho más eficaz. Con todo, esto no empaña la percepción general de una película que merece ser vista en la pantalla más grande a nuestro alcance.

 

Por último, pero no menos importante, es de aplaudir el interés de Tom Cruise en el proyecto. Al igual que hiciera por ejemplo con Jack Reacher o Rock of Ages (por nombrar sus trabajos más recientes) el actor neoyorkino sigue dispuesto a reinventarse cada vez que tiene ocasión y que una nueva entrega de Misión Imposible le da un respiro. Cruise arriesga y se compromete con proyectos que le permiten ofrecer algo diferente a su audiencia. Y de un tipo que lleva tres décadas en la profesión (además de hacerlo en un lugar destacado de la industria) y que se está especializando en dar a conocer a excelentes directores, conviene al menos prestarle un poco de atención.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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