The Swell Season

The Swell Season: Twice

En el 2006 apareció en las carteleras una pequeña joya independiente que hizo las delicias de todos aquellos espectadores sensibles, con capacidad para apreciar los pequeños detalles románticos tanto en la música como en el cine. Esa película no es otra que Once (John Carney). Su director ansiaba contar una historia intimista sobre dos músicos callejeros entre los que va madurando el amor. Para ello contó con su ex compañero de The Frames (banda musical de la que ambos fueron miembros), Glen Hansard y una jovencita checa desconocida hasta el momento, Marketa Irglova. El experimento obtuvo fantásticos resultados tanto en taquilla como en crítica y las carreras musicales de ambos protagonistas despegaron a partir de ese momento, llegando incluso a ganar un oscar a la mejor canción original por la composición central de la película, Falling Slowly.

 

The Swell Season

 

Seis años más tarde llega a los cines The Swell Season (Nick August-Perna, Chris Dapkins, Carlo Mirabella-Davis, 2011), documental que relata el ascenso a la fama y la desaparición del grupo del mismo nombre creado por Hansard e Irglova.

 

Como documental per se no es un alarde cinematográfico. Rodada en un preciosista blanco y negro, contiene algunas imágenes realmente bellas en parajes sobrecogedores y ofrece la posibilidad a los ajenos a la banda de descubrir canciones y directos que harán entretenido el visionado. Pero poco más.

 

Sin embargo, como capítulo intimista de una pareja de músicos que llegaron a ser amantes a través de su colaboración como artistas, es, cuanto menos, esclarecedor. Claro está, para aquellos fanáticos que disfrutaron tanto de la película como de los álbumes ávidos de saber más sobre su vida como enamorados, individualmente y como estrellas del pop que recorren el mundo entero presentando su obra.

 

Los directores han demostrado saber hacer evitando presentar a ambos como buenas personas, afables y siempre dispuestas. Es decir, siendo todo lo imparcial posible. Se nota, pues, que han querido captar la realidad tal y como se les presenta. Hay varios ejemplos en la película que muestran las diferencias entre el irlandés y la checa causadas por la fama, la presión y los diferentes orígenes de cada uno que nos demuestra que no ha sido un encargo confeccionado deprisa y corriendo con el único objetivo de explotar el lucimiento del grupo. Hansard es mostrado como un tipo apasionado, que vive por y para la música (ya se intuía en el filme); mientras que Irglova parece ser una chica tan bondadosa y dotada de talento como vergonzosa que no comprende el mundo en el que está inmersa.

 

The Swell Season

 

Aunque quizá sea una cuestión de fácil solución teniendo acceso a los responsables o las notas de producción, contemplando el relato cabe preguntarse cuánto hay de ficción y cuánto de realidad. Es difícil confiar en que la cámara haya estado siempre presente cuando han tenido lugar ciertas discusiones o momentos de alta tensión. En cualquier caso, se trata de una bonita confesión sobre la diatriba que presenta la fama. Si se acepta gustosamente puede acabar en desidia, apatía e incomprensión a la par que puede elevar el ego de manera fulgurante. Por el contrario, la celebridad puede causar verdaderos traumas en el más tímido artista llevando a quien lo sufre al mismo estado de incomprensión.

 

Aquellos que se conmovieran con la película original y el grupo verán saciadas sus ansias de más después de la separación del mismo. Los que no se encuentren entre los acérrimos siempre podrán disfrutar de poco más de hora y media de buena música y una bonita historia real, que andamos faltos últimamente.

 

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