«Pero el hielo no es la salvación. Es la memoria de todo lo que queremos olvidar«
Creo que la línea Absolute ha sido la mejor idea de DC no en años, sino en décadas. Actualmente estoy dándole a tres de sus cabeceras (ésta, la de Flash y la de Green Lantern) y hasta ahora son tres síes de manual. La editorial norteamericana parece haber comprendido que lo mejor en estos casos pasa por buscarse a un buen equipo creativo y dotarles de algo que escasea bastante en las grandes casas de cómics de los Estados Unidos: libertad creativa. Que Scott Snyder tiene una química espectacular con Batman es algo que a estas alturas no debería ni tener que recordaros, pero que a él y a Nick Dragotta (Marcos Martin en la nueva saga que ahora comienza) les ha sentado de maravilla poder hacer con el personaje y todo lo que le rodea lo que han querido es algo que no tiene ni un ápice de discusión.
Ya lo vemos con el desenlace de esta primera aventura con Máscara Negra como principal contendiente; este Bruce Wayne no sólo conserva a su madre, sino que ésta es una mujer fuerte y con el poder de cambiar las cosas en Gotham tanto o más que su propio hijo. Y más allá de eso, el grupo con el que se ha juntado Bruce, la loquísima idea de juntar a Edward Nigma, Waylon Jones, Oswald Cobblepot y Harvey Dent como los amiguísimos de nuestro protagonista, ha resultado en una de las ideas más refrescantes y divertidas en muchos años. Los amigos de Bruce, más allá de apuntar maneras hacia los villanos en los que no sabemos si terminarán convirtiéndose, actúan justo como se espera de ellos, como amigos, y brindan al Caballero Oscuro con una cosa de la que siempre ha parecido carecer: una red de seguridad psicológica que le impida entregarse por completo al personaje que ha creado para defender las calles de su ciudad.
«Ya me has oído, Bruce, ¿quieres morir?«
Esta libertad creativa de la que os hablo toma un nuevo significado con la nueva historia que comienza en el Absolute Batman #7 y sigue con el que ha publicado recientemente Panini en nuestro país. Con la vuelta a la normalidad (si es que se le puede llamar así al estado policial en el que vive Gotham) a Bruce le toca volver a buscar trabajo (es lo que tiene no ser un playboy multimillonario) y posa sus ojos en el complejo Ark M (a saber qué querrá decir ese nombre…) que se está construyendo en una isla sobre el río que rodea la ciudad. Sin embargo, la cosa se va a ir complicando hasta que nuestro héroe se tenga que ver las caras con otro viejo conocido, Victor Fries, que en su versión Absolute ha sufrido un rediseño completo y salvaje por parte de guionista e ilustrador.

Javier Fesser estaría orgulloso de este Batman
Snyder y Martin nos presentan a un hombre desfigurado y convertido en un auténtico monstruo de carne y hielo que provoca terror y que pone contra las cuerdas de nuevo a un Batman que aún no se ha recuperado del todo de su anterior batalla. Es lo loquísimo de este nuevo diseño, junto con la sensación de que Snyder está cocinando algo realmente grande lo que hace que estemos devorando número tras número de esta colección. Y es que, como decía, DC ha tenido una idea magnífica: permitir que se cuenten nuevas historias con un tenue nexo de unión con aquellas que nos hemos leído ya cientos de veces en el universo tradicional. Ojalá les duren mucho estas cabeceras: me las voy a terminar leyendo todas.
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