Alone in the Dark

‘Alone in the Dark’ o el amor como un instinto

Alone in the Dark es la primera videocreación de Alejandro M. Selma, fotógrafo y realizador alicantino, con experiencia en el mundo de la publicidad y los videoclips, aunque también ha trabajado en proyectos de ficción en el marco de las asociaciones audiovisuales Fog·Films y BloodStorm Productions.

 

El vídeo que presentamos en esta ocasión, Alone in the Dark, supone un acercamiento del director a un tema tan complicado como es el del síndrome de Estocolmo.

 

Alone in the Dark

 

El corto, narrado a través del tema homónimo la banda irlandesa The Devlins, está concebido como un falso videoclip que ahonda en la idea del amor como estímulo (o instinto), más que como un sentimiento, tal y como queda reflejado en la cita que figura al principio de esta historia:

 

Lo que a veces se llama amor parece ser un medio para la supervivencia de la especie. Si la supervivencia es el fin biológico más importante, es lógico que la especie humana le confiera al amor un sentido muy elevado y trascendente, lo cual contribuye a nuestra supervivencia.

 

 

Pero el gran atractivo de la propuesta es, sin duda, la multiplicidad de lecturas que ofrece al espectador. Para intentar comprender un poco más las intenciones de Alone in the Dark y su desarrollo hemos preguntado a su director:

 

P: ¿De dónde sale la idea y cuáles eran tus pretensiones con este cortometraje?

R: Alone in the Dark surge de la necesidad de querer transmitir una idea mas profunda y una mayor emotividad con mis imágenes. Hasta la fecha, había realizado algunos cortometrajes amateur y muchas series de fotografías que perfilaban alguna idea que pretendía transmitir algo mas, pero me quedaba corto. Sin embargo, con este video he querido llegar un poco mas lejos.

La idea rondaba en mi cabeza durante un tiempo, pero sin terminar de convencerme, algo faltaba. Lo que hizo que me animase a llevar adelante el proyecto fue descubrir el tema musical Alone in the Dark de la banda The Devlins; su música tenía la atmósfera que faltaba para terminar de perfilar mis borradores. Así que inspirado por este sonido me puse en contacto con Colin Devlin (The Devlins) y a los pocos días me confirmó una cesión del tema musical para utilizarlo libremente en mi proyecto. El resto fue resultado del esfuerzo de todo mi equipo.

Mis pretensiones son basicamente dos. Una de ellas es explicar al espectador que aquello que definimos socialmente como “amor” no existe. El “amor” es mas bien una serie de estímulos instintivos que nos agradan o nos atraen de esa otra persona de la que nos “enamoramos” (es básicamente lo que en el mundo animal se conoce como supervivencia de la especie). Aceptamos las partes desagradables y que nos repelen de esa otra persona para poder sobrevivir junto a ella. Mi idea es intentar transmitir que el “amor” no se puede ni definir, ni entender, ni apenas explicar; es algo que viene definido en nuestra genética y tarde o temprano todos tenemos que luchar instivamente por la “supervivencia” del amor de los nuestros. El síndrome de Estocolmo me ha servido como pretexto para envolver esta idea.

Por otro lado, intento que cada espectador una las partes abiertas de la idea principal según su propia imaginación y según sus propios criterios sobre las relaciones, para poder cerrar la historia que se perfila en el video. De tal modo que con cada visionado tenemos varias interpretaciones o lecturas sin que se distorsione el mensaje que se pretende transmitir.


P: ¿Qué es lo que te ha supuesto un mayor reto?

R: El mayor reto ha sido poner en escena una idea tan agresiva visualmente, ya que no todo el mundo tolera ciertas imágenes a pesar de que sean ficción. Es dificil encontrar hoy en día gente que tenga la cabeza sobre los hombros y no prejuzgue algo sin conocerlo antes. Opino que la aceptación del tema escogido para abrir mi bobina como realizador ha sido y es mi mayor reto hasta hoy. Aunque he de añadir, que ha tenido mejor acogida de la que esperaba.

 

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