Peso Pesado

Peso Pesado: De las aulas a las jaulas a golpe de tópico

El cansancio de la marca Sandler es demasiado. Quiénes nos afanábamos en defenderle poco podemos hacer ya por salvar su cine de las críticas más dolorosas. No importa que en esta nueva entrega no intervenga para nada el cómico republicano, pues su impronta está por todas partes. Humor chusco rozando la infantilidad, director marioneta al servicio de la estrella de turno, equipo de coleguitas tomándose el rodaje como cualquier mortal se toma una quedada amistosa y no como lo que es, su trabajo… Podría seguir hasta llenar páginas y páginas, pues hay que concederle que es un estilo muy personal, pero sin duda tan maquinado que ya no queda lugar a la sorpresa. Lo único que se puede encontrar aquí es un mínimo de entretenimiento, pero atrás quedó la época en que el clan Sandler se devanaba los sesos buscando una historia original con lógica y sentido común.

 

Kevin James en Peso Pesado

 

Un profesor de secundaria antaño cargado de ilusión hace ahora lo posible por escaquearse de su deber. Por el camino descubre el poder de la música de la mano de otro maestro que ni mucho menos parece ser su amigo. Cuando ambos descubren que debido a los recortes el departamento de música desaparecerá a no ser que consiga una astronómica cifra monetaria nuestro protagonista no puede venirse abajo, porque por alguna extraña razón que el guión no se molesta en explicarnos, la música lo es ahora todo para él. Curioso sin embargo que para su compañero de fatigas no resulte tan importante. Así pues, después de una única ocurrencia para conseguir el dinero dan con el personaje más estúpido que ha parido un guionista para que actúa de catalizador con la fantasía más absurda habida en una ficción que tome como referencia el mundo real. Es decir, ¿en qué cabeza puede caber que un profesor orondo de 42 años pueda entrar a formar parte del circuito de la lucha libre profesional, donde sus contrincantes son armarios empotrados de 2×2? Esto sin entrar en el hecho de que no puede ser tan fácil, se esté musculado o no, entrar en un terreno profesional ajeno tan deprisa.

 

Más allá de que las justificaciones para tamaña trama sean inexistentes (dejémoslo a un lado ya que el entretenimiento también es importante), los valores que propugna la cinta, anticuados y almibarados cual Disney, entiéndase: tesón, esfuerzo, persecución de un sueño– están supeditados a la violencia pura y dura. Intento huir de la generalizaciones pero cuando pienso en el público que llevará esta cinta a las salas (y por desgracia, no será poco) no puedo evitar caer en esa gente que cree que para combatir el uso de las armas de fuego es necesario un uso mayor de las mismas.

 

Kevin James y Salma Hayek en Peso Pesado

 

A mitad de película, Scott (Kevin James) cambia de parecer y decide volver a ser el profesor simpático, jocoso y cargante que era. Cuento esto porque es entonces cuando la moralina hace acto de aparición con magna fuerza. Debéis perseguir vuestro sueño parece querer decir el profesor con un ojo amoratado después de haberse dejado una rodilla, la dignidad y un par de años de vida en una jaula.

 

Dirigiendo todo esto está el protegido de Adam Frank Coraci. Un director que basa su corta filmografía en trabajos a las órdenes del cómico. Llega, pone la cámara donde le dicen, filma y se marcha. Incluso cuando pretende darle algo de personalidad a la realización rompe con el tono de la película, pues rodar con cámara subjetiva la pelea final llama poderosamente la atención, pero no para bien.

 

Chistes típicos, situaciones y personajes de manual combinados con un alegato proviolencia (deportiva sí, pero extrema) es lo que ofrece esta comedia insulsa. No se pasa mal viéndola pero a un mes de los Oscar la cartelera está repleta de ofertas más suculentas.

 

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