The Victories: Marcado

The Victories. Marcado: La oscura realidad

 

The Victories: Marcado«Una vez fue un héroe y ahora… se encuentra juzgándose a sí mismo«

 

Uno llega a The Victories pensando «otra historia de superhéroes» y sale de su lectura con la impresión de haber leído algo muy distinto. Michael Avon Oeming vertió en este cómic toda la frustración y la negatividad que le producían la depresión y su dura salida del alcoholismo (ambos reconocidos por él mismo en las páginas de este álbum) para enfocar la visión de los supergrupos de una manera completamente distinta y muy cercana a la que plasmó hace años Alan Moore en Watchmen (uno de los referentes de este autor)

 

Lo que nos encontramos en The Victories es la historia de Fausto, una suerte de versión oscura del Puño de Hierro marvelita con un aspecto que recuerda vagamente al de Batman, y de cómo su pasado vuelve a por él para sumirle en una agonía de la que saldrá renacido… si no es consumido antes por ella. Oeming no se ahorra ningún tipo de detalle escabroso (aunque derrocha elegancia a la hora de presentarnos ciertos temas) cuando toca contarnos la vida de un héroe «real» al que atormentan oscuros fantasmas que no logra más que entrever entre las brumas etílicas en las que vive inmerso.

 

«Joder tío relájate. Se te va la pinza«

 

Fausto refugia su dolor en una dialéctica similar a la que emplea el trepamuros más famoso. Pero son sus silencios, o más bien sus reflexiones silenciosas, las que más hablan acerca de la personalidad del héroe que se arrepintió de llevar la capa. A su lado el resto de personajes no son sino un borrón a la espera de ser explorado en futuras entregas de la serie (de una única entrega en un principio, pero que ha pasado a ser serie regular gracias a su éxito en Estados Unidos). Sólo uno de ellos logra lucir frente a la llama oscura del protagonista y éste no es otro que el Chacal (el Joker personal de Fausto por seguir con la analogía gothamita), otro personaje poderoso que, en lugar de contenerse, se dedica a decapitar a los que considera son los responsables del declive de la ciudad. El Chacal representa todo lo que el héroe reprime, es su furia desencadenada y la libertad que tanto teme. Es, además, un catalizador necesario para el desarrollo tanto de la trama como del personaje principal y en un punto intermedio entre Fausto y este villano podemos entrever el alma torturada del autor.

 

The Victories: Marcado

 

Las frases, los gestos y gran parte de los razonamientos de los actores de este drama de acción los sentimos como propios gran parte de los lectores (¿quién no ha pasado nunca por épocas dominadas por la ansiedad y la tristeza?) y este es un punto que es a la vez la mayor fortaleza y la principal debilidad del cómic que edita en España Aleta. La facilidad con que nos adentramos en los recovecos del personaje puede llegar a espantar a aquellos que no desean revivir sus momentos más bajos. Aún con todo, el cómic se revela como una excelente terapia para los lectores valientes que alcanzan su página final y son capaces de acompañar a Oeming por el retorcido camino que lleva desde el fondo del pozo hasta el timón de nuestra propia vida.

 

¿Es entonces este un libro de autoayuda? Para nada. Tenemos entre manos una historia interesante de superpoderes, villanos poderosos y vendettas épicas. Lo que ocurre es que, en este caso, el argumento y las luchas quedan en un discreto segundo plano cuando el lector logra arañar un poco la superficie de la historia y se asoma al abismo que encierra en su interior.

 

Aleta completa la edición española del álbum con una colección de bocetos (comentados por el propio autor) bastante interesante de leer y con la promesa de nuevas aventuras de un equipo del que apenas sí hemos comenzado a oír hablar.

Acerca de RJ Prous

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En la soledad de mi beca Séneca en Zaragoza aprendí a amar el cine mierder. Volví a Madrid para deambular por millones de salas y pases de películas para finalmente acabar trabajando con aviones. Amante del cine y de sus butacas, también leo muchos cómics y, a veces, hasta sé de lo que hablo.

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