Miss Bala

Miss Bala: Narcotráfico naif

 

Hay un señor llamado Don Winslow que en el año 2005 publicó una obra maestra titulada El poder del perro, un retrato brutal sobre los cárteles de la droga en México. Sus letras son golpes secos en el estómago y sus personajes están vivos, ninguno sobrevive al tormento que produce esperar el infierno. No hay bondad en ese libro porque en la vida tampoco existe, todo es sucio y la negrura escala por cada una de sus páginas. Imprescindible. Da igual que los demás libros de Winslow sean casi una basura comparados con este retrato destructivo de los traficantes, el escritor americano puede morirse a gusto.

 

 

Stephanie Sigman en Miss Bala

 

 

Y toda esta charla literaria viene porque Miss Bala, un filme de Gerardo Naranjo, es un intento fallido por retratar ese mundo. Naranjo se esfuerza para ser original sometiendo la historia al punto de vista de una joven con aspiraciones de Miss Mundo, pero al final todo acaba por apestar a previsible. Los villanos del filme no tienen ningún carisma y ella sólo es un animal precioso e indefenso cuyas motivaciones son confusas.  No hay ni un sólo momento que se clave en la retina del espectador, que durante dos horas contempla una historia insulsa y maniquea. La película además acumula obviedades sobre la clase política, los concursos de belleza y ni siquiera las escenas de acción cumplen con el objetivo.

 

El metraje parte de un comienzo prometedor y culmina con un final ridículo. Mientras, la película va dando vuelcos entre escenas de acción chapucera y tensión desinflada. En un intento de emular la brusquedad de la cámara en mano el director latinoamericano se muestra torpe. Sólo sobreviven escenas puntuales donde la incertidumbre del argumento casi consigue ahogar todo lo demás, casi, porque después de experimentar la poca clemencia que posee Winslow con sus personajes, ninguna ficción relacionada con el contrabando de drogas o las mafias latinas impresiona

 

 

Miss Bala

 

 

Se pueden salvar cosas de Miss Bala, pero entre esas cosa no está la fotografía. Una mala iluminación y una puesta en escena descaradamente insensible harán fruncir el ceño a más de uno.

 

Amores perros fue esa película que encumbró el cine mexicano contemporáneo y en las escenas más íntimas de Miss Bala, cuando los personajes solo callan o se miran, hay ciertas similitudes con la ópera prima de Iñárritu. Esos pequeños detalles que posiblemente Naranjo haya plasmado con inconsciencia salvan el filme de caer en el sopor. Al igual que contemplar los movimientos de Stephanie Sigman una actriz todavía desconocida llena de naturalidad y que es lo mejor de la película.

 

Una película sobre algo tan violento y aterrador debería noquear. Miss Bala no lo consigue.

 

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