«¡La situación ya no nos permite pensar en términos de cumplimiento normativo!«
En ningún otro cómic que conozca uno de sus personajes podría soltar la frase que abre este artículo como si fuera algo épico y grandilocuente. Esa es la gran verdad que, contra todo pronóstico e, incluso, contra mi propio raciocinio, se esconde tras el hecho de que haya continuado leyendo Salaryman Z después de su primer volumen. Eso y que no paro de pensar hasta dónde puede llegar esta broma. Porque reconozcámoslo: cogí el primer volumen del manga de Number 8 y Ten Ishida que publica Panini por las risas y porque me pareció llamativo, pero nunca pensé que algo así pudiera tener demasiada continuidad. Menos mal que, una vez más, tomé las siguientes decisiones sin hacer caso de mi propio cerebro. Así han acabado en mi poder los siguientes dos tomos de la colección y ahora sé que, al menos, hay trama para rato en esta loquísima vuelta de rosca al género zombie.
Me reafirmo en que este cómic sólo podía haberse escrito en Japón. Cuando estudié japonés allá por mis años universitarios nuestra profesora nos comentó que la gran diferencia entre orientales y occidentales radicaba en que nosotros trabajamos para vivir (la vida es aquello que está más allá de nuestros quehaceres) mientras que ellos viven para trabajar (el trabajo es parte central y dadora de significado para sus vidas). Sus palabras, no las mías. Pero lo cierto es que la manera en que muchos de los personajes de este manga se enfrentan al apocalipsis zombie casan poco o nada con las maneras de ver a vida del europeo, americano o africano medio que podemos ser tú o yo. Olvidémonos por un momento que a la mayor parte de los personajes de esta obra sus familias les importan un carajo: la cultura, los servicios y las cosas que Number 8 da por sentadas en esta obra son las que nos dejan entrever lo distinta que es la vida laboral en Japón con respecto a otras partes del mundo.
«Todos sois únicos y esenciales para mí«
De hecho, cuanto más leo más pienso que Kiritani representa, de algún modo, la entrada en el país del sol naciente de parte de la cultura laboral occidental (sobre todo norteamericana). En un mundo donde se actúa en base a una serie de pautas asentadas sobre décadas de siempre hacer lo mismo, el personaje demuestra un pensamiento no lineal que resuelve problemas de manera imaginativa y audaz, pero que causa división entre quienes no le comprenden y que puede provocar mayores tensiones y problemas conforme la trama vaya avanzando y sus temeridades vayan ascendiendo en tono y consecuencias (como podemos comenzar a entrever en el tercer tomo con el abandono de un compañero o la decisión sobre la pistola). Number 8 nos dice, a la vez, que para su país es necesario comenzar a abrazar formas de pensar diferentes, pero que lo que ha funcionado siempre, lo ha hecho en base a ciertas constantes que no van a cambiar por mucho que nos esforcemos en pensar de otra manera.

Salaryman Z #3
Y así, sin comerlo ni beberlo, tenemos una profunda reflexión sobre el mundo corporativo nipón versus el mundo de trajes y oficinas del resto del mundo. En una época en la que el viejo capitalismo ya se ha desenmascarado como caduco y a la espera de un relevo, ambos sistemas laborales necesitan un revulsivo (a poder ser no zombie) que se atreva a pensar diferente sin olvidar todo lo que sí que ha funcionado hasta el momento presente. Por eso es por lo que sigo leyendo en el fondo este manga, porque me obliga a replantearme el mundo en el que vivimos y eso, queridos amigos, es lo más importante cuando uno se enfrenta a una nueva lectura.
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