escónzaro

Del color del ‘escónzaro’

Creo que sólo he escrito un poema en gallego, mi lengua vernácula. Aquella creación adolescente, titulada “1994”, rememora el mágico verano de tal año. Releo, tocado por la más esplendente melancolía, algunos de aquellos versos asonantados:

Case sempre era festa. E cando

confundiamos o noso sexo,

espiabamos ós escónzaros

pra amansar os nervios.

O sea: “Casi siempre era fiesta. Y cuando / confundíamos nuestro sexo, / espiábamos a los eslizones / para amansar los nervios”.

El eslizón, llamado escáncer o escónzaro en gallego, es un reptil de la familia de los lagartos. Muy similar a una pequeña serpiente, este eslizón (y hablo de la especie que uno puede ver en el norte peninsular) carece de extremidades y suele cobijarse bajo las piedras. En 1994, cuando tenía 6 añitos, me tranquilizaba observar al inofensivo animal de aspecto crudo. Es más, me regocijaba comprobar cómo ese escónzaro se desprendía fácilmente de la larga cola, sin llegar a sangrar, para escapar de los depredadores. Y así pasaba uno las horas en Robaín, en su moldeable selva, dilatando los momentos apasionantes, recreando a las niñas más tiernas, loando a los marginados seres de perfiles extraños… ¡Ojalá la dulzura de aquella etapa venciese las prisas de este siglo!

escónzaro

El recuerdo del escónzaro me lo trae doña Remedios de Rochiña, mi difunta bisabuela, quien olía como la protagonista del mejor western a café y a tarta de manzana. Pese a sus escasos estudios, esta fantástica señora gallega medía mucho las palabras no en vano, cultivaba la poesía, de ahí que rematase cualquier conversación con la frase oportuna. Muchas de las agudas y repentinas réplicas de la abuela dejaban noqueados a los interlocutores más instruidos. Plena de gracia y de vitalismo, doña Remedios ponía luz en el menospreciado escónzaro cuando lo miraba con sus pequeños ojos.

Comprei unha tela ben guapa pra un vestido.

Si? E de que color é?

Pois non sei dicirche…

Eres ben ransoña, muller! A tela é clara ou moura?

Non sei… É… do color do escónzaro.

(“He comprado una tele bien guapa para un vestido”. “¿Sí? ¿Y de qué color es?”. “Pues no sé decirte…”. “¡Eres bien roncera, mujer! ¿La tela es clara u oscura?”. “No sé… Es… del color del eslizón”.)

Remedios de Rochiña

Este diálogo, protagonizado por dos vecinas de nuestra comarca del Eo, lo traía no pocas veces a colación, con un lenguaje melodioso y zumbón, la abuela Remedios. Y digo yo: ante la imposibilidad de describir con exactitud el color de la tela del vestido, ¡de qué modo tan admirable sentenció aquella conversación la iletrada y paupérrima amiga de los escónzaros! Uno tampoco sabría definir de entrada el extraño tono de este reptil que no destaca ni por su fulgor ni por su lobreguez. ¿Será grisáceo, pardo o tal vez amarillento? No me digan nada científico. Yo que, en la medida de lo posible, trato de ser fiel a la justicia poética me dejo llevar gustosamente por el chispeante símil de la dubitativa vecina. Palabras salvíficas en tiempos sórdidos.

El despreciado escónzaro tuvo sus días de gloria en la voz de la elocuente abuela Remedios. Si uno sabe mirar, encuentra el lirismo hasta debajo de las piedras.

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