Epic, el mundo secreto

Epic. El mundo secreto: Redimensionando una historia conocida

Hace once años que apareció en la cartelera Ice Age. La edad de hielo (Carlos Saldanha, Chris Wedge), obra que rompió récords de taquilla y situó en el mapa del cine animado a la compañía Blue Sky. Gracias a esta película (y básicamente, a sus 3 secuelas) los chicos de la compañía han conseguido crear un catálogo pequeño pero envidiable en el que su asociación con 20th Century Fox sigue intacta a pesar de la disminución del nivel.

 

Desde aquella primera entrega casi redonda en la que se explicaba el curso de la Historia con la ayuda de unos personajes muy bien ideados, han ido surgiendo títulos que explotaban esa misma imagen pero que no ofrecían el mismo interés. Rio (Carlos Saldanha, 2011) es el otro filme de la compañía con identidad propia más reconocible (con una segunda parte en gestación).

 

Ahora, después de varias secuelas de la saga más heladora, llega a la pantalla Epic, dirigida por la cabeza visible del estudio Chris Wedge. En esta nueva aventura se presentan las mismas ideas de modelado y diseño de personajes que han sentado las bases de su compañía: figuras angulosas más cercanas a la animación tradicional que al virtuosismo técnico imperante en los últimos años. La historia cuenta cómo una adolescente vuelve a casa de su padre, un hombre excéntrico que vive solo en las lindes de un bosque en el que hay un mundo mágico habitado por seres diminutos que luchan porque la vida en la naturaleza sobreviva.

 

Epic, el mundo secreto

 

Cargada con buenas dosis de humor (la mayor parte dirigida a los más pequeños), el atractivo más sugerente para cinéfilos viene en el apartado de la realización, gracias a la cual se ha conseguido interpretar de manera ingeniosa las diferencias entre los tamaños de la familia protagonista y los seres del bosque. No hay una gran hazaña tecnológica para hacer que el ojo perciba las dimensiones, sin embargo, la elección de la continuidad en según qué planos consigue dar una idea de esta distinción entre la miniaturización de los hombres hoja y M.K. y su padre.

 

Es una pena, no obstante, que todos estos estudios parezcan tener más en mente el comercio que el arte. Al igual que podría achacársele a Woody Allen el empeño en entregar una obra anualmente (y por tanto, la consiguiente variación de interés del filme de turno), que estas compañías se vean por contrato obligadas a lanzar productos cuando los niños no tienen colegio repercute irremediablemente en la calidad de los mismos. Y, por desgracia, parece ser una dinámica con más peso en la actualidad diaria de la que sería entendible. Ha pasado hasta en Disney y su Aviones (Klay Hall, 2013). En el caso de Blue Sky, su relativa juventud puede ser una descarga a su favor, las secuelas de Ice Age son entendibles desde un punto de vista comercial, pero en sus películas originales parece haber un menor talento creativo a la hora de dar con una historia potente.

 

Epic está lejos de hacer honor a su nombre, lo cual no es óbice para que se trate de un producto en el que los infantes puedan disfrutar como lo que son y los padres pasen un buen rato con algún que otro gag de amplio espectro (no muchos, para qué engañarse). Animación de carácter sin grandes aspavientos con mucha imaginación espacial que suplementa la falta de ingenio literario.

 

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