El irlandés

El irlandés: El guarda de la comedia negra

El cine británico posee un sello inconfundible. Mucha culpa de ello tiene Guy Ritchie. La conjunción perfecta entre thriller, comedia negra y cine de gángsters ha generado un nuevo tipo de cine que transpira gamberrismo por los cuatro costados. El irlandés (John Michael McDonagh, 2011) utiliza esta mezcla y da lugar a un nuevo escalafón en este género.

 

El sargento Gerry Boyle es la cabeza pensante del departamento de policía del condado de Galway. Allí ejerce su ley como le viene en gana con formas poco ortodoxas. Sin embargo, es un tipo honesto que verá alterada su bienaventurada situación cuando un crimen ocurre en la ciudad donde nunca sucede nada. Tras el asesinato, se verá obligado a colaborar con el agente del FBI Wendell Everett (Don Cheadle).

 

El irlandés

 

El aroma a western también es inconfundible. No solo porque el propio director admita a John Ford como uno de sus referentes sino porque además las localizaciones del filme, inhóspitas, bucólicas y desangeladas casan perfectamente con la idea de una película del oeste. Llega a convertirse en un personaje más de la historia, como si de un reflejo de la personalidad del protagonista se tratase.

 

El filme guarda una estrecha relación con el largometraje de 2008 Escondidos en Brujas. Viendo al sargento Boyle indagar sobre el asesinato es inevitable que la memoria trabaje y traiga al recuerdo al gángster interpretado por Gleeson de vacaciones en la bella ciudad belga. El humor de ambas cintas también parece beber de la misma fuente. Pero ya no cabe ninguna duda de que las similitudes son más que pronunciadas y buscadas cuando se descubre que los directores de las dos películas son hermanos.

 

El director podrá decir que no pero parece que el personaje principal estuviese escrito a la medida de Brendan Gleeson. El portento irlandés borda aquí su cometido, bien porque no tiene más que interpretarse a sí mismo o porque el papel le viene como anillo al dedo, el caso es que la película es él. Está acompañado por Don Cheadle, un actor capaz de lo mejor (Hotel Rwanda [Terry George, 2004]) y de lo peor (Hotel para perros [Thor Freudenthal, 2009]) que en esta ocasión no pasa de la corrección y ejerce de comparsa con dedicación sabiendo que su papel se limita a un par de escenas graciosas y algo de heroísmo. Del resto del reparto es difícil destacar a alguien no porque no cumplan, pero se trata de un plantel autóctono y quizá quien sobresalga, aunque solo sea por su fama, sea Mark Strong que vuelve a interpretar por enésima vez a un villano con malas pulgas.

 

El irlandés

 

A pesar de que la película prometa una relación de buddy movie entre los personajes principales, esa ilusión se desvanece a medida que cada policía va tomando su camino. Cierto es que tienen algunas secuencias juntos bastante divertidas y que el clímax final está reservado a ellos dos, pero la sensación final es que no crean esa amistad que uno espera al comienzo, que es un poco postiza.

 

Nos encontramos con una comedia irreverente que desde un punto de vista canalla intenta reflejar todo lo fielmente que le es posible el carácter de las gentes de Irlanda. Promete diversión, entretenimiento y buenas carcajadas. Y es exactamente eso lo que uno recibe a cambio del precio de la entrada.

 

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