Amor

Amor: Haneke sincera su cine

Si hay algún sentimiento que el cine se ha emperejilado en plasmar ese es el amor. Pocos directores (por no decir ninguno) se salvan de la quema si uno piensa en una carrera en la que no se haya tratado de descifrar el significado de tamaña pasión, aunque solo sea en un mínima subtrama. Es el valor más común y al mismo tiempo el más indescriptible de cuantos poseemos los seres humanos. Por eso, a pesar de lo extraño que pueda resultar de primeras, que un autor como Michael Haneke quiera ahondar en las entrañas de los hombres (y mujeres) y narrar bajo su particular visión la idea del romanticismo no debería resultar ajeno a la lógica. Su filmografía es, además de irreverente y magistral a partes iguales, un estudio pormenorizado de lo que nos mueve, de las pulsiones y los instintos animales que albergamos dentro de nosotros.

 

Georges (Jean-Louis Trintignant) y Anne (Emmanuelle Riva) son una pareja de octogenarios que aparentemente viven felices, apasionados el uno por el otro y por la música. Todavía a su edad y pese (o gracias, quién sabe) a los presumibles años de matrimonio siguen sintiendo ganas de vivir lo que les quede de vida el uno al lado del otro, de contar historias del pasado que desconocen, de liberar cualquier pensamiento para que el otro lo conozca. Los primeros compases de la función ofrecen una presentación de personajes deliciosa en la que sentir apego por estos adorables abuelos es tan fácil como chasquear los dedos de la mano. Tal es la manera de escribir del maestro austriaco, que con dos brillantes pinceladas es capaz de perfilar dos personajes comunes pero ajenos a un tiempo y hacernos partícipes de sus vidas. Sin embargo, Haneke va más allá y a los 20 minutos de cinta rompe (como era de esperar) el maravilloso ambiente reinante y la película cambia por completo. Es un tipo de amor distinto el que se nos muestra, el del sacrificio, el que no cede ante la desesperación, en el que el miedo a perder al ser querido empuja a hacer lo que sea humanamente posible por evitarlo.

 

Jean-Louis Trintignant en Amor

 

Para contarnos este bello amor que torna en sufrimiento por los caprichos de la existencia vuelve a trabajar como acostumbra. Secuencias de larga duración en las que el aséptico encuadre no cambia, con millones de puntos de fuga y ninguna focalización de la atención; encierro casi total de la acción en una casa que ofrece 3 únicos escenarios; y planos secuencia trabajados con calma y lentitud. Más allá del plano formal, la música juega un papel decisivo que le permite al director contar el pasado de los personajes sin tener que recurrir a los estándares lógicos, evocar digresiones de la realidad manteniendo la coherencia narrativa y envolviendo las imágenes con una belleza inestimable.

 

Si la película puede ser considerada una obra maestra es en gran parte – qué duda cabe – a su realizador, pero la otra mitad de la responsabilidad recae en su pareja protagonista. No solo por el talento de ambos, quienes no tienen que demostrar nada a estas alturas de sus carreras, sino por el tremendo esfuerzo físico que realizan sobradamente entrados ya los dos en la vejez. Pese a que la labor de Trintignant no ha sido premiada con una nominación al Oscar como si lo ha sido la de su compañera, es imposible destacar a alguno por encima del otro. El papel de Riva es más complejo, con una transformación física asombrosa, demostrando un dominio sobre su propio cuerpo que ya querríamos muchos veinteañeros (si los americanos fuesen justos, este Oscar no tiene discusión), pero es que el trabajo de compasión, miedo, locura, la dualidad confianza/desconfianza que despierta en el espectador y que no permite que ceje en sus sospechas, hace del papel de Georges ejecutado por Trintignant una interpretación fabulosa.

 

Emmanuelle Riva en Amor

 

Con sus 5 merecidas nominaciones a los premios de la Academia de Hollywood se presenta el último trabajo de un director apabullante que una vez más rompe esquemas en un tópico tan grande como el amor. Siendo llanos, que una película sobre dos ancianos enamorados te deje sin aliento durante dos horas de metraje es un éxito solo al alcance de unos pocos.

 

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