Plan de escape

Plan de escape: Nos hacemos mayores

Lo que hace un par de décadas era impensable ahora se está volviendo lo más normal del mundo: ver a Stallone y Schwarzenegger compartiendo plano como un par de compadres que reparten estopa a diestro y siniestro. Lo tuvimos en las dos entregas de Los Mercenarios y lo volvemos a tener en Plan de Escape, enésimo acercamiento al subgénero de fugas carcelarias cuya mayor novedad está en plantar a dos sexagenarios como protagonistas.

 

Esto me lleva a dar la razón a todos los agoreros que no se cansan de decir que el cine está en crisis. Lo decían hace hace 30 años y lo dicen ahora. Si me apuráis, ya lo decían cuando Méliès empezó a usar sus juguetitos pervirtiendo el invento de los hermanos Lumière. Y más de un siglo después, por fin tienen la verdad de su lado. El cine comercial está en crisis. El hecho que lo demuestra es la aparición de numerosos títulos protagonizados por intérpretes ya entrados en la tercera edad: Plan en Las Vegas, Una canción para Marion, Red (y secuela), la citada Los Mercenarios, Le Week-End, ¡Por fin solos!Los productores ya no arriesgan y van a lo viejo conocido. A este paso, que a nadie le extrañe que acabemos como en el capítulo de Los Simpsons Wild Barts Can’t Be Broken y que todos los menores de setenta años suframos un toque de queda.

 

Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger en 'Plan de escape'

 

Lo que nos lleva de vuelta a Plan de escape. Las que fueran las estrellas absolutas del cine de acción de los noventa siguen empeñadas en demostrar que siguen siendo los reyes y que a los Vin Diesel y Dwayne Johnsons del mundo les queda mucho para acercárseles (eso por no hablar de los Matt Damon y compañía). O se es actor o tipo duro, pero las dos cosas no, son conceptos que chocan entre sí. Como bien demuestran Arnold y Sylvester aquí. Actuar, lo que se dice actuar, muy bien no lo hacen. Una retahíla de frases lapidarias, caras de sufrimiento y poses chulas y parad de contar. Los tiempos en que eran nominados al Oscar (Sylvester, en 1977 por Rocky) o ganaban Globos de Oro (Arnold, en 1977 por Stay Hungry [más una nominación por Junior en 1995]) han quedado atrás. Pero siendo sinceros, esto tampoco es lo que nos interesa de la película.

 

El discutible Mikael Håfström (sus últimas «joyas» han sido Shangai [2010] y El Rito [2011]) ha erigido un film que huele a Serie B por los cuatro costados, y cuya máxima aspiración es entretener a un público que no exija demasiado a su historia y a sus personajes. Así, si hacemos un ejercicio (enorme) de evasión (de nosotros mismos), podremos aguantar sus extensos 115 minutos y decir con la cabeza bien alta que hemos escapado de prisión. Tópicos a mansalva, situaciones imposibles, pobres actuaciones (Jim Caviezel sigue haciendo méritos para que no le llamen más)… acción noventera desfasada solo apta para verdaderos creyentes de Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger.

 

Sí, resulta bastante divertido ver como se relacionan estos dos tipos, la película tiene un par de giros en torno al personaje de Sylvester muy interesantes y la presentación de este es, cuanto menos, trepidante. Pero son muy pocos alicientes para ver una película que llega pasada de moda, pues su sitio está en el videoclub del barrio hace diez o quince años.

 

Acerca de Daniel Lobato

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El padre de todos, pero como a Odín, se me suben constantemente a las barbas. Periodista de vocación cinéfila empecé en deportes (que tiene mucho de película) y ahora dejo semillitas en distintos medios online hablando de cine y cómics. También foteo de cuando en cuando y preparo proyectos audiovisuales.

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