Cable y X-Force #2. Vivo o Muerto: Me encanta que los planes salgan bien

Cable y X-Force #2: Vivo o Muerto
Dennis Hopeless sigue relatando las aventuras de la facción expeditiva de los X-Men.

Cable y X-Force #2: Vivo o Muerto¡Bum hace la dinamita!

Varios puntos unen a los X-Force de Cable con los chicos de Hannibal Smith. El principal es que ambos equipos, compuestos por héroes probados en infinidad de batallas, se ven perseguidos por culpa de sus métodos poco ortodoxos y de una acción pasada que les hace ser objetivos de la justicia. Pero esa similitud se quedaría muy corta ya que si por algo se ha caracterizado siempre X-Force es por sus métodos expeditivos y de dudosa moral y por actuar siempre a escondidas y de espalda a lo que la sociedad considera correcto, aunque el fin (a veces) pueda justificar a los medios empleados. No, el parecido más que razonable entre esta encarnación de X-Force y el ochentero Equipo A va más allá y juega a un nivel mucho más profundo.

Desprovisto de todos sus gags y adornos, el Equipo A nos presentaba a cuatro personajes torturados (uno de ellos en tratamiento psicológico) cuya necesidad patológica de acción, unida a unos ideales de justicia e igualdad que dotaban de carisma televisivo al grupo, les llevaba a meterse en unos líos que siempre acababan con un gasto ingente de munición (aunque por necesidades del guión ésta nunca diera en el blanco) y en ellos huyendo de la escena con el deber hecho y unas cuantas líneas más en su orden de busca y captura. Las torturas en el equipo de Cable toman diversas formas, siendo la de Coloso la más patente, y la presencia de mentes tan perturbadas como la de Forja o la del Doctor Némesis junto con la incorporación de la “explosiva” Boom-Boom profundizan en el lazo que une a ambas series. Por último, el halo de humor y la falta de seriedad con la que los protagonistas afrontan sus vidas como fugitivos terminan de ligar la creación de Dennis Hopeless con el equipo que entre 1983 y 1987 conquistó las pantallas estadounidenses y poco después las del resto del mundo.

Bueno, no te he matado. Mejor

El por qué de la existencia en Marvel de un equipo tan… de otra época hemos de buscarlo en el cine. A la gran pantalla (en parte por la crisis, en parte por una de esas fiebres revival que nos azotan cíclicamente) han vuelto nuestros viejos héroes de acción en forma de Mercenarios o agentes retirados de la CIA, los temas musicales de aquella época vuelven a sonar en filmes de rabiosa actualidad como el exitoso Los Guardianes de la Galaxia y viejas sagas como El Planeta de los Simios o Star Wars han regresado (o van a regresar) al cine con la intención de quedarse. La Casa de las Ideas, tan proclive a sumarse a la ola que marcan las tendencias cinematográficas, no ha podido resistirse a ofrecernos su propia interpretación de lo ochentero por medio de los guiones de un Hopeless que, si bien fue denostado por algunos tras la brillante etapa de Remender al frente de la serie, se encuentra en uno de sus mejores momentos y nos ofrece una historia que no baja de ritmo en ningún momento y en la que la química entre los personajes seleccionados para seguir al militarizado hijo de Cíclope resulta, como poco, desbordante.

Cable y X-Force #2: Vivo o Muerto
Juguemos a buscar las referencias seriéfilas.

Las referencias, para rematar los incesantes guiños que el guionista lanza a los lectores más creciditos, van desde el uso de la moto de Kaneda en Akira (Katsuhiro Otomo, 1982-1990) hasta la simple y llana acción de parafrasear la fabulosa novela Dune, de Frank Herbert (1965, aunque el filme que la hizo universal data, como no, de 1984). Entre medias, la temática de las misiones y los atuendos de parte de los personajes protagonistas y secundarios de la serie hacen llamadas al pasado más reciente de la franquicia mutante y al más antiguo catálogo de las misiones de agentes secretos británicos que uno podría esperar en las viñetas de un cómic.

Eres la hija de tu padre

Hopeless no se limita a jugar con nuestra nostalgia, sino que nos ofrece una serie de aventuras muy interesantes y con el suficiente trasfondo como para hacer que los descocados que protagonizan esta serie resulten francamente mucho más atractivos que los Ángeles de Charlie que lidera Tormenta en su propia versión de los X-Force. Las apocalípticas visiones de Cable, que comienzan a verse explicadas en este tomo, sirven de hilo conductor para el argumento que plantea el autor de Vengadores Arena y la futura Avengers Undercover y ayudan a que Hope pueda recuperar el fuelle que había perdido tras su paso adelante en los meses previos al choque entre los mutantes y los Vengadores. Dos por el precio de uno: Hopeless logra crear una serie que se diferencia de su predecesora sin sonrojarnos y, de paso, da lustre y esplendor a una galería de personajes que necesitaban una buena mano del barniz del heroísmo.

Cable y X-Force #2: Vivo o Muerto

Salvador Larroca, si bien nunca se ha mostrado muy a gusto con la manera de trabajar que se le ha impuesto para esta serie (en ocasiones las prisas han obligado a que se haya tenido que recurrir al apoyo del mexicano Gerardo Sandoval), otorga a los guiones de Hopeless de una apariencia mucho más que satisfactoria. Las tablas del valenciano dentro de la industria del cómic estadounidense se notan y su profesionalidad supera con creces cualquier contratiempo al que le sometan los plazos de entrega y las condiciones de trabajo dentro de la multimillonaria editorial.

Aún habremos de esperar a octubre para poder saborear el final de esta cortita, pero intensa, etapa. Lo que nos queda claro es que Dennis Hopeless ha logrado salvaguardar la esencia de X-Force a la vez que imbuía a la serie de su socarronería y su peculiar perspectiva sobre este controvertido equipo. Viva y mil veces bravo.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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