Templario: Quien todo lo quiere, todo lo pierde

Desde que el personaje más famoso de nuestra literatura se volviera loco leyendo tantas historias de caballeros y doncellas el ser humano vive inmerso en una fascinación constante por la vida feudal. La cantidad de novelas que se han escrito al respecto es innumerable, más aún si sumamos El Señor de los Anillos y toda la literatura que le ha sucedido en forma de “fantasía épica”. En el cine también abundan los ejemplos, sobre todo en lo que se refiere a los reinados de Ricardo Corazón de León y de Juan Sin Tierra (lógico, teniendo en cuenta que la cultura predominante hoy día es la anglosajona). Las diferentes adaptaciones de Robin Hood son buena prueba de ello.

Templario aborda una parte de la historia no contada hasta ahora: El asedio del castillo de Rochester durante dos meses que llevó a cabo el Rey Juan en la guerra que declaró a aquellos barones que le obligaron a firmar la famosa Carta Magna en la que renunciaba a parte de su poder feudal y la cual se considera como una de las precursoras de los regímenes modernos.

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Precisamente con la firma de dicho documento acaba la adaptación al cine de Robin Hood por parte de Ridley Scott y con ella comienza también esta película… Y uno se queda pensando en cuánto habría ganado el proyecto si hubiera sido dirigido por el genial director de Blade Runner o si el filme hubiera contado con el apoyo de alguna de las grandes productoras. Porque Templario es muy potente para ser un proyecto independiente, pero débil frente a otras películas del género.

Templario como película independiente:

La verdad es que la película sorprende por la inversión que se ha realizado en ella, que nos hace pensar en algunos momentos en producciones de mayor alcance.

En cuanto a los efectos especiales cabe destacar, para aquellos que lo disfruten, la carnicería en la que se convierte cada combate relatado. Brazos amputados, lenguas cortadas, soldados atravesados… Si uno consigue quitarse de la cabeza que es físicamente imposible partir a un ser humano por la mitad con una espada puede llegar a disfrutar bastante con las secuencias de acción, Pese a que no muestren nada que no hayamos visto en El Señor de los Anillos, Braveheart o la anteriormente mencionada Robin Hood.

Del reparto hay que resaltar la actuación de Paul Giamatti (El Mundo según Barney, Cinderella Man) como Rey Juan, tiene un par de momentos verdaderamente brillantes y en todo el filme da el pego como el personaje ególatra, ruin y cruel que se espera de él. El veterano Derek Jacobi, Cornhill en la película, nos deleita, por su parte, con un personaje muy real y consecuente al que hay que saber apreciar desde distintas perspectivas: como noble, como marido, como señor de unas tierras, responsable de los plebeyos…

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Jason Flemyng también nos sorprende gratamente. Este intérprete de origen inglés anda bastante ocupado este año con proyectos como Hanna (interpretando a Sebastian) o X-Men: Primera Generación (como Azazel). Pero es en esta película donde puede ejercer un poco más sus dotes interpretativas. Nos presenta a un personaje (Beckett) que lleva “tanto tiempo amargado que ya no sabe ni el motivo de su amargura”. Un personaje más profundo y sugerente que el del propio protagonista, James Purefoy (Destino de Caballero, Solomon Kane)… Y es que el bueno de Purefoy no hace una de sus interpretaciones más potentes, limitándose a ejercer de guerrero silencioso, fuerte y letal y relegando todo el peso de los diálogos a los secundarios. Dicho de otra manera, el personaje protagonista se ha intentado que sea tan heroico, o más, como Leónidas o Aragorn, el problema es que de tan poderoso termina pareciendo Son Goku (de Bola de Dragón) y pierde realismo hasta rozar lo cómico conforme avanza la película. Su antagonista, Tiberius (Vladimir Kulich), parece más una estrella del heavy-metal que un aguerrido guerrero del norte. Una pena, uno por guión y otro por mala elección del actor, desmerecen la película.

Templario y su género:

Los problemas comienzan cuando se compara esta película con otras similares.

Para empezar, el argumento se queda a medio camino entre 300 (sólo que en la Edad Media y con 280 soldados menos) y Robin Hood, pero tomando prestados, además, detalles de otra muchas películas (el “reclutamiento” de los héroes bien puede recordar a El Señor de los Anillos o incluso a la saga de Ocean’s). Este aspecto daña a un argumento que no necesitaba beber de tantas fuentes para ser bueno y que por culpa de esto pierde originalidad.

Otro de los grandes problemas de la película se encuentra en la relación entre Lady Isabel (interpretada por una cada vez más guapa Kate Mara) y Marshal (Purefoy). Es harto previsible, pero no sólo eso, a la vez baja el ritmo de la película, haciendo que dure dos horas una historia que se habría contado sin problemas en hora y media.

Por último, la película está plagada de pequeños errores de guión (de los que hacen que el espectador enarque una ceja) y de fallos garrafales a la hora de manejar la cámara, lo cual me lleva de nuevo a pensar en la falta de presupuesto o en la excesiva ambición de un filme independiente.

En resumen:

Cuando en la escena que se supone como la más tensa de la película te da la risa mala señal. Entretenida para ir al cine en grupo de amigos. No pasará a la historia.

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Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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